Los expertos advierten: “La falta de técnicos de electromedicina puede ser perjudicial para su salud”

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El equipamiento de nuestros hospitales está envejeciendo de forma alarmante. Si continuamos con la tendencia actual, en breve no estaremos preparados para afrontar los retos sanitarios venideros. A esta obsolescencia tecnológica también hay que añadir una falta de regulación formativa/profesional, e incluso de conciencia social, que sea capaz de marcar las pautas de una necesaria renovación de planteamientos tecnológicos sanitarios.

TEXTO POR CÉSAR SÁNCHEZ
ILUSTRADO POR MARIONA RODRÍGUEZ
ARTÍCULOS
MEDICINA | OBSOLESCENCIA
11 de Febrero de 2015

Cuando en ocasiones nuestra salud languidece, buscamos a los mejores profesionales y centros para el cuidado de ese bien tan preciado. Sin embargo, en un mundo cuyo tipo de vida en relación con el cuidado de la salud es cada vez más dependiente de la tecnología, ¿nos preocupamos del nivel de los profesionales tecnológicos asociados a los centros sanitarios? ¿Y de los responsables de la instalación y mantenimiento de las más de 500 000 tecnologías médicas registradas actualmente?

En los años 70 en los Estados Unidos, en un medio poco científico, una duda similar desató un inusitado interés social por la situación real del equipamiento médico. Ralph Nader, famoso activista político estadounidense, escribió un artículo de opinión en la revista Ladies Home Journal en la que afirmaba que el entorno hospitalario se había vuelto extremadamente peligroso y que, de hecho, acumulaba más accidentes eléctricos que cualquier otra industria. Esta afirmación generó un interés notable por la cultura de la seguridad del paciente asociada a la tecnología médica y, sin duda, un notable interés social por cómo se realizaba la instalación y el mantenimiento y cómo se usaban los principales sistemas de electromedicina en centros sanitarios. Todo ello provocó la reacción de los agentes académicos, sociales y empresariales que impulsaron de forma decidida los programas formativos para técnicos e ingenieros en este campo.

En Europa, esta corriente llegó mucho más tarde. En España, está llegando ahora… Hasta hace muy poco, ningún hospital en España podía contratar, dentro de su relación de puestos de trabajo, a un técnico de electromedicina o a un ingeniero clínico, figuras reconocidas e implantadas ampliamente en los organigramas de centros sanitarios que podemos considerar como referencia en el mundo. No es que no contemos con profesionales capacitados para estas tareas, el problema es que no ha existido un perfil profesional específico, lo que ha provocado una dispersión de perfiles adaptados, a través de la experiencia laboral y formación no reglada, a este tipo de tareas.

Hasta hace muy poco, ningún hospital en España podía contratar, dentro de su relación de puestos de trabajo, a un técnico de electromedicina o a un ingeniero clínico

El esfuerzo personal de estos profesionales adaptados nos ha permitido solventar la situación sin un modelo institucional claro. Desde el 2008, se cuenta con una definición de nuevas cualificaciones profesionales relacionadas con este sector. Sin embargo, deben pasar unos años todavía para que se llegue a una situación de normalización y regulación formativa y profesional clara que permita la incorporación de nuevos profesionales y la adaptación de los existentes.

Teniendo presente este condicionante previo, es conveniente realizar un análisis del estado actual del parque tecnológico sanitario de nuestro país. Para ello, utilizaremos los informes emitidos anualmente desde 1996 por el Comité de Coordinación Europea de la Industria de la Tecnología de la Salud, Electromédica y Radiológica (COCIR). El informe es devastador en su conclusión final: si no se cambia la tendencia actual, los sistemas sanitarios europeos serán incapaces de asumir los retos de salud venideros; envejecimiento, enfermedades crónicas, etc. ¿Por qué? Por el envejecimiento de los equipos y las condiciones de obsolescencia definidas y aceptadas en Europa. Es lo que COCIR denominó, en su informe de 2009, las reglas de oro:


Estas reglas no se deben interpretar como una obsolescencia programada sino como unas recomendaciones de evaluación para la gestión de este equipamiento, teniendo en cuenta lo que el envejecimiento de este tipo de tecnología puede implicar, entre lo que se puede destacar lo siguiente: imposibilidad de incorporar beneficios asistenciales novedosos, pérdida de estándares de uso, desequilibrios en prestación sanitaria al ciudadano, incremento de costes debidos a averías que ocasionan tiempos de parada importantes, incremento de costes de mantenimiento, etc.

Si no se cambia la tendencia actual, los sistemas sanitarios europeos serán incapaces de asumir los retos de salud venideros; envejecimiento, enfermedades crónicas, etc.

Obviamente, nuestro país sigue la tendencia general de los datos medios obtenidos en Europa pero la tan cacareada crisis financiera, y la forma en que ha afectado a España especialmente, ha agravado notablemente esta situación. Según la Patronal Española de Empresas de Tecnología Médica (FENIN), la caída de la inversión ha provocado una reducción del nivel de renovación de la tecnología hospitalaria entre un 60% y un 75% en los últimos 5 años. La consecuencia de esta situación es que, tal y como COCIR y FENIN concluyen, España presenta desviaciones considerables respecto a los indicadores y valores recomendados relativos a la obsolescencia de este tipo de tecnología.

Animo al lector interesado a consultar, en el informe citado, las diferencias por comunidades autónomas, notables en algunos tipos de tecnología. En esta situación, ¿qué opciones pueden encontrar las administraciones sanitarias? Puede darse un doble planteamiento. Por un lado, realizar un plan de inversiones y de actualización tecnológica adecuada a las necesidades, aunque la coyuntura económica actual no parece la más adecuada. Por otro lado, se podría pensar un plan de mantenimiento acorde a la situación. Sin embargo, en los últimos dos años la inversión en mantenimiento ha descendido casi un 19% en nuestro país, según datos del último informe de FENIN a este respecto. La aparente falta de técnicos e ingenieros, comentada anteriormente, encargados de estas tareas en los centros sanitarios y la falta de concienciación en nuestro país a este respecto, no nos permite actualmente realizar un seguimiento adecuado de este proceso, hecho que vienen denunciando desde hace tiempo sociedades científicas del sector además de la patronal. Recientemente, un medio “no tan científico” como Interviú ha denunciado estos hechos. ¿Provocará el mismo interés social que consiguió Nader en el año 1971? Veremos…

REFERENCIAS

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