El árbol más raro del mundo

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No es demasiado habitual que se descubran nuevas especies de árboles. Y es que suelen tener un tamaño considerable como para pasar desapercibidos y además, no se pueden esconder. Sin embargo, de vez en cuando nos llevamos alguna sorpresa. Esta es la historia de un árbol cuyo descubrimiento fue descrito como “el equivalente a encontrar un dinosaurio vivo entre nosotros”. Se trata de Wollemia nobilis, el árbol más raro del mundo. 

TEXTO POR AITOR AMEZTEGUI
ILUSTRADO POR MARIONA RODRÍGUEZ
ARTÍCULOS
BOTÁNICA
23 de Marzo de 2015

Una mañana de agosto de 1994, David Noble salió con unos amigos a hacer un poco de senderismo y rápel por las montañas del Parque Nacional de Wollemi, en Australia. Este parque es uno de los más grandes de Nueva Gales del Sur y está a solo 130 km de Sídney, por lo que es un lugar popular entre los aficionados a la montaña y los deportes de aventura. David era un reputado montañero y barranquista al que le gustaba explorar los cañones más intrincados del parque. No en vano, había descubierto y puesto nombre a varios de ellos. En un momento dado, al fondo de un barranco, David encontró un grupo de árboles que le pareció peculiar. Aunque tenía conocimientos de botánica – ya que trabajaba como guarda en el Servicio Australiano de Parques – no fue capaz de reconocer la especie. Picado por la curiosidad cogió una ramilla del suelo, la guardó en su mochila y prosiguió su excursión. Una vez de vuelta en casa vio que no era capaz de encontrar el árbol en ninguna de sus guías, así que consultó con varios especialistas, que de inmediato le pidieron que les llevara hasta la zona. Después de tomar más muestras confirmaron sus sospechas iniciales: David acababa de descubrir una especie de árbol nueva para la ciencia.

Ejemplares del árbol descubierto por D. Noble creciendo en el fondo de un barranco
Ejemplares del árbol descubierto por D. Noble creciendo en el fondo de un barranco Fuente: Wollemi Pine

Una especie peculiar

Los botánicos vieron enseguida que el árbol pertenecía a la familia de las araucarias (Araucariaceae) pero no conseguían encuadrarlo en ninguno de los dos géneros que componen esa familia (Araucaria y Agathis). Los árboles descubiertos alcanzaban hasta 40 metros de altura (no creáis que estamos hablando de un hierbajo) y tenían una morfología interesante: sus hojas, planas, se insertaban en espiral en los ramillos, como en las plantas del género Araucaria, pero se presentaban apiladas en dos planos y la corteza presentaba unos peculiares y característicos nudos marrones que recordaban a burbujas de chocolate o a los famosos cereales Choco Krispies. Pronto quedó claro que lo que David Noble había descubierto no era solo una nueva especie sino todo un nuevo género, al que se llamó Wollemia en honor al lugar donde se había descubierto.

Detalle de la corteza de Wollemia
Detalle de la corteza de Wollemia Fuente: Tony Rodd, bajo licencia Creative Commons

Un dinosaurio vegetal

Pero Wollemia tampoco era un género del todo nuevo. Alguien cayó en la cuenta de que el ejemplar descubierto se parecía bastante a unos fósiles que se habían encontrado en la zona y tras unas comprobaciones se dieron cuenta de la magnitud real del descubrimiento: lo que Noble acababa de descubrir era una especie que se creía extinta desde hacía 2 millones de años, y que ya vivía en la tierra hace 90 millones de años, en plena época de los dinosaurios. De hecho Carrick Chamber, profesor del Royal Botanic Gardens de Sídney, aseguró que el descubrimiento era lo más parecido a “encontrar un dinosaurio vivo entre nosotros”. Con semejante titular la noticia tuvo bastante repercusión, sobre todo en Australia, y los medios se lanzaron a difundir la noticia del descubrimiento del “fósil viviente” e incluso la denominaron “especie Lázaro”, por aquello de haber resucitado de entre los muertos. En honor a su descubridor, la especie se llamó Wollemia nobilis y por alguna razón se popularizó el nombre común de “pino de Wollemi”, aunque ya hemos visto que ni siquiera pertenece a la familia de los pinos.

