Una maravillosa aventura sin límite

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Supongo que es normal que una hermana mayor sea un poco mandona. A mí me gusta muchísimo mi hermana, porque me cuida y porque todo el mundo te respeta en el colegio si hay alguien más alto dispuesto a defenderte a base de collejas. Pero cuando vemos un rato la tele ella es la que manda y no hay más que hablar.

TEXTO POR MARÍA DOCAVO
ILUSTRADO POR CRISTINA ESCANDÓN
PRINCIPIA KIDS
CUENTO
19 de Noviembre de 2014

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Acabamos de llegar a casa de mis tíos, la que nos dejan todos los veranos para pasar unos días en la playa. Mis padres parecen muy ocupados con las maletas y mi hermana está entusiasmada porque en la tele ponen “Alicia en el país de las maravillas”. Nunca me ha parecido muy lista Alicia; si yo tuviera una tarta que me hiciera crecer como un gigante ¡nunca la comería dentro de una casa! Yo estoy en el sofá acariciando a rubia, nuestra perra. De repente levanta las orejas, da un salto y sale corriendo por la puerta. Siempre que venimos a Almería hace lo mismo, porque aquí hay muchos gatos y a rubia le gusta muchísimo perseguirlos para ladrarles y luego no hacer nada cuando los tiene frente a frente. Así que salgo a la puerta a buscar a nuestra perra, pero ya es de noche y aunque estamos en verano hace un poco de frío. No me parece muy buena idea que una niña de 6 años se pasee gritando “¡rubia, rubia!” por el paseo marítimo. Antes de darme la vuelta para avisar a mis padres, me meto las manos en los bolsillos y parece que hay algo que antes no había…

En el bolsillo izquierdo tengo un frasco bastante grande con una etiqueta que dice “bébeme” y en el derecho tengo una galleta, también grande, con la palabra “cómeme” escrita con chocolate. ¡Igual que cuando Alicia cae por el agujero y tiene que hacerse pequeña para entrar por la puerta! ¿Será una broma de mi hermana? No sé, desde luego sería una broma muy elaborada. Bueno, voy a pensar un plan. Se que es peligroso pero ¿cuántas veces se me va a presentar una oportunidad como ésta? En la película la galleta hacía crecer a Alicia y el frasco la hacía encoger. No paro de preguntarme cuánto podré llegar a crecer…

Me acerco a la playa y le doy un pequeño mordisco a la galleta… mmm… ¡es la más rica que he comido nunca! Muy crujiente y sabe a chocolate con leche y con almendra tostada pero no parece que tenga ningún efecto. Supongo que mi hermana estará mirando por la ventana muerta de risa. Voy a ver si rubia ha vuelto a casa. ¡No, espera! Me siento un poco mareada, todo me da vueltas y mi cuerpo no para de moverse, como si fuera montando un caballo al trote. Ahora debo medir más de dos metros ¡y no me ha dolido nada! Pero no pienso quedarme aquí. No sé qué puede pasar, pero no seré yo quien ponga límite a mi propia altura. Yo soy mucho más lista que Alicia. La gente del paseo marítimo empieza a mirarme, y yo, un poco avergonzada decido meterme en el agua, así podré disimular un poco mi enorme tamaño.

Estoy tan impaciente por comprobar a donde puedo llegar que me como el resto de la galleta de golpe. Esta vez soy mucho más consciente de mi propio crecimiento. ¡Es lo más parecido a cuando fuimos en avión a Londres para ver a la tía Ana! Primero veo los coches y las casas cada vez más pequeños, luego es como si mirara un mapa de los del colegio. ¡El mapa cada vez es más completo y yo no paro de crecer! Como no quiero hacerle daño a nadie, doy un paso y me introduzco más en el mar. Ahora ya puedo ver que la tierra es redonda y mi cabeza empieza a atravesar las nubes. ¡Qué frío hace aquí! Al menos he parado de crecer ¡Esto es precioso! Mi cabeza ha atravesado una capa que envuelve al planeta. Veo la luna brillar gracias a la luz del sol, el sistema solar, estrellas, cometas…Y sobre todo hay mucho espacio vacío. Pero ¡no puedo respirar! Claro, por eso los astronautas llevaban casco cuando fueron a la Luna: ¡aquí no hay aire! Voy a tener que encoger enseguida porque ahí abajo he debido montar una buena. Mi madre se va a cabrear muchísimo, más que cuando le pillé el dedo con la puerta –aposta- al pelota de Antonio Moreno. Bien merecido se lo tenía el muy repelente.

