El sabor de las lágrimas

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En ocasiones dulce, en ocasiones amarga, me deslizo, por tu piel resbalo y conmigo llevo los momentos que en mí se pueden ver reflejados, como un brillo, cóncavos, bajo la atenta mirada del espejo sobre aquel en el que te estás mirando. ¿Y qué soy yo más que fruto de una emoción, un deseo? Fruto de ese momento tan lleno de sensaciones tan distintas, tan iguales...

TEXTO POR MARTA ISABEL GUTIÉRREZ
ILUSTRADO POR PABLO NOIA
ARTÍCULOS
NEUROCIENCIAS | OFTALMOLOGÍA | QUÍMICA
10 de Noviembre de 2016

Casi fui lo primero en salir, junto contigo, de aquella cueva maternal en la que nos hallábamos. Casi fui lo más esperado junto con el canto tan ruidoso de tus cuerdas vocales. Y mírate ahora, años después, a veces te sonrojas, a veces te escondes, a veces te enfureces y a veces incluso escuchando una canción eres capaz de hacer que recorramos hasta el más escondido rincón de tus mejillas.

Pero hoy no estás solo frente al espejo, riéndote de nuevo, a carcajada limpia y contándonos con los dedos de tus manos para después colorear tu cara. No. No dejes de reír, pues incluso aunque a veces duela, aunque a veces no seamos bienvenidas, somos necesarias. Y hoy, ya que estás aquí, frente al espejo, sonriente, dispuesta a escuchar, voy a contarte nuestro secreto. 

Bien es conocido el camino que tenemos aunque a menudo nos solemos desviar, pues nacemos en una glándula, junto al ojo y desembocamos en una fosa nasal. Pero si por algún motivo este camino se obstruye, o como un torrente después de una tormenta somos muchas las que queremos recorrerlo, no solo no vamos a poder, sino que al igual que hoy, humedeciendo tu rostro de nuevo, vamos a formar un riachuelo que recorrerá tu sonrisa, en esta ocasión, o tu desdicha en muchas otras. No nacemos para quedarnos eternamente, nuestra vida es muy corta pero somos esenciales. Enfermedades como el síndrome de Sjögren, la artritis reumatoide, la deficiencia de vitamina A… pueden provocar el mal funcionamiento de nuestro nacedero y causar xeroftalmina, término que procede del griego xerós (seco) y ophthalmós (ojo), es decir, el conocido como síndrome del ojo seco.

Nacemos en una glándula, junto al ojo y desembocamos en una fosa nasal. Nuestra vida es muy corta pero somos esenciales.

Y es que una de nuestras principales funciones es la de lubricar los ojos, el espejo del alma, el órgano a través del cual ves y te pueden ver, conoces y te pueden conocer, el órgano que te ha permitido poder recordar todo aquello por lo que hoy estás sonriendo frente al espejo. Además, somos capaces de distribuir el oxígeno mediante el parpadeo para permitir que las células de los ojos también respiren, esa es nuestra función metabólica. No nos conformamos solo con eso, sino que en nuestro interior llevamos, entre otros componentes, lisozima y gammaglobulina que rompen la pared de las bacterias, luchando contra ellas para impedir que entren en la fortaleza medieval que es tu cuerpo. Tenemos una función como barrera protectora. Y por último, un secreto más: ¿no has notado que cuando tienes los ojos más resecos tu visión cambia levemente? También tenemos una función óptica, juntas formamos una y otra vez una película sobre tu ojo que actúa como una lente ¡para que puedas ver mejor!

Una de nuestras principales funciones es la de lubricar los ojos, el espejo del alma, el órgano a través del cual ves y te pueden ver, conoces y te pueden conocer, el órgano que te ha permitido poder recordar todo aquello por lo que hoy estás sonriendo frente al espejo.

Mientras trabajamos en todo esto, tú, ajena a ello, disfrutas de tu día a día, pues estamos siempre ahí sin que te des cuenta. Somos fieles compañeras, en lo bueno, en lo malo, cuando duermes y cuando estás despierta, pues al cubrir la esfera ocular también la protegemos de la luz solar, absorbiendo parte de la luz ultravioleta, humedecemos los conductos que van hasta las fosas nasales y con el parpadeo conseguimos expulsar algún que otro inquilino que quiere colarse de vez en cuando, ¿te acuerdas la guerra que te dio aquella vez ese mosquito?