Lo que Noble acababa de descubrir era una especie que se creía extinta desde hacía 2 millones de años

Ramillete de Wollemia junto a su primo del mesozoico
Ramillete de Wollemia junto a su primo del mesozoico Fuente: Wollemi Pine

Una especie en peligro crítico

Desde el mismo momento en que se descubrió, el pino de Wollemi pasó a considerarse como el árbol más amenazado del mundo. Tras una búsqueda exhaustiva por toda la zona solo lograron localizarse unos 80 individuos. Análisis posteriores mostraron que la mayoría de ellos eran genéticamente idénticos, lo que sugiere que la especie pasó por un momento crítico, una especie de “cuello de botella” durante el cual no debieron sobrevivir más de dos o tres ejemplares. Con esos antecedentes se decidió no revelar el lugar exacto donde crecían los Wollemia para protegerlos de visitantes y curiosos. Aún así, no se pudo evitar que en 2006 algunos de los pies se contagiaran de Phytophthora cinnamomi (el hongo que en España causa la plaga conocida como “tinta del castaño”) probablemente introducido de forma accidental por visitantes clandestinos.

Desde el mismo momento en que se descubrió, el pino de Wollemi pasó a considerarse como el árbol más amenazado del mundo

Vender para conservar

Hojas y conos masculinos de Wollemia nobilis
Hojas y conos masculinos de Wollemia nobilis Fuente: “peganum”, bajo licencia Creative Commons

Se decidió entonces iniciar un programa de reproducción y conservación de la especie. La fama y la rareza habían hecho de Wollemia nobilis una especie apetecida por jardines botánicos y coleccionistas de medio mundo y las autoridades decidieron aprovechar el tirón, fomentando la reproducción y venta de ejemplares de pino de Wollemi. Puesto que recoger semillas de los arboles que crecían en libertad podía representar una amenaza más para la viabilidad de una especie ya en estado crítico, se utilizó la gran capacidad de reproducción vegetativa de este árbol (por rebrote) para producir plantas y comercializarlas. Se empezó por jardines botánicos en Australia y cuando se vio que se adaptaba bien se amplió la venta al resto del mundo. Hace unos pocos años se abrió la comercialización también a particulares. El objetivo de este programa es triple. Por un lado, pretende dar a conocer la especie y concienciar sobre la importancia de su conservación. Además, los jardines botánicos que la adquieren se comprometen a realizar un seguimiento del estado sanitario de las plantas, proporcionando información muy valiosa sobre los requerimientos de la especie y su capacidad de tolerar distintos ambientes. Por último, gran parte de los recursos obtenidos de la venta de los pinos de Wollemi se utilizan para la protección de las poblaciones en estado natural.

 Dada la escasa variabilidad genética de los pocos arboles de Wollemia que quedan, el futuro de la especie no parece nada claro. Pero si os ha despertado la curiosidad quizá queráis haceros con un ejemplar (aviso, no son baratos) y contribuir a la persistencia de esta especie única. Quién sabe, si sobrevivió durante dos millones de años escondida en un barranco perdido en mitad de Australia ¿por qué no podría sobrevivir unos cuantos años más en una maceta de vuestro salón?.

Gran parte de los recursos obtenidos de la venta de los pinos de Wollemi se utilizan para la protección de las poblaciones en estado natural

Para saber más:

 

 El sitio web www.wollemipine.com tiene una lista de aquellos jardines botánicos con ejemplares de W. nobilis, pero no parece actualizada. En España, hay un ejemplar en el Jardín Botánico de Madrid y que el Arborètum del de Lleida se hizo con uno hace apenas un mes, aunque seguramente habrá más. Si sabes donde puede verse un ejemplar de esta especie, puedes dejarnos un comentario.

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