Ramón y Cajal en estado puro

Portada móvil

Entrevistar a uno de los grandes de la Ciencia siempre da vértigo, y si para hacerlo necesito recurrir a la máquina del tiempo que tenemos en los sótanos de Principia, la cosa se complica, y mucho. Sobre todo cuando no se tiene ni idea de neurociencia.

TEXTO POR JOSÉ RAMÓN ALONSO , GALIANA
ILUSTRADO POR CRISTINA ESCANDÓN
TIEMPO MEDIO DE LECTURA: 10 minutos
ARTÍCULOS
ENTREVISTA | FICCIÓN | NEUROCIENCIAS
12 de Enero de 2015

Tratando de suplir mis carencias en el tema, me fui al despacho de José Ramón Alonso, catedrático de biología celular de la Universidad de Salamanca, y le propuse que viajara conmigo a través del tiempo, en calidad de asesor, para poder entrevistar a Santiago Ramón y Cajal.

Entre nosotros, pensé que me iba a decir que estaba loca, pero en lugar de eso, se levantó de la silla de un salto y respondió:

Reconozco que no soy una experta manejando la máquina del tiempo porque nada más apretar el botón que activaba el condensador de fluzo nos encontramos cara a cara, Don Santiago Ramón y Cajal y una servidora, en el mismísimo salón de su casa de Madrid, pero ni rastro de José Ramón por ningún lado.

Sin dejarme amedrentar por la situación, me pudo mi instinto de periodista -qué le vamos a hacer- y decidí que primero haría la entrevista y dejaría para más tarde tratar de averiguar qué había sucedido con José Ramón.

Galiana: Buenas noches, Don Santiago, y gracias por recibir a Principia.

Ramón y Cajal (Interpretación de JR Alonso): Buenas noches, señorita. Pase y siéntese, que no es cierta esa fama de huraño que me han adjudicado.

Galiana: Usted ha tenido una vida intensa, por lo que entrevistarle me pone algo nerviosa. Le pido disculpas, pero esto de tener enfrente a todo un Premio Nobel impone bastante. Sin ir más lejos, mientras preparaba la entrevista me asaltaban demasiadas dudas, porque usted se inclinaba más por las artes que por las ciencias cuando era un joven estudiante.

RyC: Mi vida ha sido plena. Siempre he sentido que no había tiempo suficiente para todas las cosas que quería hacer. ¡Y la ciencia! Tantos descubrimientos esperando a las mentes abiertas, a la gente trabajadora, a los que sueñan con los pies en la tierra. Pero espere, que me voy por las ramas. Es cierto, yo quise ser artista; dibujaba en cualquier papel que encontraba, mi padre me quitó las pinturas para que no perdiera el tiempo y yo me hacía acuarelas sumergiendo en agua el papel de los librillos de papel de fumar y raspando las paredes que estaban encaladas de algún color. Toda mi vida he dibujado, miles de grabados, óleos, acuarelas,… solo que casi todas de neuronas. Ya ve, al final me salí con la mía.

Galiana: ¿Soy muy aventurada si aseguro que mientras estudiaba Medicina sus preferencias estaban más con las letras? Tengo entendido que escribió alguna obrilla. También se interesó por el deporte, donde llegó a asegurar que “el excesivo desarrollo muscular en los jóvenes conduce casi indefectiblemente a la violencia y el matonismo”, y por la filosofía, que le hizo acabar con todos los libros de metafísica que había en la Universidad de Zaragoza.

RyC: Eran mis tres manías. No he parado de escribir: artículos científicos, libros de divulgación, memorias… La Real Academia Española me eligió, pero nunca leí mi discurso de ingreso. ¡Estaba indignado por cómo habían tratado a la Emilia [Pardo Bazán]! Y la filosofía también y el hipnotismo, hasta el espiritismo exploré ¡charlatanes! Y sí, con vergüenza lo tengo que admitir, buscando batir a mis compañeros e impresionar a las muchachas me inscribí en un gimnasio y me convertí en un Hércules de feria. Ya ve que no siempre he sido un anciano de poco pelo y barba blanca.

