#EfeméridesPrincipia

01 Febrero

Detector de mentiras

Por Javier Díaz-Romeral

El día 1 de febrero de 1935, el detective Leonarde Keeler presenta el primer detector de mentiras. Al día siguiente, este se utilizaría en un juicio y los datos obtenidos serían utilizados como prueba acusatoria.

Keeler comenzó el desarrollo de su invención mientras trabajaba como agente en la policía de Berkeley a raíz de conocer el trabajo de su compañero y estudiante de medicina John Larson, que había desarrollado un dispositivo que medía la presión arterial y la respiración mientras que las registraba en papel. Keeler mejoró el dispositivo para registrar también la conductividad galvánica de la piel y el pulso, además de añadir un registro mejorado en papel continuo. Este fue el primer prototipo de polímetro que se terminó fabricando en masa.

Esquema del polígrafo. U.S. Patent 4,333,084

El detector de mentiras se basa en la idea de que las respuestas fisiológicas que damos son distintas según estemos diciendo la verdad o mintiendo, y que a través de controlar valores como el pulso, la presión arterial o la frecuencia respiratoria se pueden determinar nuestras intenciones puesto que nuestro nivel de ansiedad variará si mentimos ya que, de otra manera, si no mentimos, ¿por qué iba a modificarse nuestra respuesta fisiológica respecto de un estado normal?

Una sesión típica del polígrafo comienza con una entrevista previa donde el entrevistador se ocupa de realizar una serie de preguntas de control al interrogado. En esta entrevista se le trata de mostrar (convencer) del buen funcionamiento del dispositivo, indicando que es capaz de detectar mentiras y que por ello conviene contestar con la verdad a las preguntas que se le realicen tanto durante la sesión de control como en la sesión real. La entrevista de control puede durar varias horas, por lo que las preguntas van más allá que preguntar sobre el nombre o el tiempo, llegando incluso a hacer mentir deliberadamente al entrevistado para obtener valores que se usarán como controles del verdadero test. Una vez el entrevistador considera que cuenta con el suficiente conocimiento sobre las variaciones de los parámetros fisiológicos anteriormente comentados del interrogado comienza el test, donde además de realizar las preguntas relevantes sobre el tema en cuestión que ayuden a determinar o no si el sujeto dice la verdad, también se siguen realizando preguntas de control.

En definitiva, el polígrafo trata de medir variaciones, generalmente aumentos, en las funciones fisiológicas indicadas anteriormente, causados como respuesta innata ante diferentes preguntas. Pero estas subidas pueden no estar causadas únicamente por una ansiedad derivada de la mentira, lo que hace que estos tests no sean infalibles (y en muchas ocasiones ni siquiera fiables) y desde su puesta en marcha han tenido gran número de detractores. De hecho, la Academia Nacional de Ciencias estadounidense, a través de un estudio realizado en 2003, determinó que existe una falta de evidencia científica que determine que la variación de las reacciones fisiológicas esté relacionado únicamente con mentir y que muchos de los resultados están determinados por la implicación emocional del propio examinador —que no consigue ser parcial— en todos los casos.

La Academia Nacional de Ciencias estadounidense, a través de un estudio realizado en 2003, determinó que existe una falta de evidencia científica que determine que la variación de las reacciones fisiológicas esté relacionado únicamente con mentir y que muchos de los resultados están determinados por la implicación emocional del propio examinador.

Además, el propio interrogado puede tratar de engañar al dispositivo por diferentes métodos, como puede ser alterar las respuestas a las preguntas de control en la sesión previa o alterar deliberadamente las funciones fisiológicas ante cada respuesta y que todas parezcan similares (quién no ha visto la típica película en la que el espía de turno es un experto en pasar el polígrafo). Además, en diferentes órganos judiciales de EEUU, donde esta prueba se admitió como válida en diferentes procesos, determinaron que tiene la misma validez que elegir cara o cruz al tirar una moneda al aire para determinar si un sospechoso miente o no.

Y aunque en diferentes entornos la aplicación del polígrafo cuente con cierta reputación, parece que la falta de evidencia científica que rodea a los detectores de mentiras hace que la confianza en su uso caiga más del lado de las pseudociencias, por lo que casi mejor dejar su uso para el cine y la televisión.

Para saber más

— The lie behind lie detectors - Wired
The polygraph museum