Rabia

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La rabia es una enfermedad que se conoce desde hace más de 4000 años producida por la infección del sistema nervioso central por el virus de la rabia, un Rabdovirus cuya típica morfología en forma de bala le hace inconfundible.

TEXTO POR QUIQUE ROYUELA
ARTÍCULOS
VIRUS
28 de Septiembre de 2015

Es una zoonosis por lo que de forma natural solo se encuentra presente en animales (zorros, perros, murciélagos, etc.) pero que puede ser transmitida a los humanos por la saliva a través de la mordedura de un animal infectado o, en menor medida,  por arañazos o el contacto entre mucosas.

A pesar de que es una enfermedad prevenible mediante vacuna se producen miles de muertes al año, principalmente en Asia y África, siendo los perros el origen principal de la infección y los menores de 15 años los principales afectados. Además, en la mayoría de las ocasiones se producen en un entorno rural aislado donde es muy difícil que se declaren los casos de muerte por rabia, de tal manera que es complicado para las autoridades sanitarias tomar medidas para evitar nuevos casos de transmisión de perro a humano. Por eso, una de las principales medidas de protección humana contra la rabia es la vacunación de los animales domésticos. A través de las medidas de vacunación masiva de perros, se ha conseguido disminuir drásticamente los casos de rabia canina y, con ello, los casos de rabia en humanos.

El virus de la rabia pertenece a la familia de los Rabdovirus (virus de ARN), que incluye una amplia variedad de especies capaces de infectar no solo animales sino también plantas, aunque los patógenos humanos —que son los que nos interesan en este momento— más importantes pertenecen al género Lyssavirus.

Imagen por microscopía electrónica Fuente

El virus tiene su reservorio en la naturaleza en los murciélagos, siendo los virus más importantes en Europa el European bat lyssavirus 1 (EBLV-1) y European bat lyssavirus 2 (EBLV-2). En España, la gran mayoría de casos de rabia en murciélagos se han detectado en la especie Eptesicus isabellinus, que junto con Eptesicus serotinus, es el reservorio natural del EBLV-1.

Cuando se produce una mordedura, el virus puede viajar al cerebro a través del sistema nervioso central periférico o bien  puede replicarse en las células musculares de la zona cercana a la herida antes de pasar a infectar su verdadero objetivo que no es otro que el sistema nervioso central.

Una vez infectado, durante el periodo de incubación (que puede durar entre desde 2 días hasta 5 años, aunque se considera un periodo de 1 a 3 meses), es posible recibir tratamiento profiláctico para evitar el desarrollo de la enfermedad. Una vez desarrollada la enfermedad las probabilidades de sobrevivir son escasas, por lo que la prevención y el diagnóstico rápido son fundamentales para que una mordedura no acabe en un caso fatal. No obstante, se han descrito al menos siete casos en los que la recuperación del paciente fue total una vez desarrollada la enfermedad gracias al tratamiento médico. De ahí que tras la mordedura de un animal se recomiende asistir al hospital para recibir asistencia médica y no esperar a la aparición de síntomas. Además, conviene advertir a las autoridades sanitarias para que evalúen al animal que ha practicado la mordida para verificar su estado de salud y si está debidamente vacunado.

Los síntomas más habituales son muy inespecíficos y podrían pasar por casi cualquier infección viral: fiebre, malestar general, dolor de cabeza, irritabilidad, fatiga, tos, vómitos, dolor abdominal, etc. Sin embargo, en menor medida también se han observado otros síntomas algo más característicos y exclusivos de esta enfermedad que sugieren daño neuronal, como fotofobia, insomnio, hiperactividad, convulsiones, hipersalivación, hidrofobia, priapismo (erección del pene prolongada) y aumento de la libido, depresión o ataques de ira. 

Al final de  la fase neurológica se produce parálisis y coma y,  aunque el paciente pueda sobrevivir unos días más con respiración asistida, finalmente la muerte debido a las graves complicaciones sufridas.

Por tanto, con síntomas tales como fotofobia, hipersalivación o ataques de ira no es de extrañar que este virus sea utilizado en las películas de ficción como el causante de convertir a los humanos en una especie de vampiros o zombis, como en ocurre en las películas 28 días después o REC, aunque nada más lejos de la realidad.

Referencias

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