Galiana: En 1874 fue destinado como capitán a Cuba donde enfermó de paludismo y disentería por lo que se tuvo que volver a España. De su etapa allí ¿podría contarnos alguna “batallita”?

RyC: Aquello fue una matanza, no por los mambises, sino por la malaria. La corrupción; los pobres quintos que eran llevados a aquel matadero mientras otros hacían negocios… Salió lo mejor y lo peor de los españoles, la valentía, el arrojo y luego la falta de planificación, los políticos sinvergüenzas, los generales crueles ¿Sabe que los españoles inventamos los campos de concentración? ¿Sabe que por cada cien soldados muertos por heridas de guerra morían diez mil por enfermedad? Estuve a punto de morir, me robaron los sueldos, me mandaron a un calabozo por oponerme a los oficiales ineptos y ladrones. No, no son “batallitas” lo que yo le contaría.

Galiana: Si le cito los nombres de Aureliano Maestre, de San Juan Muñoz y su ayudante Leopoldo López García, ¿usted que me contesta?

RyC: Que no soy, como alguien ha dicho, un accidente en la historia de España. La ciencia nunca es así. Todos tenemos maestros y don Aureliano fue un gran hombre que me enseñó a manejar un microscopio y me abrió las puertas a un mundo desconocido. Don Leopoldo era también un gran histólogo y yo siempre he intentado, en esa magnífica cadena de la ciencia, crear también una escuela, un grupo de hijos y nietos científicos.

Galiana: Hace unos meses falleció su mujer, ¿le molesta si hablamos de ella?

RyC: Todavía me emociono. Ella siempre me apoyó, fue mi baluarte, la que se ocupó de mi economía y de los hijos, la que apostó siempre porque yo llegaría a algo en la ciencia. Le han tachado de avara pero ¿qué madre con tantos hijos no se preocupa por la economía familiar? Han hablado de sus peleas con mis editores, pero ella me veía todas las noches escribiendo o inclinado sobre el microscopio y se enfadaba con los que hacían negocio a mi costa. La hora de trabajo de los investigadores está siempre muy mal pagada, ¿sabe?

Galiana: Se convirtió en Catedrático de Anatomía de la Universidad de Valencia en 1883. Cuatro años después ocupa la cátedra de Histología normal y patológica en la Universidad de Barcelona. En 1892 se viene a Madrid para ocupar la cátedra de esa misma asignatura. ¿Cómo se definiría a sí mismo el Cajal profesor?

RyC: Es lo que he sido, un profesor, un humilde profesor. Nunca he faltado a clase y he intentado meter en esas duras molleras un poco de histología. Es verdad que algunos juegan al tute al final del aula, pero yo también fui estudiante y hay que tener paciencia con ellos. Muchas veces me han hecho sentir su cariño y su respeto.

Galiana: ¿Cómo explicaría a los lectores de Principia en qué consiste el método Golgi?

RyC: El sabio italiano encontró un método que solo tiñe unas pocas neuronas pero lo hace completamente. Se ven todas sus dendritas, se puede seguir el axón. Es de una belleza sublime. No lo he dicho a nadie pero creo que es un cristal que crece en el interior de muy pocas neuronas elegidas por el azar, limitado por su membrana. Así rellena su interior de un precipitado negro que destaca sobre el fondo transparente.

Galiana: “¿Neuronismo o reticularismo?” Es el título del libro que publicó en 1933 con el que usted destrozó la teoría de Golgi que consideraba al sistema nervioso formado por una maraña de células unidas, afirmando que entre las neuronas hay contigüidad pero no continuidad. ¿Qué recuerda de esa época?

RyC: Ah ¡la pasión! Nadie me creía. Golgi decía que estaba equivocado, incluso lo dijo cuando nos dieron el Nobel, pero el tiempo me dio la razón. Tuve que ir con mi microscopio y una caja de preparaciones en un vagón de tercera a Alemania para enseñar mis resultados. Tardé días en llegar y lo tuve que pagar de mi bolsillo. Pero en la ciencia, la verdad siempre termina por ganar la partida y pude demostrar que las neuronas son células independientes, que se comunican entre sí sin continuidad citoplasmática. ¡Chúpate esa, Golgi!

