¿Cómo se eligen los nombres de nuestros antepasados?

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La parte que puede ser más personal de la taxonomía, como parte de la ciencia que pretende ordenar la diversidad biológica, recae en el nombre con que la comunidad científica decide designar a un organismo vivo. El nombre de la especie debe seguir ciertas reglas gramaticales grecolatinas y se debe explicar la razón de su elección. Este último criterio como veremos es muy abierto.

TEXTO POR DANI FONT
ILUSTRADO POR QUIQUE ROYUELA
ARTÍCULOS
EVOLUCIÓN | TAXONOMÍA
18 de Junio de 2015

La taxonomía es la disciplina que se ocupa de la clasificación de los seres vivos y está estrechamente relacionada con la nomenclatura, el sistema formal con el que «etiquetamos» los grupos de esa clasificación. No sé si os habéis parado a pensar qué hay detrás de las palabras que dan nombre a una nueva especie. Estas pueden hacer referencia al lugar del hallazgo o a algún rasgo característico del organismo descubierto. Pero  no son las dos únicas posibilidades. Hoy en día, la situación está muy abierta a los gustos personales de los taxónomos y se han descrito especies que llevan nombres derivados de estrellas del rock, políticos, personajes de cómic o deportistas famosos.

Las categorías taxonómicas usadas para clasificar la biodiversidad son muchas y se usan, entre otras, reino, filo, orden, tribu… Vamos a centrarnos en las dos más conocidas: género y especie. Además, solo vamos a referirnos a aquellas especies relacionadas con el hombre, es decir aquellas que la taxonomía encuadra dentro de nuestro linaje evolutivo y que hoy solo se encuentran en el registro fósil porque son especies extintas. Son las pertenecientes a la tribu de los homininos (hominini en latín) que es como deben decirse, y no homínidos (hominidae en latín, que sería el término que engloba a la familia completa). Todas ellas son asignadas a esta tribu por poseer una serie de características similares en cuanto al desarrollo del cerebro, la dentición, la locomoción e incluso el genoma. De todos estos criterios, usados en general para clasificar a cualquier especie en referencia a otras, el de la locomoción juega un papel muy importante entre los homininos y se hace referencia a él en el nombre de algunas especies. Es el caso de dos especies del género Homo, Homo ergaster y H. erectus, cuyos nombres apelan directamente a la posición erguida de ambas especies. Antes de seguir, ya que he usado la palabra «evolutivo» permitidme una aclaración porque también tiene sentido con el nombre de las especies: hablar de evolución no implica progreso, sea cual sea la definición del mismo, ni dirección alguna predeterminada, ni explica el origen último o el significado de la vida. Es más, los nombres de las especies son buenos en la medida en que nos sirven para distinguir unas de otras, tanto da el nombre que lleven pues nos está hablando únicamente de los gustos personales del taxónomo, de su forma de ver el mundo, de los valores de la sociedad a la que pertenece, etc. No importa mucho si, con el tiempo, se descubre que una característica de una especie fósil no era tan relevante o tan única como se creía. Por ejemplo, si observamos el nombre de una especie de nuestro género, H. habilis,  su nombre fue puesto por la capacidad atribuida a este hominino de manipular y fabricar herramientas. Después se supo que antes de H. habilis, los Australopithecus ya utilizaban herramientas y sin embargo ninguno de ellos ha sido designado como hábil. Entre medias, se han descrito distintas especies del género Homo, la última de las cuales que sobrevive, nosotros mismos, nos autodefinimos como Homo sapiens, lo cual puede llevar a pensar que desde el H. habilis hasta el hombre sabio ha habido un progreso cuyo punto culminante somos nosotros, o que las especies anteriores no eran «sabias».

