Kiyoshi Shiga, el samurái del siglo XIX

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La shigelosis en una de las enfermedades entéricas más transmisibles que existen. De hecho, la naturaleza altamente infecciosa de esta patología la convierte en un gran reto de salud pública y en la investigación básica, no solo en epidemiología. Kiyoshi Shiga fue el descubridor de la bacteria responsable: Shigella dysenteriae

TEXTO POR QUIQUE ROYUELA
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BACTERIOLOGÍA | DISENTERÍA | KIYOSHI SHIGA | MICROBIOLOGÍA | SHIGELLA | SHIGELOSIS
25 de Enero de 2017

Los samuráis fueron sirvientes de los clanes militares bajo las órdenes del shōgun. Estas élites militares anduvieron enzarzadas en guerras con el objetivo de gobernar Japón desde el siglo X, y han sido retratados en el cine y las novelas como auténticos guerreros.

Y eso es lo que fue Kiyoshi Shiga (nacido Kiyoshi Satō): un guerrero que luchaba con el objetivo de restaurar la paz en un Japón asediado por una enfermedad, la disentería (un tipo de gastroenteritis), que en la última década del siglo XIX afectó a casi 100 000 personas y acabó con la vida de entre 20 000 y 30 000 personas (según distintas fuentes).

Retrato del bacteriólogo Kiyoshi Shiga
Retrato del bacteriólogo Kiyoshi Shiga

Curiosamente, este samurái moderno era hijo del administrador de algunos de los clanes samuráis más importantes del antiguo régimen de Sendai, capital de la isla Honshu, bajo la prefectura de Miyagi (sí, como el maestro de Karate Kid interpretado por el actor Noriyuki Pat Morita). Sin embargo, perdió su posición durante la Restauración Meiji, el proceso de transición en el que el shōgun Tokugawa leyasu redujo los privilegios de las clases guerreras y el emperador recuperó su papel como gobernante. Esto afectó a la economía familiar de tal manera que Kiyoshi tuvo que criarse con la familia materna, adoptando ahí como apellido Shiga, el de soltera de su madre.

Con su traslado a Tokio pudo retomar sus estudios, matemáticas y alemán entre otros, y entró en la Facultad de Medicina de la Universidad Imperial de Tokio en 1892. Siendo un joven estudiante, acudió a la conferencia de Shibasaburo Kitasato —un eminente microbiólogo que anduvo bajo la tutela de Robert Koch y que había conseguido aislar y cultivar Clostridium tetani, causante del tétanos, resultando fundamental en los estudios para el desarrollo de la vacuna— y quedó absolutamente impresionado, tanto que decidió ingresar en el Instituto de Enfermedades Infecciosas (institución dirigida por Kitasato) tras su graduación.

Imagen del bacteriólogo Shibasaburo Kitasato
Imagen del bacteriólogo Shibasaburo Kitasato 

En sus inicios como investigador en el área de la microbiología y en particular de la bacteriología fue asignado a proyectos sobre tuberculosis y difteria pero en 1897 dirigió sus esfuerzos a la investigación de un brote de disentería que azotaba Japón con furia desde 1875 y cuyo responsable estaba aún por descubrir. Una disentería que estaba considerada en aquella época como la enfermedad mas temida entre los niños por su letalidad.

Shiga se dedicó al estudio de las muestras de pacientes que habían sufrido disentería, siguiendo —como no podía ser de otra manera— los postulados del shōgun de la microbiología Robert Koch. Así, consiguió aislar de las heces de los pacientes un bacilo que resultó negativo en la tinción de Gram (y se aglutinaba al ser expuesto al suero de los pacientes, hecho que resultó altamente interesante) y que causaba los mismos síntomas cuando era administrado a animales que los manifestados por los enfermos de disentería. Ya estaba: había descubierto al causante de la disentería, al que inicialmente se denominó Bacillus dysenterie pero que tras varias revisiones acabó creándose el género Shigella (en su honor), y a este primer miembro descubierto por Shiga se le denominó Shigella dysenteriae.

Imagen al microscópio de Shigella dysenteriae
Imagen al microscópio de Shigella dysenteriae

Aparte, Shiga consiguió descubrir que este organismo era capaz de producir determinados factores tóxicos, en particular lo que se conoce como la toxina shiga, una familia de moléculas (que también producen otros microorganismos como la temida Escherichia coli O157:H7) que, básicamente, detienen el proceso de síntesis de proteínas de la célula a la que afectan, lo que básicamente y en términos de biología molecular se denomina liarla parda

A pesar de que Shiga continuó investigando para el desarrollo de una vacuna contra la disentería, fue un gran defensor de las políticas de salud pública para el control de las enfermedades entéricas.

Su reputación internacional le llevó a ser asistente de investigación de Paul Ehrlich (bacteriólogo alemán, ganador del premio Nobel de Medicina en 1908) en el Institut für Experimental Therapie de Fráncfort, con quién entabló una gran amistad (y del que escribió su biografía en japonés). Regresó a Japón, y como buen samurái, cuando el gobierno quiso reestructurar el Instituto de Enfermedades Infecciosas y su amigo y maestro Kitasato dimitió a modo de protesta, este le siguió para ayudarle a crear el Instituto Kitasako, una institución que permanece abierta hoy en día y donde Shiga fue nombrado director de división. 

Instituto Kitasato
Instituto Kitasato

Después de aquello, fue profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Keio en Tokio, director del hospital nacional de Seúl (sí, en Corea, que en aquella época era colonia de Japón), decano de la Facultad de Medicina en la Universidad de Seúl, y vuelta al Instituto Kitasato en 1931 para continuar con sus investigaciones, año en que muere su sensei Kitasato. En su reconocimiento, Shiga compuso la siguiente caligrafía: «Sigue el espíritu del mentor, no sus pasos».

Caligrafía de Kiyoshi Shiga
Caligrafía de Kiyoshi Shiga

Esta frase resume lo que fue su impecable trayectoria científica y académica, en la que bajo la tutela de gigantes de la microbiología supo crearse un nombre propio, reconocido por sus propios méritos, dejando un legado de cómo se puede alcanzar el reconocimiento con un trabajo sencillo, honesto y altamente creativo. El camino de quien fue embajador de buen voluntad en plena Segunda Guerra Mundial y los años que le siguieron hasta su muerte con 85 años.

Más de cien años después del descubrimiento de Shigella dysenteriae, todavía siguen muriendo cientos de miles de personas en todo el mundo, principalmente niños en países subdesarrollados (dejémonos de pamplinas, lo de en vías de desarrollo no cuela, sobre todo porque hay a quienes no interesa que se desarrollen) y refugiados. Por eso, quiero terminar con el discurso que ofreció Kiyoshi Shiga como invitado de honor en la celebración del tercer centenario de la Universidad de Harvard: 

«El descubrimiento del bacilo de la disentería agitó mi joven corazón con la esperanza de erradicar la enfermedad. Muchos miles de personas todavía la padecen cada año, y la luz de la esperanza que una vez ardió con tanta intensidad se ha desvanecido como el sueño de una noche de verano. Este fuego sagrado no debe quemarse».

Artículo en memoria de Kiyoshi Shiga, bacteriólogo (y guerrero) japonés (7 de febrero de 1871- 25 de enero de 1957), un maestro de maestros, un ejemplo a seguir.

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