Alfonso Pardo: «...los contaminantes circulan por todo el mundo»

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Alfonso Pardo es geólogo y en la actualidad es profesor e investigador en la Universidad de Zaragoza. Es un apasionado de la divulgación y los medios audiovisuales, lo que le llevó a dirigir el documental sobre los ibones aragoneses «Montañas de agua», que en 2014 recibió una mención honorífica en los prestigiosos Premios Prismas Casa de las Ciencias. En Principia hemos podido entrevistarle y averiguar todos los secretos que esconden los ibones.

TEXTO POR FERNANDO GOMOLLÓN-BEL
ILUSTRADO POR ANGIE SUÁREZ
ARTÍCULOS
CAMBIO CLIMÁTICO | ECOSISTEMAS
28 de Marzo de 2016

Fernando Gomollón Bel (FG): Montañas de agua es un documental sobre la contaminación de los ibones. Para todos aquellos que no lo sepan, ¿nos explicas qué son? 

Alfonso Pardo (AP): Los ibones son lagos de alta montaña. Siendo más específico: son lagos glaciares de circo. La nieve se acumula en circos de montaña durante los periodos de glaciación. Cuando la masa de nieve es suficientemente importante se compacta, forma hielo, y ese hielo al final forma la lengua glaciar (lo que se conoce habitualmente como glaciar). La masa de hielo presiona de manera muy fuerte y fractura, poco a poco, la roca hasta formar una cubeta. Cuando ya no hay hielo, esta cubeta puede llenarse con agua y formar un lago. Es a este lago al que llamamos ibón. Prácticamente todos los ibones del Pirineo tienen la misma edad; datan de la retirada de hielo de la última glaciación (hace unos 11 000 años). Cuando se retiran los cuerpos glaciares se llenan las cubetas de agua, mediante procesos hidrológicos varios se van llenando de sedimentos y finalmente, se colmatan y transforman en prados o turberas de alta montaña. Los ibones son cuerpos efímeros, condenados a morir tarde o temprano.

FG: ¿Por qué decidiste investigar sobre los ibones?

AP: El tema de investigar los ibones viene de hace muchos años. Antes no había Ciencias Ambientales en Zaragoza, tan solo había una titulación de la Universidad de Gales impartida por la Fundación San Valero y yo en ese momento daba clases ahí. Coincidí con una serie de personas que hoy en día formamos el núcleo del grupo de investigación y empezamos a buscar un tema científico y medioambiental, que tuviera trabajo de campo y que pudiéramos abordar con los limitados medios de los que disponíamos. En ese momento, se me ocurrió proponer el tema de los ibones como objeto del estudio. Vimos que la bibliografía era escasa; algo sobre los lagos de alta montaña catalanes (estanys), pero poco más. Cuando fuimos a preguntar a la Confederación Hidrográfica del Ebro nos dijeron que ni siquiera existía un inventario exhaustivo de los ibones, de cuántos hay, de sus profundidades… No tenían ni idea.

Los ibones son cuerpos efímeros, condenados a morir tarde o temprano

Lo primero que hicimos fue elaborar un estado del arte, catalogando todos los ibones. Seleccionamos unos pocos que, por facilidad de acceso, seguramente tenían más impacto antrópico. El primero de la lista fue el ibón del Balneario de Panticosa porque lleva usándose desde la época de los romanos. Luego pensamos en el ibón de Sabocós, que en principio debía estar menos contaminado. Vimos que tenía algo de influencia de la estación de esquí de Panticosa. Luego fuimos a Astún, donde hay otra estación de esquí, e investigamos Truchas y Escalar, que están muy cerca el uno del otro pero que tienen situaciones (profundidad, eutrofización, etc) completamente distintas.

Nuestra pregunta era, ¿qué impacto está causando el ser humano en los ibones? ¿Cuáles pueden ser considerados naturales? ¿Qué criterios seguimos para decir que un ibón es natural? ¿Qué signos indican qué problemas? Hay trabajo de investigación para varias generaciones, ya que existen casi 200 ibones en el Pirineo Aragonés. 

Nosotros jugábamos con una ventaja: yo soy instructor de buceo y buceador científico, y esta experiencia nos ha sido muy útil. Con los aparatos que hemos diseñado hemos podido actuar como precisos cirujanos en el ibón. Bajamos al fondo, vemos lo que hay y cogemos las muestras que nos interesan. Típicamente, para analizar lagos se iba con una barca, se soltaba una grúa o un tubo de agua y se cogían muestras sin saber muy bien qué se estaba cogiendo para el análisis, por tanto las muestras no estaban contextualizadas. 

FG: El tema de la contaminación de los ibones lo tratáis también en el documental. Sin embargo, dices que son lagos muy aislados. ¿De dónde vienen los contaminantes? ¿Son todos de origen humano?

AP: Los vectores de contaminación pueden ser muy diversos, tienen que ver con los usos y entorno de cada ibón. Sería necesario un estudio detallado de cada caso. La contaminación típica de un ibón es la contaminación ganadera. Los prados cercanos a los ibones suelen usarse como pastos naturales y los lagos como abrevaderos. Esto supone una gran carga de ganado, que va soltando excrementos al agua, lo que aumenta la cantidad de materia orgánica y con ella la de fitoplacton, algas y bacterias y esto produce un fenómeno conocido como eutrofización. 

