La escalera de la vida

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Esta es la historia de unas buenas amigas llamadas Guanina, Timina, Citosina y Adelina, perdón, siempre me confundo, quise decir Adenina. 

TEXTO POR GABRIELA FLORES RAMÍREZ
ILUSTRADO POR DAVID ULIBARRI
PRINCIPIA KIDS
ADN | MICROBIOLOGÍA
19 de Mayo de 2016

Ellas siempre dicen que llegaron en una nave espacial de una civilización muy lejana. Lo cierto es que como han pasado millones de años no hay nadie que pueda recordarlo, así que hay quien cree que hay algo de cierto en lo que dicen, y que han llegado desde el espacio exterior en un meteorito o un asteroide.

Si las encuentras tal vez puedas reconocerlas. Timina y Citosina tienen forma de hexágono, en cambio Adenina y Guanina son un poco más grandes, como resultado de la unión de un hexágono con un pentágono.

Cada una de estas cuatro amigas tiene millones de gemelas, les gusta jugar a formar escalones y armar entre todas una escalera de caracol cuyos pasamanos son muy especiales: parecen listones y están formados de azúcar.

Se unen por pares, una al lado de la otra. Las Citosinas siempre con las Guaninas porque tienen cuatro brazos, con uno se agarran al pasamanos de azúcar y con los otros tres se abrazan fuertemente entre ellas para formar los peldaños. Las Adeninas con las Timidinas hacen algo similar, solo que entre ellas se toman por dos de sus brazos. 

Viven en todas y cada una de las células de nuestro cuerpo, como, por ejemplo, en las del interior de la boca de Laetitia, una niña muy curiosa. A ella le gusta hacer muchas preguntas y experimentos poco convencionales, algunos de los cuales ha sufrido su padre. Como el día que echó aceite de girasol en la pasta de dientes y se le quedó un horrible sabor todo el día en la boca después de lavarse los dientes.

—Papá ¿hoy puedo acompañarte al trabajo?
—Sí, Laetitia. Hoy puedes acompañarme un rato al laboratorio. Me viene genial, porque —de hecho— vas a hacer un experimento conmigo. Además como quiero que conozcas a una fotógrafa muy especial, iremos al lugar donde ella trabaja.
—¿Iremos a un estudio fotográfico, papá?
—Mmm... algo así, aunque primero necesitarás poner en una caja las siguientes cosas para realizar el experimento, apunta:

-jabón líquido para lavar platos (lavavajillas)
-media cucharada de sal
-alcohol con el que desinfectan las heridas
-agua
-cuchara
-un vaso de plástico transparente
-¡muchas ganas de escupir!

—Con este último ingrediente, ¡seguro que será un experimento muy divertido! —sonreía Laetitia a su padre, mientras salían de casa.

Una vez en el laboratorio, Laetitia vestía la bata que su papá le había regalado y con la que ella se sentía como toda una científica. Tomó el papel con las instrucciones y comenzo a leer:

«Protocolo para la extracción del ácido desoxirribonucleico de células bucales para niños curiosos»

1. En una vaso añade 10 cucharadas de agua y mezcla con la sal hasta disolver.
2. Agrega cinco escupitajos, mezcla cuidadosamente.
3. Agrega 10 gotitas del jabón líquido y mezcla lentamente sin formar burbujas. Deja reposar durante 5 minutos.
4. Inclina un poco el vaso. Por sus paredes agrega 10 cucharadas de alcohol muy d-e-s-p-a-c-i-o. Observarás que se forman dos fases. La de arriba contiene el alcohol y lentamente comenzará a subir el ácido desoxirribonucleico en forma de hilos de la parte de abajo, procedente de las células rotas. 

—Papá ¿qué es el ácido desoxirribonucleico?
—Seguro que la palabra ADN, que es la abreviatura de ácido desoxirribonucleico te es más familiar. Esos hilos son el ADN de las células que recubren la parte interna de tu boca.
—Sí, claro. El ADN es lo que guarda nuestra información genética, sin él no existiríamos —decía Laetitia, que recordaba lo que su maestra de biología le había explicado.
—¡Cielos! Es un poco tarde. Agarra el vaso con el ADN y apresuremos el paso que nos están esperando para la foto.

Mientras Laetitia y su padre caminaban hacía otro de los laboratorios, nuestras amigas de la historia, las Timinas, Citosinas, Adeninas y Guaninas, empezaban a armar un gran embrollo, pues el experimento les había dejado fuera de su casa ¿Qué pasaría con ellas? ¿Adónde las transportaban? 

Al llegar al estudio fotográfico, Laetitia se quedó sorprendida. No era el típico lugar donde las paredes tienen fotografías de personas, animales o paisajes. Tenían colgado solo un par, una foto de Londres con una mujer sonriente y otra en blanco y negro, un poco parecida a una pintura de arte abstracto.

¿Qué podría significar esa foto? —pensaba Laetitia mientras la describía mentalmente.

Un círculo gris con un diamante en el centro, sus picos superior e inferior tienen un sombrero negro, parecidos al que tienen loschampiñones,como los que me he comido precisamente hoy. Dentro del diamante hay una equis formada por puntos discontinuos y con un anillo muy pequeño en su centro... 

—La llamo fotografía 51 —le interrumpió la doctora Franklin, la fotógrafa, que entraba en ese momento a la habitación—. La tomé hace 60 años ¿Qué puedes imaginar que es? 

Laetitia, con las manos dentro de los bolsillos de la bata, no atinaba a pensar qué podía ser aquel extraño dibujo. Tampoco podía imaginar que Rosalind, que así se llamaba la fotógrafa, tenía una cámara fotográfica muy especial. 

—Mi amiga Rosalind es una fotógrafa muy especial. Por eso su cámara es de rayos-X, los mismos que se utilizan cuando te toman una radiografía para observar si tienes un hueso roto. De esta manera sus fotografías son tan diferentes a las que tomamos con el teléfono móvil o con una cámara —le explicó su padre.

Rosalind Franklin observó que Laetitia seguía tratando de imaginar qué era aquello que mostraba la fotografía. 

—Te voy a dar una pista –dijo la amable fotógrafa—. Representa la molécula de la vida. Ahora observa los hilitos que tienes dentro del vaso. 

Laetitia observó el vao de plástico que tenía en las manos.

—Ah, ¿es una foto del ADN? —respondió Laetitia entre sorprendida y dudosa.
—¡Así es! Es un ADN muy muy limpio —decía Franklin mientras tomaba el ADN del vaso con un pinza y lo colocaba dentro de un tubo—. Después, con rapidez y habilidad, apretó muchos botones de la máquina ultralimpiadora, la cual permitiría tener un ADN archi-recontra limpio.

En el paso por el tubo, nuestras amigas Timinas, Citocinas, Guaninas y Adeninas —junto con sus miles de gemelas— iban deslizándose en un mini tobogán como en el que jugaba Laetitia cada fin de semana, sosteniéndose muy fuerte unas de otras, a la par que gritaban: ¡Qué rapidez, esto es muy divertido!

Al salir, lucían radiantes, abrazadas en pares, formando una escalera de caracol muy larga. Rápidamente, Franklin tomo su cámara de rayos X y escogiendo el mejor ángulo disparó. El resultado fue sorprendente: una fotografía casi idéntica a la fotografía 51, a la cual llamó la escalera de la vida.

 

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