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07 Septiembre

Georges-Louis Leclerc, padre del pensamiento de la historia natural

Por Quique Royuela

El 7 de septiembre de 1707 nacía en Montbard el naturalista, escritor, matemático y astrónomo francés Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon.

Abogado de formación, abandonó la tradición familiar que encaminaba su vida a la administración pública para estudiar matemáticas y medicina en la Universidad de Angers.

Portada de uno de los volúmenes del libro

Gracias a una cuantiosa herencia se instaló en París, donde conoció a Voltaire —entre otros—, para dedicarse a su pasión: la ciencia. Comenzó con las matemáticas, introduciendo el cálculo diferencial e integral en la teoría de la probabilidad. Más tarde, ya como miembro de la Academia de Ciencias de Francia (en 1734), realizó un estudio muy completo sobre las propiedades mecánicas de la madera y su uso en la construcción de buques.

Resultó una pieza clave en la transformación del Jardín del Rey (del que fue nombrado jefe en 1739) en un centro de investigación y museo, dotándolo material y de ejemplares, botánicos y zoológicos, de estudio y observación.

Sus dotes y talento como escritor le llevaron a ser invitado a formar parte de la Academia Francesa, donde su famoso Discurso sobre el estilo, en el que definía cómo debía escribirse correctamente un texto, también sirvió para que surgieran algunos enemigos, como el matemático y filósofo Jean le Rond D’Alembert, una de las cabezas visibles de la ilustración francesa, conocido por crear L’Encyclopédie junto con Diderot y por sus aportaciones sobre las ecuaciones diferenciales y las derivadas parciales.

Leclerc creó una de las obras más influyentes entre los naturalistas: Histoire Naturelle,  un tratado ilustrado  sobre la naturaleza publicado en treinta y seis volúmenes, así como un volumen adicional con notas a lo publicado. En principio, este Histoire Naturelle  iba a ser un tratado sobre los tres reinos: animal, vegetal y mineral, pero finalmente lo limitó al animal y mineral.

Armadillo
Águila
Nutria
Águila pescadora
Jirafa

Histoire Naturelle  es un tratado escrito con un estilo brillante, Leclerc –en sus primeros volúmenes– fue crítico con la utilidad de las matemáticas así como con la taxonomía de Linneo, y olvidó citar a Dios al explicar la historia de la Tierra, con lo que su obra se ganó la condena por parte de la Facultad de Teología de la Sorbona. Aunque publicó una nota en la que se retractaba no cambió una sola coma de lo publicado en sus volúmenes ofensivos.

Fue el primero en plantear el principio de la biogeografía mientras examinaba el mundo animal en su Histoire Naturelle, al notar que pese a la similitud de los ambientes las especies que habitaban las distintas regiones eran distintas. Esto se conoció posteriormente como la Ley de Buffon. Además, sugirió que determinadas especies (en particular lo observó en los cuadrúpedos) podían sufrir mejoras o degeneraciones cuando estas se dispersaban y enfrentaban a hábitats distintos al de su origen. Esta idea era totalmente revolucionaria y por ello se le considera un precursor de la teoría de la evolución de Darwin. No obstante, y a pesar de las similitudes que encontró entre simios y humanos, desechó la posibilidad de una descendencia común, contrariamente a lo que planteó el excéntrico filósofo y lingüista escocés James Burnett, también conocido como Lord Monboddo, quién postulaba que todos los simios y los humanos tenían un origen común, convirtiéndose en un precursor directo de la evolución darwiniana.

Lord Monboddo

De hecho, el propio Darwin, a partir de la cuarta edición de su obra El origen de las especies, reconoce que el primero de los tiempos modernos en hablar de la evolución de las especies en términos científicos fue Buffon, pero que como no entra en las causas de la transformación de las especies que si eso ya tal.

Como todos los revolucionarios, planteó ideas para las que no estaban preparados en aquella época, algunas más acertadas que otras. En su Les époques de la nature (1778) plantea que los planetas se habían creado tras la colisión de un cometa con el Sol, discutiendo el origen del Sistema Solar planteado hasta el momento.
También se atrevió a contradecir al arzobispo James Ussher que había establecido el origen de la Tierra en el año 4004 a. C, mientras que según los cálculos de Leclerc la edad de la Tierra era de, al menos, 75 000 años. De nuevo recibiría un burofax de la Facultad de Teología de la Sorbona advirtiéndole de sus conclusiones ofensivas y, de nuevo, tendría que retractarse para evitar problemas (todos sabemos cómo se las gastaba la iglesia del siglo XVIII).

Leclerc, monogenista declarado, defendía que el origen de los primeros seres humanos debía estar en Asia, cerca del mar Caspio (debía ser el Marina d’or de la época), dado el clima templado que favorecería la reproducción de estos primeros hombres (y mujeres, si  no complicado).

El mismísimo biólogo evolutivo (y explorador, ornitólogo, taxónomo, historiador, etc.) Enrst Mayr hablaba de la paradoja de Buffon. Pese a no ser biólogo evolutivo fue el padre del evolucionismo, cuya influencia en la ciencia está al nivel de Aristóteles o Darwin, ya que expuso cuestiones evolutivas que todavía nadie había planteado, captando a atención de la comunidad científica al respecto. Fue un precursor de la anatomía comparada, de la transmisión de características entre generaciones (herencia) con un planteamiento similar a la pangénesis de Darwin, habló de la fertilidad de las especies y planteó el concepto de lucha por la existencia.

Pero no todo fueron luces en este ilustrado. Aunque más tarde admitiría su error,  propuso una teoría un tanto peliaguda según la cual la naturaleza en las Américas era inferior a la del Viejo Mundo, con escasas criaturas grandes y potentes y personas menos viriles. La explicación a esto se debía a la influencia en las especies del ambiente, principalmente de los olores de los pantanos y a la densidad de los bosques. Indignó tanto a los habitantes del continente aludido que, según cuentan, el propio Thomas Jefferson envió a un destacamento de soldados para capturar un ejemplar de alce toro para Buffon y demostrarle así la majestuosidad de sus cuadrúpedos (e, indirectamente, la virilidad de los bípedos).

La guinda la puso cuando se juntó con el antropólogo alemán Johan Friedrich Blumenbach (creador de la antropología física) y la terminaron de liar.

Johan Friedrich Blumenbach

Propusieron que Adán y Eva eran de raza caucásica y que el resto de razas habían surgido por degeneración de la misma. Además, sostenían que esta degeneración era reversible si se controlaban las que habían provocado dicha decadencia variables (calor, frío, alimentación, etc.). De hecho, Leclerc pensaba que la reconversión racial se podía obtener en una única generación si se controlaba el clima y la dieta.

Pero estas sombras no pueden oscurecer el legado de este genio y revolucionario de la ciencia y preferimos recordarle por sus grandes aportaciones que por sus errores.