Vida y muerte de una célula epitelial

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Día 0. Aún no soy yo. Solo soy una parte de mi célula madre. De momento ella es todo lo que soy. En cambio, yo soy solo una mínima parte de todo lo que es ella. Mi célula madre contiene un ejército de las de mi clase, cuyo límite aún no está claro. No siento, pero intuyo que algo está pasando. En unos instantes creo que me voy a separar de ella y no sé bien que ocurrirá entonces.

TEXTO POR EUGENIA DELGADO
ILUSTRADO POR MARIONA RODRÍGUEZ
ARTÍCULOS
BIOLOGÍA | MICROBIOLOGÍA
29 de Junio de 2017

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Día 1. Acabo de llegar a mi nueva posición en la línea epitelial del intestino. Formo parte de un grupo de células hijas que nos hemos organizado en una línea individual de células epiteliales. Mis compañeras y yo formamos una especie de barrera entre el organismo del que formamos parte y una serie de bacterias, virus y otros microorganismos a los que llaman microbioma y que se encuentran en el interior del tubo intestinal (lumen)… o al menos eso es lo que me han contado.

Respecto a la posición de mi célula madre y después de separarme de ella, me encontré con dos opciones. Dependiendo de mi migración hacia arriba, podía convertirme en una profesional en las funciones de barrera y de la absorción de nutrientes. O bien, si me decidía a migrar hacia abajo, en una célula especializada en las funciones de defensa mediante la secreción de sustancias capaces de matar a cualquier bacteria o microorganismo que se niegue a colaborar. Me contaron que la zona donde se encuentra mi progenitora, en dirección contraria al lumen, se llama criptas de Lieberkühn, mientras que creciendo hacia el lumense forman unas protuberancias de la línea de células de la que soy parte llamadas vello. Su función es la de ampliar la superficie del epitelio intestinal, incrementando así la eficiencia de nuestras funciones como células epiteliales.

La verdad es que todo fue muy rápido, pero como yo soy más bien pacifista y lo de las criptas no me decía mucho, al final me decidí por la primera opción. Estoy segura de que grandes aventuras me esperan en mi nuevo estado y ¡voy a poner todo de mi parte para convertirme en el mejor enterocito de mi clase! Aunque aún no sé exactamente lo que esto significa…

Día 2. Afronto con ilusión mi nueva vida en el epitelio a pesar de que un moco denso y desagradable nos cubre a todas. Las causantes de este fenómeno son unas células glandulares que aparecen de tanto en cuanto en nuestra línea epitelial de enterocitos, por lo que desgraciadamente, no creo esta capa vaya a desaparecer. En un intento por contentarme, otras células más veteranas me han explicado que este moco es esencial en nuestra función de barrera con el microbioma, ya que es donde las células del sistema inmune, es decir, la verdadera milicia de este organismo del que formo parte, hacen su función defensiva. Al final, si esto es cierto, lo del moco no me parece tan malo….

Lo único que de verdad me inquieta es lo que justo experimenté nada más llegar a mi posición actual. De repente, a la vez que nos diferenciamos más de nuestras células madre, una fuerza desconocida nos empujó hacia el ápice del vello, sin aviso ni advertencia. Mis compañeras tampoco han sido capaces de explicarme el origen de este movimiento sin fin, que ni siquiera se explica por la presión que ejercen las nuevas en su recorrido hacia arriba. Es un verdadero misterio que parece que nos empuja hacia el final del vello. Y la verdad, aunque no deja de ser inquietante, no me parece mala idea esto de recorrer mi mundo.

