La ciencia de Stranger Things

Portada móvil

No es nada nuevo recurrir a la ciencia en películas o series para crear historias ficticias basadas en teorías científicas: Teorema Zero (Terry Gilliam, 2013), la clásica Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985) o libros como 1Q84 de Murakami o Frankenstein de Mary Shelley. La sensación de este verano ha sido el triunfo de la serie de Netflix Stranger Things, dirigida por los hermanos Duffer.

TEXTO POR MARÍA PENALVA
ILUSTRADO POR MARÍA PENALVA
ARTÍCULOS
FÍSICA CUÁNTICA | UNIVERSOS PARALELOS
19 de Septiembre de 2016

Stranger Things es una serie familiar de aventuras, con estética y buena música de los ochenta, con unos protagonistas que casi parecen los Goonies resucitados. Pero esta serie, por muy fantástica que parezca, se inspira en algunas teorías científicas. Desde pequeña, estas películas y libros me han inspirado a investigar hasta qué punto es ciencia y dónde empieza la ficción de las teorías científicas que presentan. Por eso quiero compartir con vosotros un resumen de mis averiguaciones sobre Stranger Things, pero tranquilos, que lo haré sin desvelar ninguna clave importante (para los que no la hayáis visto) y espero que de forma amena y clara.

En la propia serie hacen una referencia directa a la teoría científica en la que se apoya. Ocurre cuando el profesor, el señor Clarke, menciona la Teoría de los Universos Paralelos del físico estadounidense Hugh Everett para intentar consolar a los niños cuando su amigo Will es dado por muerto. Según les explica el señor Clarke, de acuerdo con la teoría de Everett existiría otro universo donde no habría ocurrido esa tragedia, un universo en el que Will no habría muerto. De hecho, se considera que una de las posibles entradas a estos universos paralelos serían los agujeros negros, que también aparecen (o algo similar) en la trama.

En este caso, los hermanos Duffer, directores y guionistas, parecen alejarse de la interpretación de Copenhague sobre la mecánica cuántica normal para elaborar esta historia de ciencia ficción. Introducen así la Teoría de los Universos Paralelos enunciada por Hugh Everett en 1950. En esta teoría, su autor, nos habla de cómo se crean distintos universos para dar cabida a distintas posibilidades. A priori, casi suena ininteligible, pero imaginemos una ecuación algebraica que admite varias soluciones. Según la matemática clásica solo una solución sería válida. Sin embargo, según Everett, cada solución correspondería a un universo paralelo y sería válida en él.  Siguiendo esta línea argumental, Everett nos conduce al experimento mental de Erwin Schrödinger —donde de nuevo introducen otra crítica a la interpretación de Copenhague— que utilizó para explicar la superposición de los estados de la materia en la mecánica cuántica, según el cual el archiconocido gato del experimento, antes de abrir la caja, habría un tiempo dónde el gato estaría vivo y otro dónde el gato estaría muerto. Sería un gato disfrutando simultáneamente de mundos múltiples.

Además, los Duffer nos llevan a pensar en el principio (tan físico como filosófico) de incertidumbre de Werner Heisenberg, por el cual —según los principios de la mecánica cuántica— no se puede conocer exactamente el momento y posición de una partícula o la onda asociada. Por lo tanto, desde un punto de vista filosófico dicha partícula no existiría realmente hasta que no fuese observada. En una aplicación (también filosófica) del razonamiento de Everett podríamos decir que al detectar la partícula, en ese instante, en realidad solo estaríamos observando uno de sus estados mientras que el resto quedarían ocultos a nuestra observación, es decir, supondrían universos paralelos al que nosotros hemos observado. Pero no hay que olvidar que estamos ante la interpretación de la mecánica cuántica de la década de los años veinte del pasado siglo y que desde hace muchos años existe un consenso en la comunidad científica acerca de muchas de estas cuestiones peliagudas (por ejemplo, está aceptado que cada partícula se identifica con una función de onda que es la suma de varios estados) que impedirían a Will permanecer oculto en un universo paralelo al de sus amigos.

La teoría de Everett presentaba algunos problemillas: violaba algunas de la leyes de la física y no pudo demostrarla matemáticamente. Por eso en su época fue denostada y provocó el rechazo del mundo académico. Tanto es así que Everett abandonó su carrera científica para dedicarse a ser analista y consultor.

Por otro lado, hoy en día, existen estudios, concretamente los dirigidos por el doctor David Deutsch de Oxford, que aportan sustento matemático a las teorías de universos paralelos. El doctor Deutsch fue el primero en formular un algoritmo cuántico y uno de los creadores de la Teoría de los Universos Paralelos dentro de la Mecánica Cuántica, estudios que demuestran matemáticamente que los universos alternativos serían posibles. El doctor Deutsch y su equipo nos dicen que el universo contiene infinitas bifurcaciones, creadas al dividirse en versiones paralelas de sí mismo. Es decir, que cada decisión tomada por una persona generaría un universo paralelo dependiendo de esa decisión: en una cruzas la calle, te atropella un coche y mueres. En otra no cruzas la calle y sobrevives.

De esta manera, se desmontaría la Paradoja del Abuelo, que explica la prohibición por todos conocida de no alterar el tiempo cuando viajes al pasado o futuro encontrándote contigo mismo.  Al existir muchos universos paralelos en el espacio-tiempo, nos argumenta el doctor Deutsch, habrá  un universo donde tu abuelo tendrá dos hijos, y otro universo donde tu abuelo morirá sin descendencia. Es decir, se crearán tiempos alternativos, los cuales son incompatibles con cualquier paradoja, ya que implican infinitas posibilidades. Y eso abre las puertas a las teorías del denostado Everett.

Por último, me gustaría despedirme con otro guiño a la ciencia que aparece en la serie Stranger Things cuando llaman a la niña protagonista Once haciendo referencia a la Teoría M, que explica, simplificando mucho, que existe un solo multiverso con once dimensiones.  Y nuestro universo y el resto son creados por las colisiones entre las membranas en ese espacio de once dimensiones.  Según Edward Witten, premio mundial de ciencias Albert Einstein, la dimensión número 11 sería la única que podría tocar o conectar con el resto de dimensiones. En definitiva, un nombre muy acertado para la protagonista, como descubriréis tras conocerla.

Viendo hoy en día las posibilidades de que las realidades paralelas sean matemáticamente posibles, se me ha ocurrido homenajear al Doctor Hugh Everett dibujándolo junto a parte de la panda de los chicos de Stranger Things, pero tal como serían si vivieran en un universo/dimensión conocida solo por mí.

Quiero terminar insistiendo en que no solo es una buena serie, dinámica y divertida, con su justo punto de acción y suspense, sino que también puedes encontrar algunos temas de ciencia con los que han creado una buena historia de ciencia ficción. Y lo mejor de todo es que habrá segunda temporada. 

 

Deja tu comentario!