Multiversos de pseudociencias IV: quiropraxia

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Ni el baúl de la Piquer llegó a viajar tanto en tan poco tiempo como lo estamos haciendo desde esta serie de artículos de multiversos de pseudociencias que, además, no provocan el cansancio que implica trasladarse de un lugar a otro en un medio de transporte convencional. Desde nuestro espacio preferido, aquel donde estamos más cómodos, usamos la imaginación y la lectura para trasladarnos entre estos multiversos de cartón piedra.

TEXTO POR ISIDORO MARTÍNEZ
ILUSTRADO POR JOSÉ PARADA
ARTÍCULOS
PSEUDOCIENCIA
4 de Julio de 2016

Fue precisamente sentado en su cómodo sillón, mientras escuchaba la música de una prometedora y pizpireta joven, cuando el profesor Charles Wolverton encajó todas las piezas del rompecabezas que le rondaba desde que escuchó hablar de la mecánica cuántica.

Si lograba que un objeto manifestase la superposición de sus estados independientemente del observador, existiría, al menos, en dos lugares a la vez. La pieza que le faltaba era la alteración de la velocidad de la luz, cosa que logró con un láser capaz de producir pulsos de 130 femtosegundos con una cadencia de 80 MHz. Así conseguía terminar el puzle y abrir una puerta cuántica a otra realidad.

Después de lograr que varios objetos metálicos existiesen en dos lugares a la vez llegó el momento de probar con materia orgánica. Tras su éxito con plantas, debía ser un gato (en honor a Schrödinger) quien se duplicase. Todo estaba preparado pero el gato escapó de las manos del profesor y activó la maquinaria. Wolverton fue el primer animal que experimentó el proceso.

El Playmoverso

El ensayo transcurría por completo en un laboratorio pero, al activarse sin estar todo configurado, la copia del profesor Wolverton apareció en otro lugar. Un sitio extraño que daba la sensación de estar constituido completamente por plástico.

Sus habitantes tenían la misma textura exterior que ese mundo y pudo constatar que, en efecto, tanto el planeta como los lugareños se basaban en estructuras derivadas del petróleo. Había descubierto otras formas de vida donde intervenía el carbono de un modo increíble, alejadas del concepto de vida de la Tierra.

Las dos principales razas del planeta eran los teluranos y los ultramorfos. Tenían en común una movilidad limitada al tener pocas articulaciones. Lógicamente, su forma de caminar era extraña... pero efectiva. Esto les producía frecuentes dolencias de espalda, cuello, cadera, etc., junto a las enfermedades habituales en otras partes del cuerpo. Muchos, al verle, dieron gracias a su divinidad (llamado Hansbeck y a quien consideraban su creador) por no tener codos ni rodillas.

La solución a estos problemas tenía un nombre: clickopraxia. Mediante giros y movimientos de las articulaciones (algunos de ellos bruscos y rápidos) lograban recolocar todo en su sitio sin riesgo para el paciente (una ventaja al estar hechos de plástico).

Por suerte, la copia del profesor Charles Wolverton estuvo muy alerta y se dio cuenta enseguida de que él, no siendo de plástico, no se debía someter a ese tratamiento. Fue justo cuando sus compañeros lograron deshacer el entuerto originado por el gato.

La duda que siempre quedará es si un posible daño a su doble cuántico hubiese dañado también al profesor una vez unificado.

La quiropraxia en nuestro universo

En 1895, David D. Palmer realizó en Iowa (EE.UU.) el primer ajuste vertebral. Supuestamente, el paciente recuperó la audición al desplazar Palmer una vértebra desviada de su posición correcta.

Pese a no existir pruebas de una relación de causa y efecto este, hasta entonces curandero, siguió adelante con esta práctica, fundó su propia escuela y continuó desarrollando su método, todo ello sin una base acreditable.

