Gigantes que sobrevivieron al meteorito que extinguió los dinosaurios

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El final del Cretácico llegó, hace unos 65 millones de años, tras colisionar contra la superficie de la Tierra un enorme meteorito. El impacto se produjo en Chicxulub, península de Yucatán (México), donde formó un cráter de 180 kilómetros de diámetro y desencadenó un proceso de extinción masiva que acabó con dinosaurios, pterosaurios, mosasaurios, ictiosaurios, ammonites, etc. Desaparecieron millones de especies, se estima que aproximadamente el 75% del total.

TEXTO POR PEDRO L. MÉNDEZ
ARTÍCULOS
BOTÁNICA
23 de Abril de 2015

La actividad fotosintética de la biosfera se vio gravemente dañada

Una gigantesca nube de polvo cubrió la superficie del planeta afectando enormemente a la actividad fotosintética, dañando directamente a los productores primarios. Por ejemplo, en Norteamérica desaparecieron más de la mitad de las especies vegetales. Al desmoronarse la base de las pirámides tróficas se provocaron numerosas extinciones en cadena que lógicamente afectaron a los niveles superiores en los que se situaban los grandes reptiles, tanto en el medio marino como en el terrestre. Sin embargo y en contra de lo que pudiera suponerse, este desastre tan dramático y extenso no acabó con la desaparición de todos los gigantes: algunos árboles de más de 40metros de alto sobrevivieron. Grandes coníferas que llevaban conviviendo mucho tiempo con los dinosaurios fueron capaces de resistir las extremas condiciones medioambientales que provocó el choque. Habían aparecido unos 300 millones de años antes, en el Carbonífero, y alcanzaron su mayor éxito evolutivo en el Cretácico, hasta que el colosal desastre de Chicxulub marcó el inicio de la dominancia de mamíferos y plantas con flor y fruto (angiospermas).

Los supervivientes quedaron relegados a regiones apartadas

Aunque las coníferas mantuvieron su papel dominante en el paisaje en muchos ecosistemas, como la taiga, puede decirse que perdieron su hegemonía casi absoluta de la época dorada de los dinosaurios. Según recientes estudios, las angiospermas tomaron el relevo debido a la selección natural de aquellas plantas orientadas al crecimiento rápido y sin hoja perenne. En definitiva, sobrevivieron solo aquellas plantas que resistieron mejor al frío (en los últimos tiempos del Cretácico se produjo un enfriamiento global).

Sobrevivieron solo aquellas plantas que resistieron mejor al frío

Las angiospermas tuvieron ventaja gracias principalmente a que crecían más rápido, sus ciclos vitales eran más cortos, su tamaño -en general- también y a que muchas de ellas no mantenían todo el año el dosel siempre verde con el gasto energético asociado. Los árboles de hoja caduca, tanto angiospermas como gimnospermas, y crecimiento más rápido se adueñaron gradualmente de las mejores regiones pero las grandes coníferas que habían superado la terrible criba no pudieron competir en igualdad de condiciones y en su mayoría quedaron relegadas a terrenos en los que la vida era más difícil. De hecho en la actualidad, las especies con árboles más altos y longevos siguen siendo coníferas como secuoyas y abetos de Douglas que alcanzan los 100metros de altura y superan los 1000 años de edad, pero que viven en remotas regiones poco accesibles. Esto nos da idea de la estrategia vital de algunos de los supervivientes que lograron resistir en zonas de climas extremos en las que soportan heladas, nevadas, sequías, etc.

Coigüe, Nothofagus dombeyi
Coigüe, Nothofagus dombeyi. Fuente: Pedro L. Méndez

¿Podemos ver hoy cómo resistieron las grandes coníferas el avance de las angiospermas?

La verdad es que no es fácil después de los millones de años que han pasado y del deterioro medioambiental que ha causado nuestra especie por todos lados. Por ejemplo, en España y en el área mediterránea en general no existe bosque primario, sino que casi todas las formaciones vegetales son secundarias (bosque regenerado después de meter el hacha o el fuego) o plantaciones forestales. Los bosques primarios o nativos son aquellos en los que la mano del hombre nunca ha alterado las comunidades vegetales. Cada día son más escasos, claro. Sin embargo, son fundamentales para entender cómo era la naturaleza antes de la llegada del ser humano. Existen aún bosques primarios donde podemos encontrar grandes coníferas relictas en dos biomas distintos: los de clima subtropical (México y América Central, sur de Brasil, India y Sudeste asiático) y los de zonas de clima templado (noroeste de Norteamérica, sur de Chile y Argentina, Nueva Zelanda, Tasmania o sur de Japón).

