Para qué sirve una bronca

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Hay muchos motivos que pueden impulsarnos a escribir sobre ciencia en internet. Uno muy frecuente  es defender un punto de vista racional frente a las supersticiones, pseudociencias o, en general, cualquier creencia que ignore el conocimiento científico. Quienes nos metemos en estas harinas lo hacemos convencidos de que un ciudadano informado es más libre a la hora de tomar decisiones, de que hasta los rincones más oscuros merecen ser alumbrados con lo que aportan los datos verificables. Sin embargo, creo que a menudo falta una reflexión un poco más realista y sincera sobre qué es lo que pretendemos conseguir.

TEXTO POR RAFA MEDINA
ILUSTRADO POR JESÚS PADILLA
ARTÍCULOS
OPINIÓN | PSEUDOCIENCIA
18 de Julio de 2016

Una respuesta honesta y perfectamente aceptable es la de querer discutir porque sí. Entrar en un debate tiene por sí solo muchos atractivos e incluso que las cosas se pongan turbias y los ánimos se enciendan puede hacerlo aún más apetecible si tenemos ganas de marcha. Reconozcámoslo: internet no sería ni la mitad de interesante si no nos brindara esa oportunidad de sacar el cuñado que llevamos dentro y poder decirle a alguien cómo está de equivocado. Terapéutico, oiga, de verdad. Que nuestra reivindicación se haga «en nombre de la ciencia» le añade un toque de prestigio irresistible, una nobleza añadida de caballero andante. Ahora bien, ¿se puede hacer con otro propósito?.

Reconozcámoslo: internet no sería ni la mitad de interesante.

Si un remedio homeopático es técnicamente inocuo ¿por qué convertirlo en blanco de críticas? ¿A qué viene la saña en intentar desterrar todo rastro de creacionismo en las aulas de ciencia? Denunciamos la homeopatía porque es éticamente inaceptable que alguien se enriquezca aprovechándose del desconocimiento y la desesperación de las personas. Rechazamos el creacionismo en los colegios porque el acto deliberado de ignorar la historia de la vida sobre la Tierra es privar a las próximas generaciones de la más increíble de las odiseas. Es cierto que hay buena voluntad en estas iniciativas divulgadoras, con un potencial inmenso de regalar una perspectiva más libre y mejor formada. Lo que no tengo tan claro es que debamos autoengañarnos al pensar que las actitudes beligerantes van a contribuir mucho en otro posible y aún más noble objetivo: el de convencer a quien no está de acuerdo por falta de información.

Denunciamos la homeopatía porque es éticamente inaceptable que alguien se enriquezca aprovechándose del desconocimiento y la desesperación de las personas.

Me gustaría que el lector intentara recordar la última vez en la que cambió de opinión sobre algo. Un cambio drástico. Alguna ocasión en la vida en la que una creencia determinada, y de cierta relevancia (política quizá o incluso ¡deportiva! ¡qué sé yo!), pasara del blanco al negro en un periodo de tiempo determinado. Anticipo que para la mayor parte de nosotros este ejercicio nos ofrece dos conclusiones: la primera, que somos sorprendentemente reacios a cambiar de opinión. La segunda: que estos cambios suelen ser procesos graduales, resultado de reflexionar sin presiones, y raramente producto de que alguien nos dijera así, a bote pronto, que somos estúpidos.

Distintos equipos punteros de las universidades más prestigiosas del mundo están devanándose los sesos para responder a la cuestión de por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión cuando se aplica la sutil estrategia de llamarnos ignorantes y burlarse de nosotros. Hasta que se resuelva la incógnita, asumamos los hechos: esta estrategia no suele funcionar.

Distintos equipos punteros están devanándose los sesos para responder a la cuestión de por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión cuando se aplica la sutil estrategia de llamarnos ignorantes y burlarse de nosotros.

Por lo tanto, seamos estratégicos y pensemos primero en lo que pretendemos y a quién queremos destinar nuestro mensaje: si lo que se busca es generar debate y animar el cotarro o rebatir a los prosélitos de la pseudociencia de turno, nada que objetar a un buen rapapolvo. Sin embargo, si se trata de convencer a alguien de que está equivocado debe hacerse realizando un imprescindible ejercicio de empatía que reconozca que a todos nos cuesta cambiar de opinión incluso cuando estamos equivocados y que los memes burlones no son de mucha ayuda.

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