Bebo un poco del frasco para hacerme más pequeña. ¡Está asqueroso, sabe a jarabe! No sé por qué tiene que ser tan fácil crecer y tan difícil lo contrario. Poco a poco tengo la misma visión que antes, pero al revés. Voy dando pasos hasta volver a Cabo de Gata, en Almería, donde empecé a crecer. Menos mal que es fácil de reconocer y que mi abuelo siempre me enseña donde está en el mapa. Los abuelos siempre saben cuál es la información más importante.

Mientras voy volviendo a mi tamaño normal me voy cruzando con muchos aviones y helicópteros. ¡Sí que he debido organizar una buena! Cuando llego a la playa hay muchísima gente mirándome con la boca abierta. Todo el mundo parece estar petrificado excepto mi madre, que se acerca amenazante, con cara de ira. Ya sabía yo que esto iba a ser peor que lo de Antonio Moreno. Me da igual, ha merecido la pena. Pero espera… ¡Todavía me queda líquido! Venga voy a planear esto bien, aunque no me queda mucho tiempo para pensar...

Salgo del agua porque no quiero morir encogida y ahogada, y bebo un poco de líquido. Justo cuando mamá llega a mi lado mi cuerpo empieza otra vez a agitarse y ella se queda parada y me mira extrañada. Me hago más pequeña que un dedo pulgar, tanto que me cuesta andar entre los granos de arena sin hundirme ¡y veo que se acerca un escarabajo negro y viene directo hacia mí! Definitivamente, esta no es la mejor idea que he tenido nunca. Miro a alrededor y veo algo sobre la arena que parece mucho más rígido que el suelo sobre el que estoy intentando andar. Con mucha agilidad consigo moverme entre la arena. Aunque tres patas del escarabajo pasan junto a mí, consigo que no me aplaste. Morir aplastada por un escarabajo sería lo que yo llamo una muerte estúpida. Subo al objeto que había visto antes que resulta ser una moneda de 1 euro. Le grito “A ti no te pierdo de vista yo cuando mi bolsillo vuelva a su tamaño normal y ya veremos quien sostiene a quien”. No soy yo nadie amenazando a objetos inanimados.

Sigo teniendo frío, los pies mojados y mi madre debe estar ya mucho más asustada que enfadada pero, todavía me queda líquido y ya he decidido que tampoco me voy a poner límite en lo de encoger. Así que bebo un poco más del frasco y rápidamente dejo de ver la brillante moneda. Ahora es como si estuviera en una piscina de bolas, pero las bolas están sorprendentemente ordenadas. Sobre la piscina, en el aire, también hay bolas, aunque están unidas sólo de dos en dos y van dando vueltas por ahí y chocando unas con otras y con las bolas de la superficie de la piscina. Es todo muy caótico y tengo miedo de morir aplastada por un choque entre bolas. ¡Y otra vez no puedo respirar! ¡Claro! mi nariz es demasiado pequeña para que el aire entre en ella.

Ahora me doy cuenta de mi gran error: me he puesto a encoger ¡cuando ya no me queda nada de la galleta para crecer! ¡SOCORRO!, grito asustada esperando que mi madre me oiga y se le ocurra algo que solo a las madres se les puede ocurrir. ¿Y ahora qué hago? “Dije sin límites, y sin límites será” -me digo a mí misma- y decido beber el poco líquido que queda en el frasco. Total, tampoco tengo más alternativas. Ahora pasa algo que no me esperaba. Soy tan pequeña que entro dentro de una de las bolas de la piscina y ¡la vista es bastante parecida a la que tenía cuando estaba observando el sistema solar! Hay muchísimo espacio vacío y veo pequeñas esferas girando alrededor de una esfera central. “Así que este es el aspecto que tiene la materia por dentro” –pienso- y, mientras noto como me falta el aire en los pulmones, oigo la voz de mi hermana que dice “Belén, Belén…”

“¡Belén, despierta ya, que se ha acabado la peli y quiero irme a la cama!”. Abro los ojos y veo a mi hermana y tengo un tamaño normal, bueno un poco alta para mi edad. Me coge de la mano y vamos las dos juntas por el pasillo. Ella nunca lo dice pero no le hace gracia irse sola a la cama. A mí también me gusta que me acompañe y más después de ese sueño tan emocionante. Y mientras me duermo, voy pensando: ¿será realmente así la materia?

Este cuento está dedicado a Isa, mi hermana mayor.

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