El retorno de los fagos

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Todos los excesos acarrean consecuencias. Tras décadas de abuso de los antibióticos, tanto en el ámbito clínico como en la producción de alimentos, hemos llegado a un momento de crisis. Se han generado tantas bacterias resistentes a los tratamientos antibióticos que están poniendo en jaque nuestra capacidad de pelear contra infecciones bacterianas. Ante este panorama, podríamos estar viviendo el renacimiento de una vieja terapia antimicrobiana cuyo esplendor se remonta a principios del siglo pasado: la fagoterapia.

TEXTO POR ERNESTO DIÉGUEZ CASAL
ILUSTRADO POR DABIZ MOLINERO
ARTÍCULOS
BACTERIAS | MICROBIOLOGÍA | VIRUS
14 de Septiembre de 2015

A lo largo de gran parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI, la terapia con antibióticos ha sido la principal defensa utilizada frente a infecciones bacterianas. Desde el descubrimiento de la penicilina en 1928, se han usado los antibióticos de modo inapropiado y excesivo en hospitales y también en granjas. Esto ha conducido a una situación crítica en la que la eficacia de los antibióticos se ha visto muy reducida. La aparición de cepas resistentes y multirresistentes como el MARS (Staphylococcus aureus resistente a meticilina), BLEE (Enterobacterias productoras de betalactamasas), Acinetobacter baumanii, entre otras, ponen en riesgo el modo en que hemos tratado las infecciones hasta ahora.

Es esta situación la que ha vuelto a poner sobre la mesa una terapia utilizada en el siglo pasado y que la llegada de la terapia con antibióticos hizo caer en el olvido: la fagoterapia, o lo que es lo mismo, el tratamiento de infecciones bacterianas mediante bacteriófagos.

¿Qué es un bacteriófago?

Los bacteriófagos (también llamados simplemente fagos) son virus que infectan exclusivamente a bacterias. Su presencia es ubicua en todo tipo de ambientes (en algunos, como el agua de mar, se cree que están infectando hasta al 70% de las bacterias marinas), y presentan dos fases en su ciclo infeccioso: fase lítica y fase lisogénica. En la primera fase, la bacteria infectada muere por rotura (lisis) al liberarse las nuevas copias virales. En la segunda fase, el fago se mantiene en el interior de la célula a la que infecta durante un tiempo indeterminado, recibiendo el nombre de profago. Una vez que el genoma del fago se inserta en el material genético de la bacteria, el profago se extiende a las siguientes generaciones del huésped con cada replicación celular y al darse las condiciones adecuadas, abandona el estado latente y entra en ciclo lítico, destruyendo a la célula infectada en su salida.

¿Es la fagoterapia una posible solución?

Un viejo proverbio árabe dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Aplicado al caso de la fagoterapia, ¿por qué no usar contra las bacterias que causan infecciones los virus específicos que actúan sobre ellas? Este es precisamente el fundamento de la fagoterapia como tratamiento antimicrobiano.

Aunque ahora se plantea su uso en el futuro más inmediato, la fagoterapia es una técnica que dista de ser nueva. Las primeras referencias proceden de principios del siglo XX, cuando Félix D´Herelle acuñó el propio término «bacteriófago» y vislumbró su posible uso contra infecciones bacterianas. Después de años de investigación, este médico franco-canadiense y sus colaboradores trataron a un niño de doce años aquejado de disentería bacteriana aguda con una preparación de fagos (que habían probado en ellos mismos previamente) y el resultado fue positivo: el niño se curó. La fagoterapia entraba en una época dorada; las investigaciones se reproducían por todo el mundo, y uno de los colaboradores de D´Herelle, Giorgi Eliava, fundaba un instituto de investigación de la fagoterapia en Georgia. Este instituto fue referencia mundial durante décadas y la fagoterapia continuó su expansión; se afinaron los métodos  de purificación y producción en numerosos institutos como el Pasteur, y algunas farmacéuticas llegaron a comercializar sus propias mezclas de fagos. Esta progresión continuó hasta 1941, año en que empezó a comercializarse la penicilina. Impresionado por el antibiótico descubierto por Fleming, occidente empezó a olvidarse de la fagoterapia, que sin embargo sobrevivió en el Bloque del Este, especialmente en la Unión Soviética, que siguió utilizando durante décadas bacteriófagos como terapia antimicrobiana.

Aunque ahora se plantea su uso en el futuro más inmediato, la fagoterapia es una técnica que dista de ser nueva

¿Qué ventajas y desventajas presenta la fagoterapia?

La fagoterapia presenta grandes ventajas. Tiene una amplia y rápida acción bactericida y además, el número de fagos se incrementa durante el curso del tratamiento por su propia naturaleza reproductiva. Capaces de afectar mínimamente a la propia flora bacteriana natural, también presentan una gran capacidad de disgregar un biofilm bacteriano (la capa de colonias bacterianas adheridas a una superficie) y su toxicidad suele ser muy baja. Por no hablar de la experiencia de décadas de uso en la Unión Soviética: la hemeroteca soviética cuenta con miles de artículos que podrían ser de ayuda en las nuevas investigaciones. Hay referencias sobre el uso de fagos para tratar infecciones oculares, otitis, fibrosis quística, infecciones pulmonares, urinarias, etc. También existen referencias al uso de la fagoterapia en el tratamiento de animales de granja, especialmente útil para las infecciones transmitidas por los alimentos.

La cuestión es, si es tan perfecto, ¿dónde está el problema? En primer lugar, existe una gran desconfianza hacia las investigaciones realizadas por la Unión Soviética. La mayoría de ellas están escritas en ruso y por tanto fuera de las principales revistas especializadas. Dejando de lado esta traba, más de política que de ciencia, existen dudas reales de que la fagoterapia pueda sustituir completamente a la terapia basada en antibióticos. También se duda de la supervivencia de los fagos y su persistencia en determinadas superficies corporales. Además, su eficacia podría verse afectada por determinados ambientes, especialmente en el exterior de la célula. También, existe cierta preocupación en cómo eliminar  los fagos tras el tratamiento de la infección, así como la posible aparición de bacterias que se vuelvan resistentes a los propios fagos. Todo ello por no hablar de la repercusión que podrían tener en los tratamientos los virófagos, partículas víricas que inhiben la replicación de los bacteriófagos.

Los desafíos que se presentan son muchos. Por ello, es necesario comprender mejor la ecología de la relación fago-bacteria, así como mejorar la metodología (selección de fagos virulentos y de la mejor mezcla de fagos para cada paciente, etc.) o el modo en que el tratamiento con fagos puede afectar al paciente, y el comportamiento de los mismos durante y después de la aplicación. Algunas voces apuntan a que la gestión de los derechos de propiedad sobre los fagos por parte de la industria farmacéutica podría presentar ciertas complicaciones a la hora de elaborar terapias basadas en este sistema. No parecen ser, de todos modos, obstáculos insalvables para convertir a la fagoterapia en una alternativa eficaz y quizá también complementaria al uso de antibióticos.

El tiempo nos dirá si la fagoterapia ha vuelto del pasado para quedarse.

Referencias:

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