Pokémon contra vaca

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Hay que ver qué pesados son los padres a veces. Parece que lo hacen todo para fastidiar, ya sea obligando a dejar partidas a medias o inventando tareas nuevas todo el rato, una batalla tan antigua casi como la vida misma. Pero esta vez el niño tenía un plan.

TEXTO POR INDIGENICA
ILUSTRADO POR MARÍA GARCÍA BORREGO
ARTÍCULOS | PRINCIPIA KIDS
CRIANZA | TECNOLOGÍA
30 de Noviembre de 2017

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Su padre siempre intentaba comparar los animales de su juego favorito con los de verdad: «pero si no tienen nada que ver», pensaba él. Aún así decidió usar esto a su favor para demostrarle que era suficientemente mayor para tomar sus decisiones, informarse y argumentar por qué no tenía razón.

—Pasas mucho tiempo jugando a Pokémon. Deben estar agotados, y ya casi se debería considerar explotación animal, como mínimo — dijo el padre con cara de haber ganado una nueva partida en el juego imaginario Tiempo de debatir.
—Vale, yo dejo de jugar a Pokémon si tú dejas de comer carne, así no explotamos animales ninguno de los dos — respondió el niño observando cómo le cambiaba la cara a su padre —. Aunque, pensándolo mejor, no tienen nada que ver, tus animales son reales y ¡los de mi juego solo son unos y ceros!

*¡Supereficaz!*, le brindó el juego tras un buen golpe, mensaje que sin duda servía para reforzar la victoria ante su progenitor.

Su padre no se esperaba un ataque tan certero. Aún así, sentía una sensación satisfactoria hacia su hijo, fruto del orgullo de cuando te ponen en jaque.

—Lo siento, hijo, pero te equivocas. Tus ‘animales’ no son solo unos y ceros y cada captura tiene un impacto medioambiental sobre el planeta, como el de los animales reales.
—Me he informado —replicó su hijo— y he comprobado que las granjas de vacas contaminan mucho. ¡A base de pedos! ¡Y hay muchas granjas de vacas!
—No te falta razón, hijo, pero las vacas no tienen la culpa. Siempre se han tirado pedos, el problema viene cuando se produce una sobreexplotación en la cría del ganado para satisfacer nuestras demandas, que siempre van a más. Son demasiados pedos que se traducen en calentamiento global y, en definitiva, en una parte importante del cambio climático. Más todo lo relacionado con la industria ganadera: transporte, plásticos, etc.

Su hijo sonrió con aire triunfal.

—Sin embargo, ¿cuántas personas juegan a tu juego? —  —reanudó su padre la conversación después de pensar un rato considerable para equilibrar un poco la pelea.
—Creo que más de cincuenta millones, más o menos. Quizás algo menos después de un año.
—Entonces, déjame que piense… hacen falta, aproximadamente, cincuenta millones de teléfonos móviles, tarifas de datos, etc., para que funcionen, ¿verdad? Y todo eso se traduce en un consumo de energía bastante considerable, ¿no?
— Ya, pero… — quería interrumpir pero no se le ocurrió ningún argumento convincente.

*Poco efectivo*, le mostró el juego en esta ocasión

—Hace falta una cantidad considerable de servidores para aguantar a tantos jugadores simultáneos —continuó diciendo el padre—. El consumo de las propias fábricas que producen los respectivos móviles y los materiales para fabricarlos, algunos tan raros que se extraen de minas en países donde se llegan a producir hasta guerras por estos elementos. En países donde los niños trabajan en estas minas en lugar de poder jugar.

El hijo miró a su Pokémon derrotado. Parecía que la cosa se ponía difícil, pero no se iba a dar por vencido mientras pudiera arreglarlo. Objetos y revivir máximo. El Pokémon estaba de nuevo listo para la lucha.

—Ya, no te falta razón, papá —dijo imitando a su padre—, pero también hacen falta muchos cultivos para alimentar a tantos animales y mucha agua para regarlos. A veces, incluso, se talan bosques completos o se provocan incendios para convertirlos en zona de pasto, se usan pesticidas de forma indiscriminada y hasta he leído que dan antibióticos a los animales y que eso aumenta la resistencia a los mismos de algunas bacterias peligrosas.

Esta vez fue el padre el que se quedó sin palabras.

—Además, ¿recuerdas lo que dijo mi profesora sobre la obesidad infantil? Pues resulta que mi juego está ayudando a muchos niños y adultos a salir de nuevo a la calle a pasear. De hecho el juego se llama ‘go’ porque está pensado para fomentarlo  — intentó sentenciar el niño.

*Ataque crítico*, sentenció el juego.

—Cuando te paras a pensar en todo lo que hay detrás de algo tan simple como un juego de teléfono móvil o un filete de carne abruma un poco. Tendemos a abusar creyendo que nuestros actos no tienen impacto medioambiental o que los recursos son infinitos. Pero tampoco hay que ponerse apocalíptico —dijo a su hijo cuando vio que este se quedaba triste —. Por suerte, el término medio suele funcionar, para ello solo hace falta saber que muchos pequeños gestos pueden tener impacto para bien y es una forma en la que podemos cambiar las cosas, como con los micropagos de Pokémon.

—Hijo, creo que voy a intentar no comer carne todos los días.
—Papá, yo creo que voy a intentar jugar solo cuando salga a dar un paseo.

*Parece que tenemos un empate*

Lástima que en Pokémon no se pueda empatar como en la vida. En este caso, padre e hijo ganaron cada uno un poco.

 

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