La noche estrellada y la Revolución Científica

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En ocasiones se ha comparado la Edad Media con una noche oscura, pero estrellada, en la que existieron centros de producción artística y humanística que brillaron en medio de la oscuridad cultural y científica asociada a este periodo de la historia. Pero, ¿fue la Edad Media una época oscura y estéril para la ciencia o por el contrario, el caldo de cultivo para la Revolución?  

TEXTO POR LUIS MORENO MARTÍNEZ
ILUSTRADO POR DABIZ MOLINERO
TIEMPO MEDIO DE LECTURA: 5 minutos
ARTÍCULOS
CIENCIA | HISTORIA
24 de Marzo de 2016

Ferdinand Hoefer (1811-1878), médico y autor de textos de divulgación, historia y enseñanza de la química, dijo que nada hay tan desastroso en la ciencia como el arrogante dogmatismo que desprecia el pasado y solo admira el presente. Conocer cómo se ha construido la ciencia actual es, además de un apasionante reto para quienes investigamos en historia de la ciencia, una potente herramienta para comprender la naturaleza, los problemas y los retos de esa fascinante actividad humana que llamamos ciencia y a cuyos artífices llamamos científicos desde que Whilliam Whewell (1794-1866), profesor del Trinity College de Cambridge, introdujera dicho término en 1834. 

De todos los episodios que componen la historia de la ciencia, la llamada Revolución Científica de los siglos XVI y XVII es posiblemente uno de los más populares. Frente a una época oscura y estéril para la ciencia como fue la Edad Media, la ciencia actual se alza triunfante. ¿O no? Veamos cómo ninguna de estas dos últimas afirmaciones es cierta, a luz de los últimos estudios históricos.  

Nada hay tan desastroso en la ciencia como el arrogante dogmatismo que desprecia el pasado y solo admira el presente

El término Edad Media fue una invención de los autores renacentistas para denominar a la etapa intermedia («media») entre la Edad Antigua y la Edad Moderna, que ellos inauguraron. Comprendería así desde el siglo V, con la caída del Imperio Romano de Occidente (476), hasta el siglo XV, con la caída de Constantinopla (1453) y el descubrimiento de América (1492). La vuelta a los clásicos de los humanistas del Renacimiento llevó consigo la poca estima e incluso el olvido de muchas de las contribuciones medievales al conocimiento y entre ellas, su ciencia.

¿Hubo ciencia en la Edad Media? No y sí. En la Edad Media (como también ocurrirá en la Revolución Científica posterior) no podemos hablar realmente de ciencia tal y como la entendemos hoy en día. Si nos asomamos a la ciencia de aquellas épocas sin valorar su contexto histórico, lo primero que encontraríamos sería una amalgama de conocimiento científico en algunos puntos similar al actual (terminología a un lado) mezclado con magia, teología, metafísica… No era ciencia, era filosofía natural. Personajes tan célebres como Galileo Galilei (1564-1642) o Isaac Newton (1643-1727) no fueron, en todo rigor, científicos (sería un anacronismo, pues como hemos comentado, el término se introduce en el siglo XIX), sino filósofos naturales y su tarea era, en palabras del propio sir Isaac, «restaurar el conocimiento de todo el sistema del cosmos, incluido Dios como creador y agente siempre presente».Vemos pues cómo ciencia y religión (filosofía natural y teología) compartieron sus caminos más allá de la Edad Media.

Por tanto sí, sí hubo filosofía natural en la Edad Media. Es más, algunos historiadores de la ciencia han defendido que la Revolución Científica se erigió sobre y gracias a los pilares medievales. No obstante, respecto a la relación entre ambos periodos existen dos puntos de vista opuestos y aparentemente excluyentes. Desde quienes sostienen que los filósofos naturales medievales ya anticiparon los fundamentos de la «ciencia moderna», a quienes subrayan la brecha entre «ciencia medieval» y «ciencia moderna» por existir diferencias significativas en cuanto a metodología y a la forma de ver la naturaleza y la materia. Lawrence M. Principe, historiador de la ciencia especializado en la llamada early modern science (1500-1750), señala que la Revolución Científica implicó continuidad y al mismo tiempo, cambio.

Por tanto sí, sí hubo filosofía natural en la Edad Media. Es más, algunos historiadores de la ciencia han defendido que la Revolución Científica se erigió sobre y gracias a los pilares medievales

Un buen ejemplo lo podemos ver en el que muchas veces es presentado como padre de la ciencia moderna, Galileo Galilei. Sus estudios sobre la caída de los cuerpos (¡cuántas veces habremos calculado el tiempo que tarda un objeto en caer desde cierta altura en clase de física!) no surgieron de la nada, sino que hunden sus raíces en los principios cinemáticos que en el siglo XIV se desarrollaron en Oxford y París. Es más, tal y como nos recuerda el historiador de la ciencia David C. Lindberg, la diferencia entre cinemática (en términos actuales, el estudio del movimiento sin atender a las causas que lo producen) y dinámica  (que sí atiende a las causas del movimiento de los cuerpos) muestra la influencia que en él tuvieron los trabajos de Thomas Bradwardine (1290-1349) y Nicolás Oresme (1323-1382), hoy considerados dos célebres matemáticos y pensadores medievales. Una muestra de que aunque la «ciencia moderna» de los siglos XVI y XVII presentaba elementos novedosos (la experiencia se antepone a la autoridad de los autores clásicos, surgen nuevos espacios, nuevos instrumentos…), también recogía el legado de los filósofos naturales medievales, no siendo necesario relegar a la oscuridad a unos para exaltar a otros.

Con la Revolución Científica no nació la ciencia actual. Aún tendremos que esperar unos cuantos siglos para llegar a la (tecno)ciencia del tiempo presente. Una actividad humana que no puede olvidar su historia, valorándola en su contexto. Esperemos que así lo hagan las futuras generaciones y que las luces de la ciencia (o dado el caso, de sus futuras y desconocidas denominaciones) sigan iluminando, por muchos siglos, la oscuridad que supone todo cuanto aún desconocemos. 

Referencias

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