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19 Agosto

Linus Pauling, singular visionario

Por Quique Royuela

El 19 de agosto de 1994 moría el bioquímico americano y doble Premio Nobel de Química y de la Paz, Linus Pauling.

Se doctoró en el Instituto de Tecnología de California (Caltech), al que estuvo vinculado toda su vida. Sus estudios en mecánica cuántica tuvieron una gran repercusión tanto en la física como en la química, ya que los utilizó en el análisis del enlace químico, trabajo por el que recibiría su primer Premio Nobel en 1954.

También realizó grandes aportaciones en el campo de la enzimología, la cristalografía y la biología molecular con sus estudios de la estructura química de compuestos de gran valor biológico como la hemoglobina, entre otros.

Gracias a estos avances en el estudio de la estructura de aminoácidos y proteínas, en 1952 Pauling propuso la hélice alfa como estructura secundaria de las proteínas. Todo un hito en una época en la que existía una gran rivalidad en el conocimiento estructural de proteínas y ácidos nucleicos.

En plena carrera del conocimiento del ADN, Pauling estuvo muy cerca de conseguir describir su estructura helicoidal pero el modelo que propuso era erróneo. Error que, por otro lado, Watson y Crick pudieron corregir gracias al acceso a las imágenes obtenidas por Rosalind Franklin y Maurice Wilkins sin el conocimiento ni consentimiento de esta.

El lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki marcaron un punto de inflexión en la vida de Pauling. Dio un paso hacia el activismo contra la proliferación de armas nucleares y firmó el Manifiesto Russell-Einstein, instando a las grandes potencias como Estados unidos, Unión Soviética y Gran Bretaña a prohibir las pruebas nucleares. En 1959 redactó el famoso documento Apelación de Hiroshima y fue este activismo político el que le llevó a ser galardonado con su segundo Premio Nobel, el de la Paz, en 1962. 

Fue un auténtico genio que, sin embargo, no estuvo exento de polémica (todavía, más de veinte años después de su muerte, hay quien no se lo perdona) por su investigación sobre la vitamina C. Calificar de charlatán o pseudocientífico a un investigador brillante con la trayectoria de Pauling sería como llamar magufo al mismísimo Newton por su dedicación a la alquimia y la teología. Pauling se equivocó con la vitamina C, pero siempre tratando de hacer ciencia.

El tipo de la sonrisa contagiosa fue un visionario singular, una mente brillante y una persona preocupada por la sociedad. Un genio al que debemos recordar, sin duda, por sus grandes aportaciones y no por sus errores.

Para saber más: Pauling, uno de los grandes de la química