Hablar de evolución no implica progreso, sea cual sea la definición del mismo, ni dirección alguna predeterminada, ni explica el origen último o el significado de la vida

Cuando se nombra una nueva especie de hominino, a menudo se escoge un nombre derivado del lugar en el que había sido descubierto el nuevo organismo. Esta ha sido la opción más habitual por parte de los paleoantropólogos. Así, el geólogo William King propuso llamar Homo neanderthalensis al fósil hallado por unos mineros en una cueva en el valle de Neander, Alemania. «Tal» en alemán se traduce por valle, pero cuando se dio nombre a la especie se escribía con hache: «thal» y así es como ha quedado, porque una vez publicado un nombre su ortografía sienta precedente y no puede cambiarse (si bien futuros descubrimientos taxonómicos pueden alterar la validez o rango de la especie, por ejemplo sinonimizándola con una anterior). De modo que si estáis en la tesitura de nombrar una nueva especie, tened cuidado con las erratas, porque luego no hay vuelta atrás.

Hace poco salía en los medios el hallazgo de otro hominino: Australopithecus deyiremeda gracias al hallazgo de una mandíbula en Etiopía, una de las regiones donde más fósiles se han encontrado. La especie toma su nombre de una lengua hablada en la región de Afar, en la que «deyiremeda» significa «pariente cercano», por ser cercano a otro hominino hallado en la región que ya se quedó con el nombre de esta, el  Australopithecus afarensis (la famosa «Lucy»). Dicha especie era hasta la fecha el hominino más antiguo de este género,  hasta el descubrimiento por Raymond Dart de Australopithecus prometheus (así nombrado por el personaje de la mitología griega amigo de los hombres que les entregó el fuego). Dart consideraba que los australopitecinos representaban el eslabón del ser humano moderno. Este fósil fueluego clasificado como Australopithecus africanus que es el nombre más comúnmente usado para designar a este tipo de australopitecinos. Dart fue el anatomista responsable del nombre de este género que significa «mono del sur».

Otro hecho que puede suceder en la taxonomía de los homininos, y de todas las especies en general, es que cambien de género al que pertenecen (lo que se conoce como «combinación»). Es lo que le sucedió a la especie Australopithecus boisei ahora considerada Paranthropus boisei. Es decir, se combinó la especie original en el género Paranthropus que quiere decir «cerca o al lado de los hombres», por constituir una rama paralela a la que dio lugar al ser humano. El nombre de «boisei» es también interesante pues hace referencia a Charles Boise que era el mecenas de Louis Leakey, el descubridor de esta especie y de muchos otros hallazgos africanos. La puerta giratoria de esta especie no acaba aquí ya que inicialmente Leakey clasificó a P. boisei como Zinjanthropus boisei. Zinj hace referencia a África oriental, donde tuvo lugar el hallazgo. La familia Leakey es una de las principales responsables de los hallazgos, propuestas de nombre y de clasificación de la paleoantropología. Nada menos que cuatro Leakey han estado involucrados en peripecias paleontológicas y todos han descrito especies e incluso géneros: Louis y Mary, los padres, Richard, el hijo y Maeve, la nuera.

Otro hecho que puede suceder en la taxonomía de los homininos, y de todas las especies en general, es que cambien de género al que pertenecen

Las últimas especies de homininos descubiertas han sido el Homo floresiensis hallado en la isla indonesia de Flores, popularmente conocido como «el Hobbit» por su pequeño tamaño,y unos restos hallados en una cueva en Denisova (Siberia). El nombre propuesto para este último hominino también hace referencia a su localización: Homo denisoviensis. Veremos si se acepta.

Para finalizar, aquí os dejamos con los géneros de la tribu de los homininos aceptados por un número amplio de autores:

Género -- Autor

Homo -- Linnaeus, 1758

Australopithecus -- Dart, 1925

Paranthropus -- Broom, 1938

Praeanthropus -- Senyürek, 1955

Ardipithecus -- White el al. 1995

Orrorin -- Senut et al. 2000

Kenyanthropus -- Leakey et al. 2001

Sahelanthropus -- Brunet et al. 2002

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