El nacimiento de los cuidados intensivos

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Quién iba a decir que aquella fresca mañana de agosto en el hospital Blegdam de Copenhague el Dr. Björn Ibsen inauguraría una de las especialidades clínicas que ha causado más impacto en la medicina moderna. Y todo ello debido al virus de la poliomelitis.

TEXTO POR ANTONI TORRES
ILUSTRADO POR JAIME HAYDE
ARTÍCULOS
MEDICINA | POLIO | VIRUS
17 de Octubre de 2016

Era un verano clásico en Copenhague. Llovía, lo cual impedía al doctor Björn Ibsen dejar su paraguas en casa. Era anestesiólogo y aquella mañana se había levantado preocupado por la epidemia de poliomielitis que estaba azotando la ciudad. No podía dejar de pensar en ello mientras sorbía su café en la cocina y ojeaba el Berlingske, su diario preferido. Mientras leía las últimas noticias que llegaban sobre los daños de unas terribles inundaciones acaecidas aquel agosto de 1952 en el sur de Inglaterra que habían acabado con la vida de treinta y cuatro personas pensó de nuevo en aquella poliomielitis que se presentaba con muchos enfermos sufriendo parálisis respiratoria, lo que la hacía todavía más mortal. Solo durante las seis primeras semanas de la epidemia, de los treinta y un pacientes que habían llegado con insuficiencia respiratoria veintisiete habían fallecido. Unos números sin duda inaceptables.

La poliomielitis está causada por la infección del virus de la polio. En principio es una infección que afecta al intestino y que da unos síntomas parecidos a la gripe, pero en un 1% de los casos afecta también al sistema nervioso, pudiendo acabar con la parálisis de algunos músculos. Si estos músculos son responsables de la respiración, se produce la parálisis respiratoria y si no se atiende al paciente la muerte. Mientras pensaba esto, la lluvia seguía cayendo de manera constante contra el cristal, empapando las innumerables torres en forma de aguja que atravesaban aquel cielo interminable y plomizo de Copenhague.

El jefe de servicio del Hospital Blegdam se había acercado aquel final de agosto. Estaban desesperados y necesitaban el consejo de alguien como Ibsen, con experiencia en la ventilación mecánica. El hospital contaba con ocho equipos de este tipo y los doctores se encontraban en demasiadas ocasiones con el dilema de tener que elegir con quien usarlos, decisión que dejaba a los rechazados en el peor de los escenarios.

Ibsen había estado observando a varios pacientes durante el fin de semana y su afán por encontrar una solución le había llevado a realizar la autopsia a cuatro de los fallecidos por poliomielitis. Evidentemente, no había sido una tarea agradable pero pudo observar que los pulmones de los fallecidos no estaban lo suficientemente colapsados como para evitar la correcta ventilación. También observó unos niveles anormalmente altos de dióxido de carbono en la sangre, lo que indicaba que la causa de la muerte era una insuficiente ventilación y no la cantidad de virus en la sangre, que era la teoría imperante en aquel momento.

Ibsen se levantó la mañana del lunes 27 de agosto de 1952 con la epidemia en la mente. Aquella mañana fresca de agosto enfiló las calles de Copenhague hacía su trabajo. La ciudad se desperezaba lentamente y volvía amodorrada poco a poco a la actividad semanal. Al llegar al hospital, el jefe de servicio le estaba esperando con el caso de Vivi E., una paciente de doce años que había sido ingresada la tarde del domingo con los síntomas de aquella terrible epidemia. Vivi presentaba sus dos piernas y brazos paralizados, además de una parálisis parcial en sus músculos respiratorios. Estaba azul (signo de que le faltaba oxígeno) y fría. La situación era crítica y había que actuar de manera urgente. El equipo de especialistas la observaba mientras se le realizaba una traqueotomía. Pero aquella intervención duró demasiado y la joven perdió la conciencia mientras luchaba por respirar, a lo que Ibsen respondió ventilando sus pulmones manualmente. Este le administró 100 mg de un barbitúrico para poder relajar sus bronquios, pero sin saberlo indujo el coma a la paciente. El equipo de Lassen empezó a dejar la sala con la cabeza baja ante los intentos desesperados de Ibsen por reanimar a Vivi. Pero la chica empezó a relajar su musculatura a causa del barbitúrico mientras Ibsen era capaz de extraer el exceso de mucosidad de sus pulmones.

Poco a poco, sus colegas fueron volviendo a la sala, atónitos ante lo que estaban observando: Ibsen seguía ventilando manualmente a la chica mientras el color de piel de esta cogía una tonalidad rosada, muy alejada de aquel color cianótico del principio. Ibsen tenía una amplia sonrisa en su cara. Su teoría era cierta y el tratamiento estaba funcionando. Fue capaz de demostrar que el problema eran los elevados niveles de dióxido de carbono en la sangre y que los síntomas observados en los pacientes de polio que presentaban parálisis respiratoria eran debidos a esto. Pero a causa de un exceso de ventilación los niveles de CO2 en sangre de Vivi disminuyeron a niveles peligrosos, entrando esta en shock. Ibsen lo solucionó administrando transfusiones a la chica.

A los tres días, esta metodología se estaba aplicando a todos los pacientes de poliomielitis ingresados en el hospital Blegdam que presentaban problemas respiratorios. Ante la falta de equipos mecánicos de ventilación usaban equipos manuales para este fin. Debido a que el número de pacientes aumentaba día tras día, se vieron obligados a contratar a estudiantes de medicina que hacían turnos de ocho horas administrando manualmente aire a los pacientes. Sin saberlo, Ibsen acababa de inaugurar el primer equipo de cuidados intensivos del mundo. Así, después de más de sesenta años, podemos decir que el Dr. Ibsen sigue salvando vidas.

Referencias 

Sénélar L. The Danish anaesthesiologist Björn Ibsen a pioneer of long-term ventilation on the upper airways Frankfurt am Main (Germany) Johann Wolfgang Goethe-University; 2009.

 

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