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Me habían dejado noqueado sin mediar palabra. No me había dado cuenta y estaba en el suelo.  ¿O me habían puesto la zancadilla? 

TEXTO POR SERGI VILA
ILUSTRADO POR ROCA MADOUR
ARTÍCULOS
BIODIVERSIDAD
26 de Febrero de 2015

Había sido citado por el evaluador (un hombre gris y anodino de la administración) de mi proyecto de investigación, centrado en la conservación de unas especies de roedores amenazadas, que había sido seleccionado así que tenía que ser algo fácil. Pero no.

Cuando llegué a la sala de reuniones, me lo encontré charlando con otra de las candidatas, a la que reconocí del proceso de selección previo. Recordaba perfectamente su proyecto. Se trataba de una investigadora que había presentado un proyecto sobre la creación de un centro de investigación para una enfermedad endémica de los habitantes de una región específica de África.

El hombrecillo me indicó que me sentase. En ese momento sentí que algo no marchaba bien. Sacó un dosier del cartapacio y clavó sus diminutos ojos en mí y con su cara de pájaro me dijo:

Continuó con su disertación mientras señalaba efusivamente a la joven que estaba sentada a mi lado pero yo había dejado de escucharle.

Al fin hablé por primera vez:

Me giré y la miré directamente.

Era el argumento que tantas otras veces había tenido que escuchar. Estaba a punto de contestar cuando el evaluador parapetado tras el escritorio añadió:

Se subió las diminutas gafas al puente de la nariz y añadió:

Medité sobre aquellas palabras y respondí:

Parecía asumir mi derrota tras sus argumentos y que con mis palabras estaba tirando piedras sobre mi propio tejado. Ambos asentían mientras me observaban relajados y esbozando una leve sonrisa.

Ambos se lanzaron miradas furtivas. No parecían tan contentos. Ella se giró y tomó la palabra.

En ese instante traté de replicar y ella levantó la mano para hacerme callar.

Ambos me observaron como si estuvieran apreciando uno de los últimos ejemplares de una especie al borde de la extinción.

Ahí quería yo llegar. Me froté las manos, en sentido figurado claro está, y respiré hondo antes de responder.

Ella me miró sorprendida, mientras que el hombre emitió algo parecido a un bufido. Supe que a pesar de haberlos puesto en jaque tenía la partida perdida. Traté de asestar un último golpe con algún otro mordaz comentario. Sin embargo, ella rompió el silencio con una voz que denotaba duda e inseguridad:

Ambos me miraron sorprendidos. La chica se atrevió a preguntar:

Sus rostros mostraban una profunda preocupación. Tenían dudas sobre ese escenario tan catastrofista.

Salí del edificio abatido. Mientras pensaba en lo que había pasado, escuché que alguien decía mi nombre.

La observé sorprendido. Aquello no me lo esperaba.

La observé, incrédulo y esperanzado.

Sonreí sin entender lo que acababa de ocurrir.

Tardé un rato en darme cuenta de la magnitud de todo aquello. Me habían dado el proyecto. Bueno, me habían dado UN proyecto. Sonreí y entré tras ella.

Referencias:

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