La historia jamás contada

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Existió una vez una isla situada en un antiguo mar repleto de emocionantes historias. La isla se llamaba Sistema Solar y aquel mar se conocía con el nombre de Vía Láctea. El centro de aquella legendaria isla lo ocupaba un enorme y viejo faro que lucía desde tiempos inmemoriales. Hacía mucho tiempo que los protagonistas de esta historia se reunían alrededor de este faro para contar viejas historias que habían oído contar a sus abuelos. 

TEXTO POR ROCÍO MORENO RODRÍGUEZ
ILUSTRADO POR PAULA BERNAL
PRINCIPIA KIDS
ASTRONOMÍA
21 de Septiembre de 2015

El más joven de todos se llamaba Mercurio. Su cuerpo estaba lleno de magulladuras producidas por los golpes que se daba contra las rocas cuando salía a caminar por la parte interior de la isla, que era la zona más rocosa. Venus era un jovencito muy romántico que vivía enamorado de Tierra, otra de las protagonistas de esta historia. Tierra era una joven alegre, divertida y gran amante de los animales. Tenía una gatita de color blanco llamada Luna a la que le gustaba salir a pasear por las noches. Otro de los amigos de la pandilla era Marte. Al contrario que Tierra, Marte era un chico muy tímido, su rostro enrojecía con asombrosa facilidad. A Marte también le gustaban los animales y tenía dos caniches que no se separaban de él, Fobos y Deimos.

Júpiter era un chico bastante corpulento, todos le tenían una gran admiración y respeto. Tenía una gran mancha roja de nacimiento, que parecía crecer cada vez que se enojaba por algo. A Júpiter le gustaba mucho la música. Junto a otros jóvenes había formado un grupo llamado «Los Galileanos». Europa, Ío, Ganímedes y Calisto era el nombre de los otros componentes del grupo. Sus nombres y su música sonaban con fuerza en toda la isla.

El siguiente era Saturno. Todos le conocían por su particular tatuaje. En uno de sus brazos se había tatuado unos anillos, aunque ninguno sabía exactamente el significado del mismo. El único que decía conocer el origen del tatuaje era Titán, uno de sus numerosos primos; contaba que cada anillo simbolizaba un episodio importante en su vida.

El grupo de amigos lo completaban Urano y Neptuno, unos mellizos que vivían detrás de la casa de Saturno. Neptuno era muy friolero, quizá de ahí le viniera su afinidad por los animales de sangre fría y seguramente por ese motivo su mascota preferida era un Tritón. Uranoera un chico muy atractivo. Tenía unos ojos color azul verdoso que habían enamorado a Titania y Miranda, dos atractivas jóvenes que vivían muy cerca de su casa.

Plutón era el que completaba el grupo de amigos. En su espalda lucía una curiosa y llamativa mancha blanquecina en forma de corazón. Todos solían decir que esa mancha era un reflejo de su personalidad. Plutón era un chico sensible, generoso y muy afectuoso. Vivía en una pequeña casa construida justo al borde del mar. Los días que no iba hasta el faro a reunirse con sus amigos se quedaba en la playa jugando con Caronte, un coqueto guacamayo que solía acompañarle en sus travesías por el mar.

Lo de vivir al lado del mar era la excusa perfecta para hacerse con una embarcación con la que navegar. Marte se hacía a la mar a bordo del «Curiosity», Júpiter lo hacía a bordo del «Galileo», Saturno en el«Cassini», los mellizos Urano y Neptuno iban siempre juntos en un mismo barco, el «Voyager 2», Venus en el«Venus Express», Mercurio en el«Messenger», y Plutón lo hacía en el «New Horizons».

Les gustaba salir a navegar por las noches, cuando su única brújula, Vega, salía a iluminar el imponente cielo nocturno. Sus largas y emocionantes travesías llegaban siempre hasta Kuiper, un arrecife que rodeaba toda la isla y estaba repleto de corales de diferentes tamaños y colores.

En alguna ocasión se habían planteado ir más allá del arrecife, motivados por la curiosidad de descubrir nuevos mundos, pero lo cierto es que ninguno se había atrevido hasta el momento a rebasar aquel límite natural. Al otro lado de Kuiper el agua se volvía más oscura, profunda y turbulenta y la verdad es que para lanzarse a aquella aventura se requería algo más que un inocente bajel.

Ninguno de ellos había salido jamás de la isla, soñaban que en algún lugar de aquel inmenso mar habría otras islas como la suya, quién sabe si también atesoraban un faro como el de Sistema Solar. Quizá, además del mar de Vía Láctea, existían otros mares con rincones por explorar. En sus largas reuniones alrededor del viejo faro siempre se hacían estas mismas preguntas. Les divertía imaginarse a bordo de modernas embarcaciones conquistando nuevos mundos. Plutón, que era el que más tiempo pasaba navegando en los límites de Kuiper, les contaba que desde allí había podido divisar unas luces que cruzaban el cielo a gran velocidad. Estaban convencidos de que si algún día conseguían ir más allá del arrecife, conocerían infinidad de cosas que jamás ninguno hubiera podido imaginar. Habían empezado a planear la construcción de una robusta embarcación que lograra atravesar el arrecife sin dificultades y fuera capaz de resistir durante largo tiempo las embestidas de aquel bullicioso mar. Cuando las reuniones finalizaban, se despedían de su viejo amigo el faro y se marchaban a casa. En algunas ocasiones parecía como si el faro deseara «arrojar luz» a cuantas preguntas y cuestiones se planteaban en aquellas interesantes reuniones. Cuando eso ocurría su luz se volvía más intensa, era entonces cuando las reuniones alrededor de aquel viejo faro cobraban mayor sentido. Aquella enérgica luz les regalaba los mayores momentos de lucidez.

La curiosidad por conocer todo lo que les rodeaba hizo que fueran avanzando en el conocimiento de nuevas cosas. Aquella forma de vivir les hacía cada día más sabios. Cada interrogación suponía un nuevo reto y cada reto una nueva meta. Sus temores jamás les apartaron de sus objetivos. Cuentan que un día lograron atravesar el arrecife de coral para adentrarse en la inmensidad del mar, que encontraron nuevas islas y nuevos faros, que jamás dejaron de sentir curiosidad por seguir explorando, dicen que esto es lo que aún les mantiene vivos.

Nadie sabe exactamente el lugar dónde se encuentra esta isla, ni tampoco si realmente lo que se cuenta en esta historia y sus personajes son solamente leyendas. Cuentan que observando el cielo estrellado se puede reconocer a los protagonistas de esta historia. También se dice que nuestro cielo está inundado de luces de viejos faros que no se cansan de alumbrar y de historias infinitas aún no desveladas.

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