Cecilia Payne, la superheroína

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Cecilia Payne fue una de las astrónomas de la época dorada del Observatorio de Harvard. Es conocida, aunque todavía no lo suficiente, por descubrir el material del que están hechos los sueños, digo… las estrellas. Sin embargo, también tuvo su papel de superheroína. Al menos eso debió de parecerle a Sergei Illarionovich Gaposchkin.

TEXTO POR PATRICIA LIBERTAD
MUJERES DE CIENCIA | EFEMÉRIDES
ASTRONOMÍA
10 de Mayo de 2017

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Sergei había nacido en un pueblo de Crimea (Ucrania), en una familia pobre y muy numerosa. Trabajó muy duro para hacer realidad su sueño de ser astrónomo. Además, tuvo que compaginar sus estudios con el servicio militar en tiempos bastante convulsos. Pero lo consiguió e incluso escribió una tesis doctoral sobre las estrellas binarias eclipsantes, en la cual citaba a la mismísima Cecilia. Había estado trabajando en el Observatorio de Babelsberg, hasta que en 1933, y como muchos otros en Alemania, perdió su trabajo. No podía volver a Rusia porque allí era considerado un espía alemán. Su situación era desesperada, así que cuando se enteró de que su admirada Cecilia estaría en la reunión de la Astronomische Gesellschaft, en Gotinga, le escribió una carta apresurada y recorrió 240 kilómetros en bicicleta para dársela en persona. En su imaginación, Cecilia era una adorable ancianita como Annie Jump Cannon. Sin embargo, en su lugar se encontró a una mujer joven y bonita, aunque increíblemente triste.

Cecilia estaba pasando la peor época de su vida. Había perdido a su gemela celestial, Adelaide Ames, compañera en el Observatorio, en un trágico accidente. Viajó a Europa para cambiar de aires y allí aceptó la invitación de un viejo amigo, Boris Gerasimovic, director del Observatorio de Pulkovo, en Rusia. Nadie pudo disuadirla de hacer ese viaje. Cecilia llegó allí al límite de su dolor al ver las condiciones en las que vivían, la tensión y el miedo que rodeaban a todo el mundo. Tras esto, volvió a Gotinga para acudir a la reunión en la que Sergei la abordó.

Cuando Cecilia conoció la situación de Sergei se puso su capa de superheroina y voló hasta Estados Unidos. Allí convenció a Harlow Shapley (que no opuso resistencia alguna) para que admitiera a Sergei en el Observatorio. Además, consiguió que aceptaran su entrada en Estados Unidos a pesar de no tener la nacionalidad y le buscó un lugar donde vivir.

Cecilia era su supervisora en el Observatorio y una de las pocas personas con las que Sergei, que no dominaba todavía el inglés, podía hablar en alemán. Y entre placa y placa surgió el amor: a los tres meses ya estaban casados, sorprendiendo a todo el personal que, dada su discreción, no había notado nada de nada.

Bibliografía

—Sobel, Dava. 2016. El universo de cristal. La historia de las mujeres de Harvard que nos acercaron las estrellas. Capitán Swing.

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