Cuando tu cerebro se pasa de listo

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La forma en la que el cerebro procesa la información en ocasiones produce atajos que distorsionan la realidad. Los procesos top-down nos proporcionan información basándose en lo que el cerebro cree que va a ver y, aunque casi siempre acierta en sus predicciones, a veces se precipita sacando conclusiones.

TEXTO POR ÁLVARO R. DE LA RUBIA
ILUSTRADO POR JUANMA BUAH!
ARTÍCULOS
NEUROCIENCIAS
6 de Marzo de 2017

Vivimos rodeados de partículas y microorganismos invisibles para nuestros ojos, somos incapaces de ver estrellas más allá de Andrómeda sin la ayuda de un telescopio, nuestro oído es sordo a los sonidos por debajo de los 20 Hz (infrasonidos) y por encima de los 20 kHz (ultrasonidos)… Solo llega a nuestra consciencia una pequeña parte del mundo y esa realidad que percibimos, que en muchas ocasiones tomamos por incuestionable, no es más que una recreación mental que el cerebro conforma tras procesar la información que recibe de los sentidos. Es difícil asumir esta verdad, pero lo cierto es que lo que percibimos es una proyección incompleta, la simplificación de un todo infinitamente más vasto que troceamos y dividimos en categorías para tratar de comprender. Además, aunque incompleta ¿podemos confiar siempre en la información que nos proporciona nuestro cerebro?

Parece lógico pensar que el cerebro trabaja de abajo arriba, que analiza las cualidades de los estímulos recogidos por los sentidos e interpreta dichos estímulos a partir de experiencias pasadas y nuestro conocimiento del mundo. Y así es. Pero este proceso, conocido como bottom-up, no es único ni excluyente: el cerebro también actúa muchas veces de forma inversa (conexiones que descienden desde nuestras memorias visuales hacia áreas especializadas en procesos inferiores). Esta forma de procesamiento se denomina top-down y, aunque estos atajos perceptivos son muy útiles y nos adaptan más eficientemente a nuestro entorno, no siempre son acertados y pueden llegar a imponer una visión ya conocida del mundo cuando lo que tenemos delante se trata de algo diferente. Esto significa que en ocasiones el cerebro se adelanta a sacar conclusiones y da esa información por buena.

Para entenderlo más fácilmente basta con ver la siguiente imagen y preguntarse por la superficie de ambas mesas.

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En el primer dibujo vemos un tablero estrecho y rectangular mientras que en el segundo vemos una mesa más cuadrada. La realidad es que los tableros de ambas mesas son idénticos. La prueba puede verse en la página web del creador de esta ilusión, Michael Bach (profesor del departamento de oftalmología de la Universidad de Friburgo). Aunque, ciertamente, incluso con la prueba delante cuesta creerlo. Nuestro cerebro nos ha informado en esta ocasión de lo que ocurriría en la realidad si viésemos estas dos mesas basándose en la experiencia acumulada sobre la perspectiva. Si fuesen dos mesas reales, efectivamente serían muy distintas. No nos está engañando, nos está diciendo qué es lo que debería pasar teniendo en cuenta lo que pasó en situaciones anteriores ante estímulos muy similares. Se trata de un atajo perceptivo que la mayor parte de las veces nos proporciona información veraz pero, como muestra la imagen anterior, otras veces se equivoca.

Otro ejemplo de esta situación es esta imagen diseñada por Edward H. Adelson, profesor del departamento de cerebro y ciencias cognitivas del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

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En la imagen aparecen dos cuadrados señalados con las letras A y B. Nuestra experiencia determinando la luz que reflejan los objetos y el modo en el que los colores se influyen entre sí hace que veamos ambos cuadrados diferentes cuando realmente son de colores idénticos.

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¿Significa esto que el cerebro es defectuoso? Ni mucho menos, de hecho los procesos top-down también pueden hacer visible información que permanecía oculta. Estos procesos tienen mucho que ver con las expectativas que tenemos sobre aquello que vamos a ver. Un ejemplo clásico de estas situaciones es este dibujo.

Si nunca lo habías visto antes es probable que solo veas una mujer, pero la realidad es que el dibujo esconde dos: una anciana de perfil y una joven que gira la cabeza hacia su derecha. Ahora, por mucho que intentes verlo del mismo modo que antes, ya no podrás dejar de ver a las dos mujeres ya que tu cerebro está condicionado por la expectativa de lo que encontrará en el dibujo.

 

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