Redescubriendo los transgénicos: plagas y malas hierbas

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Hoy en día es difícil encontrar a alguien que no tenga una opinión contundente sobre los cultivos transgénicos. Parece que la opinión está muy divida entre defensores y detractores. Yo, después de tres años estudiando estos cultivos, he llegado a la conclusión de que no todo es blanco o negro: he redescubierto el gris. 

TEXTO POR CARLA ROMEU DALMAU
ILUSTRADO POR JESÚS PADILLA
ARTÍCULOS
CULTIVOS
14 de Enero de 2016

Los cultivos transgénicos son aquellos en los que a las plantas se les han introducido genes que les dan unas características interesantes para el agricultor o el consumidor. Por ejemplo, se pueden crear cultivos transgénicos resistentes a la sequía o a diferentes plagas, o variedades que produzcan y acumulen vitaminas. En la actualidad, los cultivos transgénicos más plantados son la soja, el maíz, el algodón y la colza; y las características más utilizadas son la resistencia a los herbicidas o a las plagas (o cultivos resistentes a las dos cosas a la vez). Esta primera entrega presenta una visión general de algunos ejemplos de cultivos de este tipo y su eficacia. 

Los cultivos resistentes a herbicidas son bastante prácticos para los agricultores, ya que les permiten hacer uso de un solo herbicida (generalmente el glifosato) que elimina la mayoría de las malas hierbas pero que no daña el cultivo. Estas variedades se plantan desde finales de los años 90 en países como Estados Unidos y Canadá, y parece que los agricultores las escogen porque les hace la vida más fácil a la hora de controlar las malas hierbas. O les hacía la vida más fácil, porque como en la vida todo evoluciona, las malezas ya han desarrollado resistencia al glifosato. Cada año se descubren más especies de malas hierbas que se han vuelto inmunes a este herbicida, lo que está creando serios problemas a los agricultores. Por ejemplo, en el estado de Georgia (EEUU), hay casos de agricultores que han perdido la mitad de sus campos de algodón transgénico debido a la colonización de las malas hierbas.

El desarrollo de resistencia a herbicidas no es un problema único de los cultivos transgénicos. El uso intensivo de herbicidas en la agricultura convencional también ha provocado que un gran número de malezas se vuelvan resistentes. Pero los cultivos transgénicos resistentes a herbicidas pierden gran parte de su atractivo si las malas hierbas también se vuelven resistentes. Por este motivo, las empresas productoras de semillas transgénicas están desarrollando nuevas variedades resistentes a dos o tres herbicidas, con la esperanza de que las malas hierbas tarden mucho más tiempo en desarrollar resistencia a todos ellos. Otra opción, planteada por algunos científicos, sería lidiar con el problema de las malas hierbas integrando métodos tradicionales cómo la rotación de cultivos, la utilización controlada de varios herbicidas y la labranza. Estos métodos son más laboriosos para el agricultor, pero juntos pueden controlar las malas hierbas de forma eficaz y evitar el desarrollo de resistencia. 

Los otros cultivos transgénicos más utilizados a día de hoy son los resistentes a plagas. Seguro que algunos de vosotros/as habréis oído hablar de los cultivos Bt. Se les llama así porque el gen que se les introduce viene de la bacteria Bacillus thuringiensis. Esta bacteria es muy común en el suelo, donde produce unas proteínas insecticidas llamadas toxinas Bt, que matan a larvas de algunas especies de mariposas, polillas, mosquitos y escarabajos, y que se han utilizado como bioinsecticidas en el control de plagas desde 1920. A los cultivos transgénicos resistentes a plagas se les ha introducido precisamente el gen de esta bacteria que les da la capacidad de producir toxinas Bt, matando a la plaga cuando se alimenta del cultivo. Es importante recalcar que estas toxinas son específicas y que, por tanto, no matan a todos los insectos, solo a un grupo reducido. Por ejemplo, el algodón Bt que se planta en la India se ha modificado genéticamente para ser resistente al gusano del algodón, y el maíz Bt cultivado en EEUU se ha modificado para resistir el ataque del gusano del maíz.  De esta forma, los cultivos Bt son resistentes a la plaga más dañina pero todavía vulnerables a las plagas secundarias. Esto resulta en una reducción considerable del uso de pesticidas aunque no total, ya que todavía se necesitan pesticidas para controlar a estas plagas secundarias.