Ahora sí, yo soy diferente a todas ellas. Después te cuento un poco más de mí y de mis compañeras, pero primero voy a seguir con las primeras. Se llaman lágrimas basales, presentes en los mamíferos y en un período de veinticuatro horas puedes llegar a generar entre ¡0,75 y 1,1 gramos de ellas! Aunque este dato varía con la edad y la persona. Básicamente, se componen de agua, mucinas, lípidos, enzimas, glucosa, glicoproteínas, urea, sodio y potasio, entre otros elementos. Parece mentira que algo tan pequeño tenga tanta química ¿verdad? También están las lágrimas reflejas, que aparecen cuando algún agente extraño entra en contacto con tus ojos o cuando alguna sustancia irritante hace de las suyas. Por ejemplo, ¿qué le pasa a tus ojos cuando preparas un rico plato con cebolla? Pues que parece que esa cebolla era lo único que tenías por casa y no querías deshacerte de ella de esa manera. Pero ¿por qué salen mis compañeras, las lágrimas reflejas, a hacerte esa labor todavía más difícil? La respuesta es muy sencilla. Al partir la cebolla con el cuchillo estamos permitiendo que los compuestos químicos que producen la sustancia irritante que nos hace llorar corran a su encuentro para abrazarse y reaccionar, en ese mismo instante. Este es un mecanismo de defensa que tienen las cebollas para evitar que sean engullidas por los animales, y claro, cuando quieres cocinar algo con ellas, este gas se junta con el agua de la película que forman mis compañeras basales en tus ojos, se descompone y forma otras sustancias como el ácido sulfúrico que te hacen llorar aún más. ¿Menuda locura verdad? Aunque me temo que la cebolla suele perder en la mayoría de las ocasiones…

Al partir la cebolla con el cuchillo estamos permitiendo que los compuestos químicos que producen la sustancia irritante que nos hace llorar corran a su encuentro para abrazarse y reaccionar, en ese mismo instante.

Finalmente, aquí estoy yo, aquí estamos nosotras, lágrimas psíquicas o emocionales, en ocasiones dulces, en ocasiones amargas, deslizándonos, por tu piel resbalando y llevando con nosotras los momentos que recuerdas, bajo tu atenta mirada reflejada en el mismo espejo de la misma habitación en el que llevas mirándonos desde hace años. La tensión emocional ha hecho que de nuevo volvamos a aparecer, volvamos a vernos, como suele ser habitual en estos últimos años. A veces te preguntas por qué al luchar, por qué al huir no aparecemos y es que es justo en esos momentos cuando el sistema nervioso simpático nos impide el paso. Pero cuando liberas toda esa tensión, en esos momentos de profunda tristeza o profunda alegría de nuevo aparecemos, coloreando tu cara, acompañadas de una leve tos y algo de moqueo. Ahora ya sabes por qué, ya sabes nuestro secreto. Nuestra composición es algo diferente, dicen los científicos. Tenemos más presencia de hormonas que en las lágrimas basales o reflejo, algunas de las cuales actúan como analgésico natural y estamos controladas por el sistema nervioso parasimpático y los niveles del neurotransmisor acetilcolina (entre otros), es decir, que las emociones estimulan las glándulas lacrimales y nos hacen aparecer.

Tenemos más presencia de hormonas que en las lágrimas basales o reflejo, algunas de las cuales actúan como analgésico natural.

Hoy mi camino ya termina, vendrán más, quizás no detrás de mí, tan seguido. Ni siquiera sé cuándo, puede que mañana. Lo que sé seguro es que volverás a estar aquí, frente al espejo, saborearás de nuevo tus mejillas pero esta vez no habrá lágrimas dulces ni amargas, solo saladas, pensarás, en todos nuestros componentes, en la razón de que estemos allí, al menos una vez, hasta volver a pensar en el sabor de tus recuerdos. 

Referencias 

—Ashok, Garg. et al, 2006, Ojo Seco y otros Trastornos de la Superficie Ocular, Editorial Médica Panamericana S.A.
—Parra, S. ¿Cuál es la función de llorar? Las lágrimas emocionales tienen una composición distinta a las lágrimas que lubrican el ojo. Xataka Ciencia.

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