Moscas que no son lo que parecen

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Hace unos años fue noticia el hallazgo en Kenia de una mosca que parecía una araña peluda. Fue hallada en una cueva donde habitan cientos de murciélagos. Aunque tiene un par de pequeñas alas no puede volar y su aspecto es tan extraño que hay quien duda de si realmente pertenece al grupo de las moscas.

TEXTO POR MERCEDES SACRISTÁN SOLETTO
ILUSTRADO POR IÑAKI BELLVER
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DÍPTEROS | INSECTOS
3 de Noviembre de 2016

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Esos insectos que conocemos popularmente como moscas, de color negro y con grandes ojos, nos dan muchas sorpresas cuando les prestamos un poco de atención. Ni todas son negras, ni de cuerpo rechoncho, ni de alas transparentes. Nos atrevemos a decir que el lector ha creído ver, a veces, abejas y avispas donde solo había moscas. No es de extrañar si pensamos que en solo la porción del planeta representada por la península ibérica se estima que hay más de siete mil especies de moscas.

Hay un grupo de moscas, la familia Bombílidos, cosmopolita donde las haya, poblando el planeta con más de 5000 especies que se pueden caracterizar por mostrar una enorme variedad de formas y tamaños. Son conocidas como moscas abejorro, ya que muestran un cuerpo robusto con abundante pelo espeso, aunque con patas largas y finas, y con una coloración que recuerda a abejas y abejorros. Algunas especies pueden ser confundidas —y con mucha razón, como veremos a continuación— con avispas o abejorros (que no son dípteros sino himenópteros), como es el caso del género Bombus.

Nos atrevemos a decir que el lector ha creído ver, a veces, abejas y avispas donde solo había moscas. No es de extrañar si pensamos que en solo la porción del planeta representada por la península ibérica se estima que hay más de siete mil especies de moscas.

Los bombílidos son muy abundantes en regiones secas o desérticas. Las moscas adultas se alimentan de néctar y polen, mientras que las larvas parasitan o se alimentan de otros insectos, como saltamontes, abejas y avispas.

Himenóptero del género Bombus. En este ejemplar puede apreciarse una masa anaranjada compuesta por el acúmulo de polen en la corbícula (parte posterior de la tibia) del insecto. Créditos: Enrique Royuela
Himenóptero del género Bombus. Créditos: Enrique Royuela

Entre las conocidas vulgarmente como moscas de las frutas (no confundir con la mosca común de la fruta del género Drosophila), agrupadas en una familia bajo el nombre científico de tefrítidos, con más de cien especies en la península ibérica, hay algunas que muestran un diseño corporal de colores que las convierten en imitadoras de avispas.

Otra familia, esta denominada Tachinidae (o taquínidos), reúne a moscas muy activas, casi todas parecidas a la mosca común. Sin embargo, algunas de ellas tienen el aspecto de avispa, otras de abejas meliponinas (abejas americanas sin aguijón). Los taquínidos más grandes son de cuerpo duro y peludo, y muchas veces de color vistoso, pudiendo tener el abdomen anaranjado, azul o amarillo con el extremo final negro.

Entre las moscas más bonitas y más sorprendentes están los sírfidos, conocidos también como moscas de las flores o moscas cernidoras, por su capacidad para quedarse suspendidas en el aire. Sus cuerpos pueden medir desde 4 mm de longitud hasta más de 2 cm, con colores como el amarillo o anaranjado brillante, negro o gris oscuro. Algunas de estas moscas exhiben tonos iridiscentes y muchas de ellas imitan a avispas (eso sí, sin aguijón ni mandíbulas venenosas) y son excelentes polinizadoras de plantas. Con mucha curiosidad y un poco de cuidado podemos aprender a distinguirlas fácilmente, sin necesidad de tocarlas. Si al fijarnos en ellas vemos que poseen ojos grandes que se juntan en la zona dorsal (superior) de la cabeza o están muy próximos entre ellos, entonces sabremos que estamos mirando una mosca y no una avispa. Un sírfido fácil de ver en primavera, incluso en el medio urbano, es Sphaerophora scripta, que poliniza plantas como la alfalfa, el espliego, la menta o el orégano, entre otros.

Entre las moscas más bonitas y más sorprendentes están los sírfidos, conocidos también como moscas de las flores o moscas cernidoras, por su capacidad para quedarse suspendidas en el aire.

Sphaerophora scripta. Créditos: Mercedes Sacristán

Hace entre 145 y 72 millones de años, en el Cretácico, no existían todavía mariposas ni abejas pero sí moscas (y dinosaurios), y la mayoría de los ecosistemas terrestres estaban dominados por plantas gimnospermas, que se caracterizan porque no producen flores, como los pinos. Recientemente, se ha encontrado en Cantabria, en el yacimiento de El Soplao, unas moscas de la especie Buccinatormyia magnifica atrapadas en ámbar que muestran una larga trompa muy especializada para la polinización de gimnospermas y que vivieron hace unos 105 millones de años.

En la imagen puede apreciarse la larga probóscide (trompa) del ejemplar encontrado en las cuevas cántabras de El Soplao. Créditos: Elsevier Inc.

Además de avispas, abejas y abejorros, otros insectos son imitados por las moscas. Por ejemplo, las polillas. Existen unas moscas muy pequeñas, de cuerpo diminuto y con las alas cubiertas de vello que pueden ser confundidas con mucha facilidad con polillas, que también son insectos, en concreto, mariposas o lo que es lo mismo: lepidópteros. Estas moscas forman la familia psicódidos.

Pero si existe alguna mosca realmente curiosa es aquella que imita al cuerpo de una araña. Esta se lleva el premio a la originalidad puesto que se sale de su orden taxonómico para copiar un modelo que, aunque es un artrópodo como ella, no es un insecto sino un quelicerado, que tiene ocho patas (no seis como las moscas y todos los demás insectos) y carece de antenas y de alas. Es decir, que cualquier parecido es pura coincidencia.

Y como la naturaleza es muy diversa pues se conocen moscas parásitas de mamíferos que han perdido las alas y su aspecto recuerda a una garrapata, que tampoco es un insecto sino un arácnido (un quelicerado).

Para finalizar, con el nombre de mosca escorpión se conoce a un insecto que tiene cuatro alas alargadas. Pero que no nos confunda su nombre, ya que no es una verdadera mosca, sino que pertenece al grupo de los mecópteros, que se reconocen porque tienen la cabeza alargada hacia abajo en un pico. El apodo de «escorpión» se lo gana porque en los machos del grupo (solo ellos) la parte final del abdomen termina en una pinza, levantada sobre el cuerpo, al modo de los auténticos escorpiones. En cambio, este insecto es totalmente inofensivo a pesar de su apariencia.

En este ejemplar de mosca escorpión de la especie Panorpa japónica puede apreciarse con claridad la pinza que le asemeja a un escorpión. Créditos: Wikimedia Commons

Así que, como veis el mundo de las moscas es mucho más curioso de lo que pudiese parecer a priori. El mundo de las apariencias, el camuflaje y el mimetismo alcanza bellas cotas en este numeroso grupo de insectos que también contribuye a la belleza de nuestros paisajes, incluyendo a los urbanos.

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