Sofía Kovalevsky

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Sofía Kovalevsky (o Kovalévskaya) fue una mujer extraordinaria, gran matemática, escritora y luchadora por los derechos de la mujer para que estas pudieran estudiar en las universidades en el siglo XIX. Este mes que se celebra el día de la Mujer y la ciencia me parece muy interesante recordar los detalles de su vida como ejemplo de cómo la sociedad puede intervenir en los deseos más profundos de una persona, independientemente de su género.

TEXTO POR MARÍA PENALVA
ILUSTRADO POR MARÍA PENALVA
MUJERES DE CIENCIA
BIOGRAFÍA | MATEMÁTICAS | PIONERAS
14 de Febrero de 2017

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La historia de Sofía Kovalévskaya está marcada por los hombres, tanto para bien como para mal. En una sociedad machista es revelador encontrar a hombres sabios a los que no les importa el género de un cerebro prodigioso. Y es casi ineludible encontrar en esta historia a otros hombres, que en cuanto ven a Sofía como posible pareja, lo que más les molesta es su inteligencia. 

La vida de Sofía es un proceso cíclico que oscila entre el error y el acierto. Es un paso para delante y otro para atrás. Su vida representa lo que aún muchas mujeres sufrimos: la imposibilidad de unir una vida tradicional con una vida exitosa en escenarios normalmente masculinos.

En una sociedad machista es revelador encontrar a hombres sabios a los que no les importa el género de un cerebro prodigioso.

Nació en Moscú en 1852 en el seno de una familia rusa acomodada de etnia gitana. Su familia tenía alto nivel social y académico, tanto es así que su hermana Anya fue cortejada por el mismísimo Fiodor Dostoyevski. A pesar de este ambiente intelectual, el padre de Sofía no veía con buenos ojos que la niña se entendiera con las matemáticas. Así que Sofía empezó a estudiarlas en secreto. Llegando a explicarse el seno matemático sin conocimientos previos a través de la lectura de un libro de física del profesor Tyrtov.  Este matemático era su vecino, y cuando vio lo que la niña había conseguido convenció a su padre de que la mandara a estudiar a San Petersburgo para completar su educación. Enseguida despuntó en matemáticas y fue su verdadera vocación durante toda su vida.

Sofía quería continuar sus estudios, pero era una joven soltera en Rusia y en aquella época las mujeres solteras no podían salir del país para estudiar. Sin embargo, Sofía se implicó en movimientos de rebelión por parte de intelectuales y estudiantes que facilitaban que las mujeres rusas pudieran salir del país casándose con ellas de forma nominal. De esta manera contrajo un matrimonio ficticio con uno de sus compañeros estudiantes, Vladimir Kovalevski, para poder estudiar en el extranjero. No fue un matrimonio por amor, y fue una de las mujeres casadas que más tiempo mantuvo su virginidad.

Se presentó al científico Karl Weierstrass de la Universidad de Berlín para estudiar con él, ya que era uno de los más prestigiosos matemáticos de la época. Weierstrass dudó al principio, ya que Sofía era mujer y no la tomó muy en serio hasta que esta resolvió una serie de problemas que le había entregado para ponerla a prueba.

No se esperaba el resultado, Sofía era un genio y resolvió en sus narices aquellos problemas que a él le habían costado años. En ese momento a Weierstrass le dio igual el sexo de Sofía y descubrió la genial matemática que había en ella. Igual que había pasado anteriormente con su vecino el profesor Tyrtov.  A partir de ese momento se hizo cargo personalmente de los estudios de Sofía ya que la universidad no admitía mujeres, convirtiéndose en su tutor y acogiéndola como parte de su familia.

Esos cuatro años de estudios con el científico alemán influyeron decisivamente en la vida de Sofía como ella misma afirma: «Estos años tuvieron la más profunda influencia en mi carrera matemática. Determinaron irrevocable y definitivamente la dirección que seguiría mi labor científica: todo mi trabajo ha sido hecho precisamente en el espíritu de Weierstrass».

No se esperaba el resultado, Sofía era un genio y resolvió en sus narices aquellos problemas que a él le habían costado años. En ese momento a Weierstrass le dio igual el sexo de Sofía y descubrió la genial matemática que había en ella.

El resultado de estos estudios fue la publicación del trabajo On the theory of partial differential equations en la revista Crelle, que era el máximo honor para un matemático desconocido y mucho más para una mujer.

A pesar de los esfuerzos de Weierstrass para buscarle un trabajo en el ambiente académico no fue posible.  Y no lo logró solo por el hecho de ser mujer, ya que sus conocimientos estaban fuera de duda.

Mientras tanto, Sofía se replanteaba su vida al no poder trabajar en lo que más deseaba. Incluso cuando obtuvo el doctorado en matemáticas en la Universidad de Gottingen le fue imposible encontrar empleo. 

De esta manera, se presentó en la vida de Sofía la primera decisión influida por la sociedad: seguir y luchar por su carrera profesional ignorando lo que se esperaba de ella de forma clásica o intentar seguir una vida más tradicional y más acorde con el tiempo que le tocó vivir.

