El Antropoceno: ¿Tendremos nuestra propia era geológica?

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A nadie se le escapa que el ser humano ha cambiado la faz del planeta Tierra, desde el momento que empezamos a asentarnos y nos hicimos agricultores y ganaderos hasta la situación actual de cambio global en un entorno completamente industrializado. ¿La habremos cambiado lo suficiente como para que merezca definir una nueva era geológica?

TEXTO POR MARTA PÉREZ-FOLGADO
ILUSTRADO POR JOSÉ PARADA
TIEMPO MEDIO DE LECTURA: 8 minutos
ARTÍCULOS
22 de Enero de 2015

La noche del 9 de enero de 1959 el pequeño pueblo de Ribadelago, a orillas del Lago de Sanabria, en Zamora, sufrió la mayor catástrofe de su historia: La presa de Vega de Tera (a 1503 metros sobre el nivel del mar y a más de 500 sobre el nivel del pueblo) se rompió, provocando que unos ocho millones de metros cúbicos de agua se precipitaran sobre la villa, provocando la muerte de 172 vecinos y elevando el nivel del agua del lago unos 2,3 metros. Esta inundación catastrófica quedó reflejada en el fondo del lago como una capa detrítica de unos 10 centímetros y un tamaño de grano bastante mayor que el del sedimento que lo rodea. En la actualidad otros 10 centrímetros de fango cubren la capa de origen humano depositada en 1959.

El estuario de Urdaibai, en la costa vizcaína -Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 1984- está experimentando una rápida regeneración desde que en los años 50 del siglo XX se abandonaran las labores agrícolas en las marismas. La datación de los sedimentos utilizados para llegar a esa conclusión se realizó gracias a isótopos radiactivos artificiales presentes en los fangos, como el Cesio-137 . Este isótopo apareció por primera vez en nuestro planeta (primero en la atmósfera y de ahí a los sedimentos) en 1954, al poco de comenzar las pruebas de armas nucleares. El pico de registro se produce en 1963, coincidiendo con el máximo de detonaciones nucleares. También es fácilmente detectable otro máximo de Cesio-137 debido al accidente de Chernobyl, en 1986.

Hemos puesto dos ejemplos de situaciones que dejan una clara huella geológica, ambas originadas por desastres relacionados con el ser humano. Cada vez hay más geólogos que piensan que deberían considerarse fenómenos típicos de la próxima -y muy humana- incorporación a la escala Estratigráfica Internacional: el Antropoceno.

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Los límites oficiales de los eones, eras, periodos y épocas geológicas los define la Comisión Internacional de Estratigrafía, y no es algo baladí. Se crean subcomisiones y grupos de trabajo sobre los límites que no están claros o las nuevas propuestas, y después de intensas reuniones, cada cierto tiempo se publica una nueva Tabla Cronoestratigráfica Internacional, una relación consensuada de los distintos periodos geológicos. La época geológica en la que nos encontramos es el Holoceno, que comenzó hace sólo 11.700 años. Sin embargo, hace ya tiempo que se viene hablando de la necesidad de introducir una nueva división. Aunque anteriormente se habían sugerido términos como Homogenoceno o Antroceno, hace años que se utiliza la palabra Antropoceno, acuñada en el año 2000 por el Nobel de Química Paul Crutzen. Dentro de la subcomisión de estratigrafía del Cuaternario, el grupo de trabajo del Antropoceno (que incluye al español Alejandro Cearreta, Profesor Titular de la Universidad del País Vasco) se ha fijado 2016 como fecha objetivo en la que tomar una decisión.

Mientras tanto, el término Antropoceno ha calado no sólo entre los científicos (es muy útil para la comunidad investigadora del cambio global, por ejemplo), sino entre la gente aficionada a la ciencia, y sobre todo, en los medios de comunicación, que lo usan para designar el periodo actual, en el que los humanos tenemos un papel crucial para el futuro del sistema planetario.

Hace años que se utiliza la palabra Antropoceno, acuñada en el año 2000 por el Nobel de Química Paul Crutzen

Pero para que el término pueda alcanzar el reconocimiento formal no sólo se precisa que tenga una utilidad, sino que su existencia debe estar científicamente justificada, es decir, la señal geológica que produzca en los estratos debe ser suficientemente grande, clara y distinta. Además, se precisan unos límites (únicamente el inferior en este caso) que se puedan distinguir a nivel global, y que marquen un evento sincrónico. Así pues, aunque hay un consenso más o menos amplio en la necesidad de definir el Antropoceno, no lo hay tanto sobre dónde situar su comienzo.

Durante la mayor parte de nuestra historia como especie, los Homo sapiens hemos sido cazadores-recolectores. No se puede decir que durante esta etapa nuestra influencia sobre los ecosistemas haya sido nula (afectó significativamente, por ejemplo, a la megafauna de final del Pleistoceno), pero el funcionamiento del Sistema Tierra no se vio severamente alterado por nuestra presencia. Dado que no hay una señal característica, esta etapa no nos sirve para fijar un límite para el Antropoceno. Además, gran parte de ella sucede en una época ya definida: el citado Pleistoceno.

