Distancias astronómicas: las estrellas cercanas

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Para este artículo voy a necesitar tu colaboración. Mientras lees esto, quiero que extiendas el brazo delante de ti y levantes el pulgar. Guiña primero el ojo derecho y después el izquierdo. ¿A que parece que el pulgar se ha movido?

TEXTO POR JUAN JOSÉ SÁENZ DE LA TORRE
ILUSTRADO POR NURIA TÁMARIT
ARTÍCULOS
ASTRONOMÍA | DISTANCIAS
23 de Diciembre de 2015

Este movimiento aparente, llamado paralaje, es el que emplean los astrónomos para averiguar la distancia a la que se encuentran las estrellas más cercanas. Si tu nariz fuera el Sol y el pulgar la estrella a la cual queremos medir la distancia, nuestros ojos serían la Tierra en diferentes puntos de su órbita. Midiendo la paralaje podemos calcular, de forma sencilla, a qué distancia se encuentran las estrellas.

¿Hasta el infinito y más allá? Va a ser que no

Menuda ganga, estarás pensando. Simplemente con esperar a que pase el año, los astrónomos ya pueden medir la distancia a todas las estrellas. ¡Pues no!

Si vuelves a guiñar los ojos, pero esta vez pruebas poniendo el pulgar a diferentes distancias, verás que el pulgar parece moverse más cuando está más cerca de nuestra cara que cuando está más lejano. Con las estrellas pasa lo mismo: las estrellas más cercanas presentan una paralaje mayor que las lejanas. Por tanto, para estrellas muy lejanas, como su paralaje es muy pequeña, es imposible determinar la distancia mediante este método; han de usarse otros métodos que explicaremos en los siguientes artículos de esta serie.

La paralaje es un efecto de la perspectiva conocido desde la antigüedad. No en vano, fue uno de los motivos que esgrimían algunos contemporáneos de Copérnico para rechazar su modelo heliocéntrico. Si la Tierra da vueltas alrededor del Sol —razonaban los críticos de Copérnico— ¿por qué no podemos medir la paralaje de las estrellas? Pues porque en esa época no había forma de medir los ángulos de paralaje con suficiente precisión. Hubo que esperar casi tres siglos —desde Nicolás Copérnico (1473-1543) hasta Friedrich Bessel (1784-1846)— para que pudiera medirse por primera vez la paralaje de una estrella: 61 Cygni. Cuando Bessel midió la paralaje de 61 Cygni, encontró que el ángulo era pequeñísimo: 0,314 segundos de arco. Esto es equivalente a poder medir desde Madrid la separación de los faros de un coche que esté en París. ¡Y todo con tecnología del siglo XIX!

Simplemente con esperar a que pase el año, los astrónomos ya pueden medir la distancia a todas las estrellas. ¡Pues no!

Si la paralaje de las estrellas es tan pequeña, ¿cuál es el límite? Como muchas cosas en la vida, depende; si lo hacemos desde la Tierra, las distorsiones causadas por la atmósfera hacen que podamos medir estrellas a 100 pársecs de distancia (3000 billones de kilómetros); si ponemos un satélite en órbita para librarnos de la dichosa atmósfera, podemos llegar hasta los 1000 pársecs (30 000 billones de kilómetros). El satélite Hipparcos estuvo midiendo la distancia a cientos de miles de estrellas hasta 1993 con este método.

Haciendo un poco de trampa: GAIA

GAIA es un satélite de la ESA (Agencia Espacial Europea), lanzado a finales del 2013, que pretende medir la distancia a las estrellas mediante la paralaje, con una precisión como jamás hemos visto antes. Para ello, hay que mandar al satélite a un punto muy alejado de la Tierra. ¿Cuánto es muy alejado? Aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de distancia, en un punto que se conoce como el segundo punto de Lagrange (denominado punto L2).  ¿Por qué es importante mandar la sonda a este punto? Imaginad que sois Mr. Potato y que podríais colocar vuestros ojos a cualquier distancia, más juntos o más separados. Al colocarlos más juntos y jugar a guiñar los ojos como hemos hecho al principio, el efecto de paralaje sería menor que si tuviéramos los ojos más separados. La sonda GAIA es para los astrónomos como los ojos de Mr. Potato. Al mandarla a 1,5 millones de kilómetros, estamos separando aún más los puntos desde los que observamos, lo que nos permite mejorar las medidas que ya se tienen y tomar otras nuevas de estrellas mucho más lejanas.

Decía Carl Sagan que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter que cambia la perspectiva con la que vemos el mundo. Como habéis visto, esta frase es literal para algunos astrónomos: han de cambiar el punto desde el que observan para poder medir las distancias a las estrellas más cercanas a nosotros.

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