Uno de los aspectos más controvertidos de los cultivos Bt es el impacto potencial que estas variedades puedan tener sobre otros insectos que no sean plaga, con el consiguiente impacto medioambiental. Después de muchos años de investigaciones científicas, parece ser que insectos como los parasitoides, las mariposas y las crisopas pueden verse afectados por los cultivos transgénicos. Este impacto puede ser directo (si los insectos consumen el cultivo) o indirecto (si sus presas son las afectadas por la toxina).

De todas formas, más interesante sería saber si los cultivos transgénicos afectan a los insectos más que los cultivos convencionales. La respuesta, aunque resulte paradójica, es que no, ya que los cultivos convencionales utilizan más cantidad de pesticidas que los cultivos transgénicos. Además, muchos pesticidas utilizados en cultivos convencionales son de amplio espectro, lo que quiere decir que no son selectivos (al contrario que las toxinas Bt) y que matan a una gran variedad de insectos, sean plaga o no. Así pues, la mayoría de estudios científicos concluyen que en general, los insectos que no son plaga se ven más afectados en cultivos convencionales que en cultivos transgénicos. 

La mayoría de estudios científicos concluyen que en general, los insectos que no son plaga se ven más afectados en cultivos convencionales que en cultivos transgénicos

La historia no acaba aquí. Al igual que antes he explicado cómo las malas hierbas están ganando la lucha y poco a poco evolucionan y se vuelven resistentes a los herbicidas, los insectos no se han quedado atrás y también han desarrollado resistencia no solo a los pesticidas sino también a las toxinas Bt que producen las plantas transgénicas. Se sabe que al menos cinco de las trece plagas principales que deberían ser controladas por los cultivos Bt ya han desarrollado resistencia. Por lo tanto, al igual que los cultivos transgénicos resistentes a herbicidas, los cultivos resistentes a plagas están perdiendo eficacia. Las soluciones que se proponen os sonarán familiares, ya que son parecidas a las que se plantean para los cultivos resistentes a herbicidas. La opción 1 es crear cultivos transgénicos que produzcan distintas toxinas Bt y así hacerle la vida más difícil a las plagas ya que tendrían que desarrollar resistencia a varias toxinas. Estos cultivos ya están en el mercado, pero el gusano del maíz ha ganado otra vez la batalla y ya se han encontrado poblaciones resistentes a dos y tres toxinas Bt. La opción 2 consiste en integrar distintos métodos para controlar las plagas como la rotación de cultivos y el control biológico de plagas. Los cultivos transgénicos podrían formar parte de esta integración de métodos, pero se tendría que dejar casi la mitad del campo sin cultivos Bt para rebajar la presión sobre la plaga y evitar el desarrollo de resistencia.

Al igual que los cultivos transgénicos resistentes a herbicidas, los cultivos resistentes a plagas están perdiendo eficacia

Hasta aquí un pequeño resumen de la situación (en lo que respecta a la resistencia a plagas o herbicidas y su eficacia) de los dos cultivos transgénicos más utilizados a día de hoy. Quedan otros temas controvertidos por discutir que abordaré en próximas entregas. De momento, me gustaría terminar escribiendo sobre un caso concreto que pone de relieve que los cultivos transgénicos son una herramienta más a tener en cuenta cuando se quiere mejorar cultivos o luchar contra problemas determinados. Trasladémonos a África, a Uganda, al corazón de uno de los países que más plátanos produce del mundo. En los últimos años, una enfermedad bacteriana está amenazando la producción de plátanos y a la vez el cultivo que sustenta y alimenta a millones de familias ugandesas. De momento, parece que ni los métodos tradicionales ni los basados en la química sirven para controlar de forma eficaz esta enfermedad llamada marchitez bacteriana del banano. Una de las soluciones que están planteando los científicos ugandeses es utilizar plátanos transgénicos resistentes a la enfermedad. Introduciendo un gen del pimentón dulce (Capsicum annuum), estos científicos han conseguido crear plátanos resistentes y pretenden ponerlos a disposición de los agricultores de forma gratuita. Termino con este ejemplo esperanzador y a partir de aquí, os invito a reflexionar sobre los cultivos transgénicos de forma crítica. No es simple, no es blanco, no es negro; como en muchas otras cosas de la vida, quizá tenemos que redescubrir el gris.

Referencias

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