Volvió a Rusia con Vladimir y decidieron hacer realidad su matrimonio ficticio. Sofía se enamoró de su esposo y tuvo una hija con él. De esta manera olvidó su vida como matemática y empezó de nuevo en su país, como esposa y madre. Aun así no pudo reprimir su intelecto, aunque lo encauzó hacia tareas más femeninas —así lo consideraban en la época—, como las literarias, escribiendo novelas, críticas de teatros y algún que otro artículo científico para los diarios.

En 1883 la vida de Sofía volvió a cambiar. Su vida matrimonial no la colmaba, su marido ya no le parecía bien que fuera más inteligente que él, y todo ello la hacía completamente desgraciada. Y en ese momento recibió la carta de un ex alumno y muy querido amigo de Weierstrass, el señor Gosta Mittag-Leffler dónde la invitaba a dar clases en la Universidad de Estocolmo. Y es que Weierstrass nunca había cejado en su empeño de encauzar ese cerebro maravilloso.

Abandonó Rusia, a su marido y a su hija, y viajó a Estocolmo decidida a cambiar su vida.  

Lo que en principio fue un contrato temporal, hizo que se convirtiera en miembro permanente de la Universidad de Estocolmo gracias a sus constantes logros en investigación matemática, consiguiendo convertirse en la primera mujer con cátedra en Europa.

En 1883, su marido, completamente arruinado y acuciado por las deudas, se suicidó. En su carta de despedida acusaba a Sofía de haberle arruinado la vida. Sofía reclamó a su hija y se la llevó consigo a Suecia.

En aquella nueva etapa de su vida siguió cosechando éxitos profesionales, fue invitada a ser la editora de la revista matemática Ars Mathematica y siguió escribiendo literatura, en este caso teatro con la obra La Lucha por la felicidad que escribió junto a su amiga Anna Leffler.

Se convirtió en miembro permanente de la Universidad de Estocolmo gracias a sus constantes logros en investigación matemática, consiguiendo convertirse en la primera mujer con cátedra en Europa.

En 1888 ganó el Prix Bordín de la Academia francesa de Ciencias con el artículo On the rotation of a solid body about a fixed point. Fue un artículo tan valorado que aumentaron el premio de 3000 a 5000 francos. En este artículo desarrolló la teoría para un cuerpo no simétrico cuyo centro de masa no se encuentra sobre el eje del mismo.

Sofía era feliz en Estocolmo, triunfaba como profesora, como investigadora matemática, como madre se sentía satisfecha, tenía amigos y amigas cultos que la admiraban y la aceptaban en su grupo social. Pero todo eso se desmanteló cuando llegó Maxim Kovalevsky a impartir una serie de conferencias. Maxim y ella no sólo compartían apellido, sino también origen y formas de ver la vida: Eran muy rusos los dos y era lo que ella necesitaba: chispas y fuego frente al hielo sueco.

Con él llegó de nuevo el amor a la vida de Sofía y nueva toma de decisiones que hoy en día vemos inverosímiles: decidir entre tu carrera y el amor. Ambos eran apasionados por los estudios y su amor era profundo y, según algunos autores, a veces violento. Este tipo de relación basada en fuertes discusiones y reconciliaciones hicieron que las mujeres del norte que la habían acogido cuando era una perla rara pero inteligente le dieran la espalda ante ese amor escandaloso.

Fue una historia de amor que marcó a Sofía, incluso más que su primer matrimonio,  tanto que podría ser el guión de de una novela rusa al estilo de Ana Karenina.  Maxim no podía estar con una mujer que era intelectualmente superior a él, y la condicionó: «Si quieres mi amor, tendrás que dejar las matemáticas. Tendrás que ser sólo mi esposa», le dijo. «Deberás renunciar a las clases, a ser la única mujer profesora matemática, renunciar a todos tus logros y hacerme feliz», añadió.

Ella esta vez no pudo decir sí, pero tampoco pudo dejar de amarlo, así cómo no podía dejar de amar las matemáticas.

Cayó en la depresión, volvió a escribir como hizo la primera vez cuando volvió con su marido Vladimir, esta vez fue el libro Recollections of chidhood.

La relación con Maxim fue viciándose, ella viajaba a Paris a verlo y él la manipulaba, le hacía sentir que había otras mujeres e incluso le echaba en cara que algunos periódicos confundieran sus apellidos para atribuirle sus méritos a ella.

En su último viaje pensaba que por fin su vida se encauzaba y que Maxim cedería en sus peticiones y se casaría con ella, y así se lo escribió a una amiga. Incluso pensaba en comprar un traje de novia, soñaba con una vida un poco más tradicional (anhelaba un padre para su hija, un esposo para ella) sin tener que renunciar a las matemáticas. Pero nunca se cumplió ese sueño. Sofía Kovalévskaya murió el 10 de febrero de 1891 con tan solo 41 años cuando volvía cargada de sueños de visitar a Maxim en Paris.

Maxim no fue a su entierro. 

¿Qué puedo decir como epílogo? Sin duda, Sofía fue una mujer muy inteligente, fuerte y débil a la vez. Aunque parezca mentira estas situaciones aún se dan. Tal vez más disimuladas, tal vez cambien las formas, pero hay algunas maneras de pensar que están demasiado enraizadas en la sociedad. Y ya va siendo hora de cambiarlo.

Para saber más:

Querido Fiodor. Patricia Rodríguez. Principia Magazine. Temporada 1. Episodio 1.

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