Día 4. Sigo mi recorrido sin pausa hacia el final del vello. Eso sí, manteniendo en todo momento nuestra función de barrera epitelial, que luego no se diga que no somos profesionales. Y es más, a pesar del movimiento, desde que formo parte de este epitelio, mis compañeras y yo no hemos parado de filtrar nutrientes y electrolitos del intestino al torrente sanguíneo. Nuestra tarea es incesante. Y no me entiendan mal, ¡me encanta! A pesar de que ya me he acostumbrado a la capa de moco que nos envuelve constantemente y a la que incluso ya le veo la utilidad que ¡uff!... ¡por poco no lo cuento! Hace unas horas se me ha acercado una bacteria que no parecía muy amigable y que, gracias a la densidad de esta capa mucosa, ha podido ser interceptada a tiempo por las células del sistema inmune. Aunque no todas las bacterias con las que he interactuado desde que formo parte del epitelio intestinal son iguales. Algunas incluso colaboran con el organismo anfitrión y ayudan a digerir productos que posteriormente filtramos a la sangre para que puedan ser convenientemente utilizados por el resto de nuestro organismo. Ese era el caso de una bacteria Lactobacilo que ha estado aquí hace poco. Con interacciones como esta ¡da gusto trabajar!

Día 6. Los días pasan sin descanso. Cada vez estoy más cerca del final del vello y cada vez me siento más profesional en mi función. Sin contar con un par de encuentros con miembros patogénicos del microbioma, mis días pasan sin el mayor sobresalto. No puedo decir lo mismo de mi compañera . La pobre no se esperaba a esa proteína de gluten que ha acabado atravesando la barrera mucosa como si nada y que ha puesto en jaque a las células inmunes. Estas, como si del peor patógeno se tratase, han empezado su lucha contra el intruso formando un buen tinglado que ha destrozado completamente a esta pobre célula, entre otras infelices. Otra vez puedo decir que me he librado por poco. Estas pérdidas a su vez han generado un agujero en nuestra línea rompiendo la barrera por unos segundos, que nos han parecido años a las que permanecíamos en nuestra posición, y que ha dado lugar a una infección leve del torrente sanguíneo con el contenido intestinal. Nada agradable. Sin embargo, nuestras células madres se han hecho rápidamente cargo del asunto y han empezado a generar más de las nuestras para poder repoblar nuestro epitelio y así contener el escape. En este caso, la fuerza se ha notado más y me han contado que, como consecuencia, algunas de las células epiteliales que había cerca del vello, han sido expedidas al lumen. ¡Pobres! Con lo cerca que estaban del final del camino y no lo han podido disfrutar… Al menos han desparecido prematuramente por una buena causa, ya que gracias a su sacrificio, pronto todo ha vuelto a la normalidad. Nos han explicado que, por suerte, esta vez el contenido en gluten, proteína a la que nuestro organismo anfitrión es alérgico, era muy minoritario en el tracto digestivo. Hemos tenido suerte. En otras ocasiones el daño ha sido mucho más severo, incluso impidiendo que células como yo cumplan su función adecuadamente y generando un caos considerable al resto del organismo. Gracias al trabajo en equipo, hemos mantenido la armonía intestinal, tan necesaria no solo para el epitelio sino también para todos los que habitamos este cuerpo humano. 

Día 7. He llegado al final de mi recorrido, ¡la gran cima del vello! Desde aquí puedo observar la multiplicidad de organismos que contiene el lumen intestinal. Es una auténtica maravilla ver cómo todos se coordinan en sus funciones para el bienestar de nuestro organismo, que al final es un bienestar común para todos. Me siento orgullosa de haber formado parte de este sistema tan complejo como es el intestino. Pronto la fuerza me empujará hacia este poblado lumen y mi función vital habrá concluido, pero sé que otras muchas como yo retomaran mi lugar y cumplirán con sus funciones con tanta dedicación como yo lo he hecho. Después de mi experiencia como célula epitelial estoy dispuesta a dar el salto al otro lado de la barrera. Y me pregunto… ¿habrá acabado mi viaje? ¿Qué otras aventuras me esperan?

Referencias

Cell death at the intestinal epithelial front line
Intestinal Stem Cells
Epithelial Cell Shedding and Barrier Function.

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