¿Te comerías una momia?

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Algunos cuerpos de animales hoy extintos se han conservado momificados hasta nuestros días. Varios de sus descubridores no han podido resistir la tentación de hincarles el diente como ocurrió en el caso de un misterioso bisonte azul encontrado en Alaska. A ese magnífico animal se le conoce como Blue Babe

TEXTO POR JESÚS DAVID TAVIRA
ILUSTRADO POR JESÚS DAVID TAVIRA
ARTÍCULOS
FÓSIL
12 de Octubre de 2015

Hubo un tiempo, al que conocemos como Pleistoceno (hace entre 1,8 millones de años y 10 000 años), en el que animales formidables campaban a sus anchas por gran parte del globo terráqueo. Mamuts, bisontes, leones, tigres dientes de sable, osos de las cavernas, hienas…eran solo algunos de los pobladores de aquellos peligrosos parajes. De vez en cuando se nos abre una ventana al pasado y aparece alguno de estos animales momificado, congelado y en un estado de conservación excelente. Pero ¿cómo ocurre esto?

Todo sucede en el helado suelo de la tundra, conocido como permafrost. Comienza cuando uno de estos animales muere en una vaguada sombría donde nunca llega el Sol y a causa del frío el cadáver se deseca, quedando así momificado. Posteriormente, avalanchas de barro, muy comunes en ambientes periglaciares, sepultan el cadáver preservándolo de esta manera hasta nuestros días. Más tarde, la erosión de un río o alguna obra humana hace que afloren estos fósiles tan especiales. También hoy en día, debido al calentamiento global, el permafrost se deshiela aceleradamente, dejando al descubierto muchos de estos restos que son aprovechados por manadas de lobos. Hay muchos relatos que cuentan como también son consumidos por los hombres de los pueblos próximos.

Son famosas las momias de mamuts (Mamuthus primigenius) que han aparecido en el permafrost. La primera que se encontró fue en 1799 y una de las más conocidas fue de una cría de mamut encontrada en 1977 en el valle siberiano del río Kirgilyaj. Estos fósiles tienen un grado de conservación tan alto que permiten obtener una cantidad de información enorme. Se puede llegar a conocer incluso lo que comieron antes de morir por los restos conservados en el interior de su estómago. Ante tal estado de conservación, no es de extrañar que algunos exploradores hayan querido comprobar si sus descubrimientos eran comestibles, como por ejemplo, los expedicionarios que encontraron los fósiles de un mamut en 1901, en el río Berezovka, en Rusia. Cuentan que uno de ellos probó la carne del mamut congelado aunque no le sentó demasiado bien y eso que estudios recientes demuestran que la carne de mamut era rica en omega-3, contribuyendo al desarrollo del cerebro humano en plena evolución humana.

Quien sí se dio un buen banquete de carne de momia fue el paleontólogo Björn Kurtén, que tuvo la ocasión de degustar un estofado de bisonte de las estepas (Bison priscus) del que dijo que tenía un gusto agradable y un ligero olor a tierra. Ese bisonte era Blue Babe.

Todo ocurrió en 1976, en el suelo helado de Fairbanks (Alaska) donde unos mineros dedicados a la extracción de oro encontraron el cuerpo prácticamente completo de un bisonte que había vivido hacía 36 000 años. Presentaba un color azulado debido a que su cuerpo, una vez muerto, reaccionó con los minerales del suelo y a causa de ese color tan peculiar se le nombró Blue Babe. Debajo de esa capa azul, su carne se preservó en buenas condiciones, a tenor del festín que se dio Björn Kurtén. Varios años después de su descubrimiento, un taxidermista preservó la calavera y los huesos y trató la piel que actualmente se puede observar en la Universidad de Alaska en Fairbanks.

Blue Babe era un bisonte de las estepas, la misma especie de bisonte que podemos encontrar representada en las pinturas rupestres de las paredes de la cueva de Altamira. Eran unos animales corpulentos y robustos similares a los actuales bisontes, de los que hay dos especies, el bisonte americano (Bison bison) y el europeo (Bison bonasus). Se cree que aquellos bisontes de las estepas formaban grandes manadas y se desplazaban en busca de pastos y en esos largos viajes serían una de las presas preferidas de los grandes depredadores, como veremos a continuación, y de los humanos.

Blue Babe. La piel de la momia de Blue Babe se puede visitar en el Museo del Norte de la Universidad de Alaska.
Blue Babe. La piel de la momia de Blue Babe se puede visitar en el Museo del Norte de la Universidad de Alaska. Fuente: Wikipedia

El buen estado de conservación de Blue Babe nos permite saber que murió por el ataque de una manada de leones. Estos dejaron marcas de sus garras y colmillos en el desafortunado bisonte. Más aún, se sabe que murió en invierno porque la momia presenta pelaje invernal (más grueso que el de verano); tiene una gruesa capa de grasa, que aísla a estos animales frente al frío; los análisis de los cuernos y de los dientes revelan que el crecimiento que se produce en verano ya había terminado en esa estación y por último, los leones que mataron a Blue Babe no pudieron aprovecharlo totalmente porque el intenso frío congeló el cadáver haciendo su carne muy dura. Prueba de ello es que antes de que el cadáver helado quedara enterrado otro león intentó comer de él, pero lo único que consiguió fue partirse una muela en la dura carne. Esa muela carnicera ha sido encontrada por los científicos en el cuello de este fantástico hallazgo.

La aparición de Blue Babe reveló mucha información acerca de su especie, el bisonte de las estepas, al igual que cada una de las momias que aparecen en el suelo congelado de la tundra. Pensemos por un momento que usted es responsable de uno de estos afortunados hallazgos ¿estaría dispuesto a pegarle un buen bocado?

Referencias:

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