Midiendo el mundo

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El séptimo arte encuentra en el bestseller de Daniel Kehlmann «La medición del mundo» una oportunidad única para adentrarse en la vida de dos famosos científicos: el matemático Carl Friedrich Gauss y el geógrafo y naturalista Alexander von Humboldt. El guion, obra del autor del libro, arranca en la adolescencia de ambos cuando por casualidad, acabarán encontrándose brevemente en una comida ante el Duque de Brunswick. Durante el encuentro el profesor Büttner solicita una beca para que Gauss pueda estudiar y desarrollar su potencial. Tanto el guionista como el director, Detlev Buck, hacen un esfuerzo titánico en contarnos la biografía de ambos, mediante una narración en paralelo.

TEXTO POR ALFREDO MANTECA
ARTÍCULOS
CINE | GAUSS | HUMBOLDT
23 de Enero de 2016

Esta ambiciosa producción alemana fue producida y rodada en 3D, y a nuestro país llega tres años más tarde y en el formato habitual, sin precisar de gafas para su visionado. El realizador germano hace un filme que podemos considerar correcto y entretenido, sin más aspiraciones. Cierto es que ha puesto toda su profesionalidad al servicio de «Midiendo el mundo», de tal forma que la propuesta posee un alto valor estético, encuadres muy medidos, metáforas visuales tan logradas como la de la manzana que corta Gauss, sin olvidar esas transiciones que hilvanan ambas líneas biográficas. Por supuesto, el trabajo de los actores está siempre a la altura del producto. Resulta curiosa la forma en que narra y resume el viaje y llegada de Humboldt a América, toda la secuencia realizada con animación. Obviamente, la ciencia son los pequeños detalles, por eso Buck no quiere que el espectador se los pierda y nos ofrece momentos bellos a cámara rápida para que veamos, por ejemplo, cómo una mariposa sale de su crisálida.

Los problemas están totalmente relacionados con el contenido argumental del filme propuesto por el propio Kehlmann. Una vez más, ambos científicos entran dentro del estereotipo cinematográfico del que os hemos hablando largo y tendido en el Episodio 2 de Principia Magazine: personajes socialmente incapaces que siempre muestran dificultades al relacionarse con los demás y completamente obsesionados con la ciencia. Esto lo lleva el guionista al extremo al pervertir la propia biografía de Humboldt. Por ejemplo, resulta de dudosa la naturaleza de la relación descrita en el filme entre Alexander y su colaborador francés, Aimé Bonpland, siempre tirante y a la gresca, cuando todo parece indicar que debió ser mucho más amable para poder prolongarse durante tantos años.  Sin embargo, en la película, Humboldt (fiel al estereotipo) siempre antepone la ciencia a la amistad, incluso cuando Bonpland corre peligro.

Kehlmann puede que en el libro haya ironizado sobre el sistema educativo, la sociedad burguesa, la situación política, pero lo cierto es que no ha sabido encontrar un tono adecuado en la traslación a la gran pantalla de esos chistes. El resultado es que el espectador se encuentra con momentos difíciles de catalogar, porque no alcanzan el objetivo deseado por el autor. Puede que literariamente tenga sus razones al contarnos la vida sexual de Gauss para dejar claro al lector que hasta en el plano sexual eran totalmente distintos. Lo irónico es que este aspecto de la biografía de Humboldt solo se atreve a insinuarlo (al igual que la mayoría de los historiadores) en dos momentos concretos del metraje. Independientemente de estas banalidades, lo cierto es que cinematográficamente esas secuencias están fuera de tono y sus desnudos posteriores son totalmente irrelevantes para el desarrollo argumental de la narración.

Cuando los guionistas tratan de describir un descubrimiento relevante para la humanidad lo suelen reflejar de una manera entusiasta, llena de detalles, porque el científico ha logrado cambiar algún aspecto de nuestra realidad. El grave problema argumental que provoca que la calificación global de «Midiendo el mundo» descienda finalmente al aprobado raspado, es que el guionista no deja claro al espectador ni los motivos reales ni el método de esa medida del mundo. Todo parece indicar que el escritor alemán se ha tomado ciertas licencias literarias para mostrarnos dos formas de ver la ciencia. En el largometraje queda patente que para Gauss el análisis y la comprensión de la realidad es un ejercicio introspectivo, de papel y lápiz, frente al afán exploratorio de Humboldt, de bucear en la realidad y experimentar con ella. El filme refleja bien la parte biográfica de Humboldt relativa a su primer viaje por Sudamérica donde tomó infinidad de distancias y alturas y donde recolectó centenares de especímenes. En cuanto a Gauss, por ejemplo, nos muestra didácticamente su método de triangulación aplicado a la topografía, a la que acabó revolucionándola.

La cuestión pendiente radica en que el espectador, tras el visionado, precisa de una labor de búsqueda para acabar averiguando que ambos concibieron un proyecto de estudio del campo magnético terrestre a escala mundial, a iniciativa de Humboldt, de tal forma que establecieron una red de puntos de observación del campo magnético terrestre en todo el mundo con la ayuda de Wilhelm Weber. Este proyecto acabó revolucionando la Geodesia y las teorías del magnetismo terrestre. Puede que en el libro todo tenga su lógica, pero cinematográficamente acaba convirtiéndose finalmente en una mera anécdota, al no saberse explicar debidamente su fundamento ni su desarrollo, provocando la total pérdida de sentido del título «Midiendo el mundo».

Más allá de todos estos contras, podemos resumir que estamos ante un filme correcto, entretenido, visualmente atractivo, donde lo más bonito de «Midiendo el mundo» es apreciar cómo el matemático y el padre de la geobotánica poseen dos visiones de la ciencia aparentemente muy distintas, pero finalmente a ambos les une el verdadero motor de la ciencia: la curiosidad por el entorno, por la naturaleza de las cosas y por los seres vivos.

Materiales cedidos por la distribuidora Film Buró

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