La modernidad de Clémence Royer

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Tengo la sensación de que muchas veces asumimos que determinadas situaciones y problemas son específicos de esta sociedad moderna, trepidante y tecnológica en la estamos inmersos. Creo que nos equivocamos y hace poco Clémence Royer me lo demostró. 

TEXTO POR PATRICIA RODRÍGUEZ
ILUSTRADO POR IRENE DORADO
MUJERES DE CIENCIA
25 de Enero de 2016

La historia se repite una y otra vez. Es lo que pienso en numerosas ocasiones, cuando leo sobre la vida de mujeres que vivieron hace unos cuantos siglos. El otro día me pasó con Clémence Royer. Indagando sobre su biografía me vino a la cabeza este discurso que Abby Whelan, secretaria de prensa de la Casa Blanca en la serie de ficción Scandal, le suelta a su novio Leo:

«… Soy buena en mi trabajo […]. Sé tratar a la prensa y escriben sobre eso […]. Pero también escriben sobre mí. Si me pinto, voy muy maquillada. Si no, me estoy abandonando. Creen que intento volver a poner de moda los vestidos y no les gusta que repita traje, aunque mi sueldo sea el de una funcionaria. Discuten sobre el color de mi pelo. Hay blogs de moda que dicen que estoy muy flaca. […] Y también escriben sobre ti. Tu nombre aparece en todos los artículos que escriben sobre mí porque parece ser que hay una regla: cada vez que mencionan mi nombre tienen que informar al mundo de que hay un hombre que me desea. […] Dime Leo, cuando escriben artículos sobre ti ¿con qué frecuencia me mencionan? ¿Hablan de tu ropa, de tu peso o de tus piernas?... »

Clémence Royer ya se enfrentó en su día a algo parecido. La mayoría de las críticas a su trabajo eran sexistas y se debían a su condición de mujer. En algunas ocasiones, incluso a su aspecto físico. Ella, que era una persona de carácter, contestaba así:

«Solo los profesores machos tienen derecho a ser feos como Littré, macizos como Chevrault, de ganguear como Dufaure, o tener una voz chillona como Thiers. Solo ellos tienen licencia para vestir como les place, traje, chaqueta, pantalón, mientras que siempre llamará más la atención la forma o la tela de un vestido femenino que la verdad de su discurso».

Seguro que Clémence no fue la primera en esto, pero sí en otras cosas.

Clémence Augustine Royer fue una mujer ecléctica y autodidacta. Economista, antropóloga, escritora, filósofa, feminista y agnóstica. Se hizo popular por ser la primera persona que tradujo El origen de las especies de Charles Darwin al francés, aunque hizo mucho más que eso. El largo prefacio de la primera edición francesa de Clémence causó un verdadero escándalo. Se posicionó frente a Darwin de igual a igual, añadió al texto notas y observaciones personales y hasta le tachó de no ser «suficientemente audaz». Su postura era claramente anticlerical, negaba las doctrinas religiosas y discutía la aplicación de la selección natural a la humanidad. Aún y todo, cómo sería el intelecto de Clémence que hasta Darwin escribió esto sobre ella al recibir una copia de la traducción de su obra:

«La señorita Royer debe ser una de las mujeres más inteligentes y originales de Europa».

Nuestro querido y admirado Charles no tardaría en cambiar de opinión cuando, en posteriores ediciones, Clémence se negó a incluir sus matizaciones al texto, razón por la cual seguramente Darwin cambió de traductor.

Se hizo popular por ser la primera persona que tradujo El origen de las especies de Charles Darwin al francés, aunque hizo mucho más que eso

Algo que me fascina de Clémence Royer tiene que ver con su faceta de economista. En su obra Teoría del impuesto o el diezmo social propone una reforma radical y muy avanzada para su época: la instauración de un impuesto sobre la renta proporcional y progresivo, ya que los impuestos indirectos «empobrecen a los pobres» según su propia expresión. Proponía reducir las desigualdades en el siglo XIX desgravando los alimentos mientras el estado financiaba el gasto público. A mí esto me suena de algo. Será que los mensajes de la campaña electoral todavía resuenan en mi cabeza.

Clémence Royer fue una gran defensora de los derechos civiles de las mujeres. No quiero ni imaginar lo complicado que tuvo que ser eso en el año 1859 cuando aún hoy, después de lo que muchas mujeres luchadoras han conseguido para todas nosotras, tenemos que seguir peleando para conseguir llegar a una igualdad total en todos los aspectos de la vida personal y profesional. Clémence peleó contra las tácticas sociales que impedían el acceso al saber por parte de las mujeres y fomentó la educación autodidacta con los cursos públicos que ella misma impartía, como base de la enseñanza popular. Sin embargo no reivindicó el derecho al voto para el sexo femenino, ya que según ella era necesario liberar a las mujeres de la influencia de la Iglesia mediante la educación antes de poder ejercer sus derechos políticos.

Como buena feminista, no pudo decir que no a Marguerite Durand y al periódico La Fronde, un diario escrito y dirigido íntegramente por mujeres y para mujeres. En él contribuyó tanto con textos de contenido científico como social. De hecho ella fue una pionera en reconocer la influencia de la ciencia en la sociedad. No se especializó en una rama de la ciencia en concreto y no hacía distinción entre la ciencia y la filosofía. Concretamente, Clémence creía que la ciencia debía ser el fundamento de la filosofía y que ésta debía guiar a la sociedad. Este concepto social de la ciencia y el conocimiento parece muy contemporáneo y además es algo muy defendido en los últimos años por parte de algunos divulgadores. Clémence Royer se nos adelantó.

Sin embargo no reivindicó el derecho al voto para el sexo femenino, ya que según ella era necesario liberar a las mujeres de la influencia de la Iglesia mediante la educación antes de poder ejercer sus derechos políticos

A pesar de ser una mujer polémica y fuera de los cánones establecidos fue la primera en ser invitada a formar parte de la Sociedad Antropológica de París y premiada con la Legión de Honor. No solo tradujo la obra más famosa de Darwin, al que admiraba profundamente a pesar de sus críticas, sino que trabajó sobre la teoría de la evolución publicando sus propias conclusiones en el libro Orígenes del hombre y la sociedad. Clémence pensaba que «la mujer es el animal que el hombre menos conoce». ¿Cuántos a día de hoy siguen pensando lo mismo?

Clémence creía que la ciencia debía ser el fundamento de la filosofía y que ésta debía guiar a la sociedad

La modernidad de Clémence Royer está fuera de duda. Muchos de sus comportamientos los podemos ver hoy en día en otras mujeres (y también hombres) y sus reivindicaciones siguen estando de actualidad. Una vez más vuelvo a pensar que la historia se repite. O quizá es que en según qué cosas nunca terminó.

Fuentes:

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