Como nos sucedió en otros casos, la definición de quiropraxia (o quiropráctica) no está consensuada y tampoco hay colegio oficial al que consultar. Usaremos (ahora verán por qué) la que indica la Asociación Española de Quiropráctica (AEQ) para intentar saber qué es.

De entrada la define como una profesión sanitaria, lo cual es incorrecto ya que no está recogida en la Ley 44/2003 (de ordenación de las profesiones sanitarias). Tampoco hay estudios oficiales en España.

A renglón seguido dice que se ocupa del diagnóstico. Nos detenemos de nuevo ya que el diagnóstico es un acto sanitario reservado a profesionales, por tanto se incurre por tanto en intrusismo puesto que, aunque lo realizase un fisioterapeuta, lo hace con una técnica fuera de las profesiones sanitarias.

El tratamiento y prevención de enfermedades también son actos sanitarios, pero aquí se amparan en la contradictoria regulación española donde, con darse de alta en un epígrafe concreto del impuesto de actividades económicas (IAE), se puede ejercer alguna o varias de las prácticas pseudocientíficas (como la naturopatía) sin ser requerida preparación de ninguna clase.

Según la definición de la AEQ «las alteraciones del sistema músculo-esquelético producen efectos en la función del sistema nervioso y en la salud en general». Para el inventor de la quiropraxia, tanto la médula espinal como el resto del cuerpo poseen una inteligencia innata que le dotan de una «capacidad inherente de curación».

Existiría un «predominio del sistema nervioso en relación con los demás sistemas en cuanto al control del equilibrio general del cuerpo humano u homeostasis» y continúa: «El tratamiento es fundamentalmente manual, siendo característica única de nuestra profesión el ajuste vertebral manual específico».

A los ajustes los llaman «subluxación quiropráctica» y supuestamente están «basados en la evidencia racional y empírica disponible en la actualidad».

Entre las dolencias que mejoraría están (además de dolores en cuello y espalda) las migrañas, el Parkinson, artritis, hipertensión arterial, síndrome del túnel carpiano, ansiedad, depresión... y produciría alivio del dolor en pacientes oncológicos. Y (ya puestos) mejoraría el sistema inmunitario.

Manipulaciones sin fundamento

Como habrán imaginado no existe, a día de hoy, ninguna evidencia que apoye la quiropraxia, como tampoco la hay de que una tortícolis produzca efectos negativos en un supuesto equilibrio del cuerpo produciendo otras enfermedades.

Donde quizás podría tener algo de efectividad es en la lumbalgia, pero no se han podido establecer evidencias claras de ello ni relación causa-efecto entre los postulados quiroprácticos y la posible mejora, que bien podría ser fruto de usarla junto a técnicas de fisioterapia (y por el efecto placebo).

Tampoco hay pruebas que sugieran que es un sistema de diagnóstico; los estudios realizados sobre este aspecto lo desmienten.

Conclusión: no ayuda, pero puede dañar

El mayor problema de esta práctica (junto a la ausencia de evidencia) es que puede producir daños debido a sus agresivos métodos con el cuerpo. Por ejemplo, se puede seccionar alguna arteria principal de las que pasan por el cuello. Hay que tener claro que, en pocas palabras, los quiroprácticos no saben lo que hacen.

Hay al menos 30 muertes bien documentadas  debidas a la quiropraxia,  aunque los daños producidos pueden ser mucho más numerosos y no necesariamente tan letales.

Una de sus víctimas es el actor Kevin Sorbo quien sufrió un aneurisma que le produjo tres ictus tras someterse a este tratamiento. Ahora tiene secuelas irreversibles en su visión, equilibrio, musculatura, etc.

Pese a ello, los colegios oficiales de fisioterapeutas no solo miran para otro lado, sino que ellos mismos albergan esta pseudociencia e incluso organizan y acogen cursos de esta pseudoterapia en su seno. Hay que estar, por tanto, alerta si detectamos que un fisioterapeuta nos pretende aplicar una de estas desaconsejables técnicas. 

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