A partir de hace unos 10000 años, coincidiendo grosso modo con el final de la glaciación y el comienzo del Cuaternario, se desarrolla la Revolución Neolítica. Surgen la agricultura y la ganadería en diferentes puntos del planeta, en un lapso de tres o cuatro mil años. No se trata, pues, de un evento sincrónico ni afecta a toda la humanidad (aún hoy podemos encontrar sociedades de cazadores-recolectores). Al contrario que la etapa anterior, el establecimiento de sociedades sólidas en torno a los campos de cultivo y el ganado empezó a cambiar la faz visible del planeta. Se desbroza el terreno, tanto para cultivo como por la necesidad de materiales de construcción, aumenta la disponibilidad de alimento y surgen pueblos, ciudades, y civilizaciones que ocupan vastos territorios. Comienza la Historia. Pero aunque el paisaje de gran parte del territorio no volvió a ser el mismo que antes de la agricultura, el único aporte energético provenía de la fuerza bruta animal, lo cual limita la cantidad de terreno que se puede dedicar al cultivo. Los cambios en el Sistema Tierra siguieron siendo limitados y éste seguía operando como en el Holoceno.

Variación en distintos indicadores de actividad humana desde el comienzo de la Revolución Industrial hasta el año 2000. Se aprecia la Gran Aceleración sufrida a partir de 1950.
Variación en distintos indicadores de actividad humana desde el comienzo de la Revolución Industrial hasta el año 2000. Se aprecia la Gran Aceleración sufrida a partir de 1950. Fuente: Steffen et al, 2011.

A comienzos del siglo XIX se inicia la Revolución Industrial, con el desarrollo de la máquina de vapor y el comienzo del uso de los combustibles fósiles. Con la maquinaria adecuada, la deforestación avanza a pasos agigantados y grandes porciones de ecosistemas naturales se van antropizando. La mayor disponibilidad de alimentos unido a una mejora considerable en las condiciones sanitarias lleva a un aumento espectacular en la población, lo cual unido al uso continuado de carbón, petróleo y gas natural desemboca en las variadas y negativas consecuencias medioambientales que todos conocemos.

Cuando Paul Crutzen propone el uso del término Antropoceno sugiere que se defina su comienzo con el de la Revolución Industrial en Europa, en el año 1800. No obstante, aunque la Revolución Industrial se expandió rápidamente, no es sincrónica en todo el planeta, igual que no lo fue la Revolución Neolítica. Esto hace que no sea el candidato ideal, aunque haya un consenso general sobre que la Revolución Industrial es el “principio del desastre” para el Sistema Tierra por nuestra causa.

Por otra parte, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, concretamente a partir del año 1950, los indicadores de actividades humanas comienzan a dispararse. Es lo que se ha dado en llamar la Gran Aceleración. Miremos la gráfica de población, la del PIB total, la construcción de presas en los ríos, el uso del agua, el consumo de fertilizantes, la población en ciudades, el consumo de papel, el número de McDonald’s, los vehículos a motor, el número de teléfonos, o el turismo internacional. Todas ellas experimentan una subida espectacular a partir de 1950. Como resultado desemejante aumento de actividad humana, se registran cambios a escala global en el Sistema Tierra, todos ellos igualmente acelerados a partir de mediados del S. XX: La concentración de dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O) y metano (CH4) en la atmósfera, el descenso de ozono (O3), el aumento de la temperatura media superficial en el Hemisferio Norte, el aumento de las inundaciones catastróficas, la degradación de los bancos de pesca y de los ecosistemas costeros, así como de los ecosistemas terrestres, incluida la pérdida de biodiversidad.

La Revolución Industrial es el “principio del desastre

Así que encontramos, finalmente, un registro antropogénico en multitud de datos del planeta Tierra que podría marcar el inicio del Antropoceno. Los isótopos radiactivos depositados en la atmósfera desde el comienzo de las pruebas nucleares en los años 50 (como el Cesio-137 citado al comienzo del artículo) también dan una señal sincrónica y reconocible en todo el planeta que podría servir para apoyar la tesis de que el Antropoceno, aunque iniciado a consecuencia de la Revolución Industrial, comienza su andadura estratigráfica a partir de 1950.

Cambios a nivel global en el Sistema Tierra como resultado del espectacular aumento de la actividad humana, entre el comienzo de la Revolución Industrial y el año 2000. La subida a partir de 1950 de la mayoría de los parámetros define la Gran Aceleración.
Impacto en el Sistema Tierra resultado del espectacular aumento de la actividad humana, entre el comienzo de la Revolución Industrial y el año 2000. A partir de 1950 entra en la Gran Aceleración. Fuente: Steffen et al, 2011.

Ahora bien, ¿merece la pena definir una nueva época geológica que habría empezado hace sólo 64 años en un planeta de 4500 millones de años de antigüedad? ¿Debería ser una subdivisión dentro del Holoceno? ¿Obviamos que su aparición debe ser global y sincrónica, situando el comienzo en la Revolución Neolítica o la Industrial? Incluso, como afirman algunos: ¿Hay que definir con el nombre del ser humano (anthropos) algo que no debería hacer referencia a toda la humanidad, pues sólo una parte de ella ha sido responsable del desastre medioambiental? La respuesta oficial, en 2016.

Bibliografía

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