Arturo Duperier, el hombre con rayos cósmicos en los ojos

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En una fría mañana de 1953, un hombre esperaba pacientemente a que le trajeran su café en la terraza de una cafetería cercana al Imperial College de Londres. El hombre se llamaba Arturo Duperier Vallesa. Esta es su historia.

TEXTO POR JUAN JOSÉ SÁENZ DE LA TORRE
ILUSTRADO POR JORGE GONZÁLEZ
ARTÍCULOS
CIENCIA DE ACOGIDA | FÍSICA | RAYOS CÓSMICOS
7 de Junio de 2017

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Here goes your coffee Dr. Duperier. Blacker than the coal of Lancashire.

Arturo Duperier musitó un thank you apenas audible. Su mente estaba en otro sitio. Concretamente en la carta que reposaba al lado de la taza de café que había dejado Thomas, el camarero. “Si quieres, puedes volver a casa.” Ese es el mensaje que sacó en claro Arturo Duperier de la comunicación del Ministerio de Educación que había llegado esa mañana a su despacho en la universidad. Una carta que le había llenado de alegría, pero también de nervios, preocupaciones y recuerdos.

Mientras sorbía lentamente el café todavía ardiente, su sabor le trajo recuerdos de otro café más amargo. El último café que tomó con quien fuera su mentor, Blas Cabrera, y a quien había tenido el orgullo de llamar colega. Un último café, tomado de forma casual, como si fuera cualquier otro café, antes de que los dos tuvieran que exiliarse de España por culpa de la purga franquista que había esquilmado la universidad. Blas Cabrera había muerto en México hacía ya ocho años, en 1945. La Universidad Autónoma de México había acogido al ilustre físico. A Arturo Duperier aún le hervía la sangre cada vez que pensaba en el devenir de la vida de su maestro. El único español presente en dos congresos Solvay, codo con codo con Marie Curie, Albert Einstein y compañía… y había tenido que huir de España, repudiado por su propio país.

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