Galiana: Su fama entre los científicos durante años ha estado más que cuestionada. Tuvo que esperar al Congreso de Berlín en 1889 para que Albert Von Kölliker sintiera admiración por sus preparaciones histológicas. ¿A partir de ahí que sucedió?

RyC: Que poco a poco, uno tras otro, se fueron convenciendo. Los reticularistas siguieron dando guerra pero su bando cada vez tuvo más bajas y al final la comunidad científica aceptó la Teoría Neuronal. A partir de ahí todo cambió, hubo un antes y un después. Se pudo entender cómo funciona realmente el sistema nervioso y eso abrió la puerta a la explicación de los comportamientos, de las tareas de la mente, de lo más importante para el ser humano. Piense que yo, que no soy nada religioso, he llamado a las neuronas “las mariposas del alma”.

Galiana: En los primeros años del siglo XX estudió la degeneración y regeneración de estructuras encefálicas, médula y nervios periféricos. ¿Por qué?

RyC: Era un paso arriesgado pero casi obligado. Ya había contado cómo era el sistema nervioso normal. Era hora de abrir una nueva frontera, de intentar entender qué pasa cuando sufre un daño, cuando nos rompemos la médula o perdemos un brazo. Ya ve, me convertí -casi al final de mi vida- en un experimentador.

Galiana: ¿Está de acuerdo con lo que se dice de su libro “Textura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados”, que es el mejor libro de neurobiología que jamás se haya escrito?

RyC: Yo jamás diría algo así. Es tan solo el fruto de miles de horas de trabajo, del estudio de especies de todo el reino animal, es un auténtico mapamundi del cerebro. Sé que lo leen en todos los laboratorios del mundo pero otros son los que deben juzgarlo y no yo.

Galiana: Mucho se ha comentado sobre la concesión del Nobel en Fisiología o Medicina compartido con Golgi en 1906, por lo que si nos lo permite, no vamos a hablar sobre el premio. Preferimos preguntarle por algo más personal: ¿Qué significa la fotografía en su vida?

RyC: Un bálsamo para mis ilusiones artísticas, una fuente de ocio y placer, quizá un poco mi deseo de perdurar.

Galiana: ¿Y la escritura?

RyC: No he parado de escribir desde que era niño y escribí “Arte Lapidaria”, un tratado de cómo ganar las batallas a pedradas, hasta los últimos días de mi vida. En España ha habido muchos sabios ágrafos, gente de la que solo ha quedado lo que algunos de sus discípulos escribieron, como Sócrates. Yo no quería que me ocurriese lo mismo. En eso sí he sido un nuevo tipo de científico español, me he esforzado por dejar por escrito mis ideas y mi trabajo y he querido participar en los debates a nivel mundial, esforzándome para que mis obras se tradujeran y se conocieran. Soy un patriota español, pero la ciencia es universal.

Galiana: Para terminar esta entrevista, le vamos a pedir que explique está frase suya. "Las perezosas células cerebrales solo encienden su luz -inspiración- bajo el látigo de las emociones penosas."

RyC: Respondemos a los estímulos, y las emociones son estímulos poderosos. Un escritor o un pintor pueden lograr su mejor obra en un momento de zozobra personal, pero ¡ojo! que también creo que hay que disfrutar de la vida.

Galiana: Muchísimas gracias, Don Santiago, por haber recibido a Principia.

RyC: Muchas gracias a ustedes. La ciencia es una aventura apasionante y a nuestro país, a esta pobre España, le hace falta gente que cultive la ciencia y que la lleve a las escuelas, a los periódicos, a la sociedad. ¿Se puede creer que en esta época se habla más de los amores de las artistas y de los toreros que de las maravillas que se están logrando en los laboratorios? Menos mal que en su época esto ya no pasará.

Una vez regresé al sótano con mi entrevista a Ramón y Cajal subí a mi despacho en la redacción de Principia para descargarla en el ordenador. En ello estaba cuando entró José Ramón y me dijo:

Deja tu comentario!