La cordillera de Nahuelbuta y sus araucarias

El Parque Nacional de Nahuelbuta, situado en la cordillera del mismo nombre, es una Reserva Mundial de Biodiversidad situada entre las regiones de La Araucanía y el Bío-Bío (Chile). Gracias a su accidentada orografía ha podido conservarse esta joya de la biodiversidad con sus bosques primarios, lo que permite disfrutar de algunas de esas coníferas supervivientes. Como se encuentra justo entre dos zonas fitogeográficas (mesomórfica e hidromórfica) la biodiversidad literalmente se dispara siendo de las más altas del mundo. Atesora una flora y una fauna increíbles, con cientos de especies endémicas (es decir que no pueden observarse en ningún otro lugar del mundo). Al comenzar la subida uno pasea entre imponentes notofagáceas, árboles de hoja caduca emparentados evolutivamente con nuestras hayas, con nombres tan curiosos como coigüe, ñirre o lenga. Se trata de un bosque mixto con diferentes especies de frondosas que dominan las faldas de esta cordillera costera. A medida que se asciende varía el tipo de vegetación como en cualquier montaña, hasta que en un momento dado nos encontramos con los primeros ejemplares de araucaria o pehuén, Araucaria araucana.

Bosque de araucarias
Bosque de araucarias. Fuente: Pedro L. Méndez

El leño de esta conífera presenta rasgos arcaicos, las ramas son verticiladas, las hojas son aplanadas y bastante anchas además de tener un ápice punzante que se supone protegía las ramas de los mordiscos de grandes animales como dinosaurios. Estos ejemplares jóvenes que crecen junto a otros no tan jóvenes tienen largas ramas que serpentean como culebras, descienden retorciéndose hasta el suelo. Sin embargo, los ejemplares de mediana edad ya muestran largos troncos sin ramas hasta la frondosa copa, los troncos suelen estar cubiertos de unos abundantes líquenes epífitos que aparecen por doquier en esa parte del bosque, las barbas de viejo, Protousnea poeppigii llamados así porque recuerdan a unas barbas canosas. Al ascender más alto las araucarias poco a poco van siendo más abundantes que el bosque caducifolio. Ya cerca de la cumbre, entre los 1000 y 1500 metros, las araucarias lo dominan todo, como en los tiempos de los dinosaurios. El registro fósil indica que en aquella época estos magníficos árboles eran prácticamente iguales a los ejemplares actuales, por eso en tantos documentales del Jurásico suelen mostrar un paisaje dominado por ellos. Los ejemplares viejos suelen tener enormes huecos en la base de sus largos y rectos troncos en los que caben perfectamente varias personas de pie. Uno de los ejemplares tiene unos 1500 años de edad y mide aproximadamente 50 metros de altura. La copa de estos árboles evita que la nieve se acumule durante el invierno.

Araucaria joven, cubierta de barba de viejo
Araucaria joven, cubierta de barba de viejo. Fuente: Pedro L. Méndez

Presente y futuro de las grandes coníferas

Las especies con aprovechamiento forestal o de interés ornamental tienen el presente asegurado aunque puede que su futuro sea poco halagüeño al quedar ligado su futuro al de nuestra especie. La mayor parte de bosques nativos de coníferas corresponden a poblaciones relictas bordeadas por bosques de angiospermas. La llegada del meteorito supuso la extinción selectiva de las especies siempre verdes de crecimiento lento, sobrevivieron las especies mejor adaptadas al frío. Por eso estas poblaciones aisladas sobreviven en sobre todo en cordilleras y sierras, salvo los inabarcables bosques de coníferas del Canadá y Rusia que están muy bien adaptadas a resistir el frío y no viven necesariamente en zonas montañosas. El único futuro razonable para estos gigantes pasa porque seamos respetuosos con las últimas poblaciones de bosque primario con grandes coníferas, además las generaciones venideras nos lo agradecerán cuando disfruten de la contemplación de estas maravillas naturales que nos hablan de un pasado de gigantes.

El autor dentro de una araucaria gigante
El autor dentro de una araucaria gigante. Fuente: Pedro L. Méndez

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