Otro caso diferente puede ser lo que estamos viendo actualmente en el ibón de Sabocos y los restos de lindano (que probablemente provienen de Sabiñánigo). El lindano es un compuesto semi-volátil, es decir que se evapora con facilidad. En la atmósfera lo transporta el viento, y al ascender a zonas cercanas a la estratosfera puede condensar y caer en el ibón y sus inmediaciones, donde acaba concentrándose. Hablamos de concentraciones pequeñas, del orden demicrogramos por litro como mucho. 

Un tercer tipo de contaminación, biológica en este caso, son las introducciones de peces. Los pescadores sueltan alevines de trucha al principio del verano para poder pescar en otoño. Esto se ha hecho durante muchísimo tiempo, como una forma de asegurar la pesca. Algunas especies (como la trucha) se pescan con cebos vivos (peces pequeños) que, para no cargarlos de vuelta a casa, solían tirarse al ibón.

En resumen: el ganado, la pesca y la industria son algunas actividades humanas que contaminan los ibones y desequilibran el ecosistema.

FG: En el documental se ve cómo en uno de los ibones encontráis neumáticos, botas…

AP: Sí, de hecho, en el penúltimo viaje a Sabocós, inspeccionando el fondo, encontré una granada de mortero de la Guerra Civil. Tuve que pensármelo un poco antes de tocarlo, como vi que estaba percutido lo saqué y lo analizamos fuera. ¡Todavía tiene explosivo en su interior!

En algunos análisis hemos encontrado trazas de cromo y zinc, y los hemos relacionado con el proceso de decapado y pintado de las columnas de telesillas y telecabinas. El cromo se usa tanto como color verde como como protector. El zinc es el material “de sacrificio” de los contactos a tierra de los aparatos. Cuando se decapa antes de repintar los postes, no se aspiran los residuos y mediante diferentes procesos y corrientes termina en el ibón y son detectados cuando analizamos las muestras. Esto demuestra que la contaminación tiene procedencias muy distintas.

También hay una contaminación que podríamos llamar “natural” que proviene de la propia meteorización química de la roca. Puede alterarse así la composición del agua y de algún modo, alterar el ecosistema.

En el penúltimo viaje a Sabocós, inspeccionando el fondo, encontré una granada de mortero de la Guerra Civil

FG: Has mencionado el lindano, que ha sido la estrella de los periódicos en los últimos meses. ¿Es cierto que procede de las fábricas de pesticidas de Sabiñánigo (Huesca)?

AP: Es una larga historia. En 2011, un laboratorio del CSIC de Barcelona nos pidió unas muestras de agua muy pura para utilizarla como control en sus sistemas de calibración. Pensaron que por su pureza, el agua de los ibones podría ser muy útil para este cometido. Resultó que esas aguas no estaban tan limpias, ya que contenían trazas de lindano. Tomamos más muestras a lo largo de los años y el isómero alfa del lindano resultó ser el mayoritario en todas las medidas de los ibones, las tierras circundantes y las muestras que tomaron equipos independientes en el río Gállego. 

Los sistemas de dispersión hasta el río son muy distintos (uno es por movimiento atmosférico y el otro por lixiviado a través de las fracturas de las rocas, etc.) pero el hecho de que siempre sea mayoritario el isómero alfa nos indica que probablemente sí que sea Sabiñánigo el foco de la contaminación con compuestos clorados. Pero todavía tenemos que confirmarlo; en ciencia no pueden hacerse afirmaciones a la ligera.

FG: ¿Cuándo surge la idea de rodar un documental sobre el tema?

AP: A mí siempre me ha gustado el tema de la difusión de la ciencia, así como trabajar con audiovisuales. De hecho, “Montañas de agua” no es el primer documental que hago. Hice uno sobre el Prestige hace unos años, con mis alumnos de Ciencias Ambientales. Fuimos a Galicia como voluntarios y aprovechando el viaje, grabamos un documental. También he hecho algún corto; me gustan las técnicas audiovisuales como medio de contar historias, sean de ficción o de divulgación. 

Respecto al documental “Montañas de agua”, me llegó un correo informando sobre un curso de guión de documental científico, organizado por el ICE y la UCC de la Universidad de Zaragoza, para aprender a hacer un guión. Aproveché que en esas fechas tenía pocas clases y me apunté. De todas las propuestas de guión se eligieron cinco para terminar los proyectos. La mía se encontraba entre las seleccionadas, aunque encontraron algunas pegas: necesitaban tomas subacuáticas y filmaciones desde helicóptero. Pero ya teníamos todo eso hecho, fruto de nuestro trabajo de documentación anterior sobre los ibones. Todo el trabajo que logísticamente era más complicado, estaba listo. El documental debía rodarse en tan solo un día de trabajo, por lo que tener todo eso adelantado nos vino muy bien. 

Hicimos un grupo de trabajo y elaboramos el guión. Yo quería que fuera un documental coral, con muchas voces, que reflejara claramente que el equipo investigador es multidisciplinar. Además, quería que la historia la contaran todos los investigadores, mediante declaraciones que se hilarían en el documental para construir la historia.

Por otro lado, quería descontextualizar la concepción de que la ciencia siempre ocurre en los laboratorios, siempre de puertas adentro, en bibliotecas. Quería mostrar el trabajo de campo, el trabajo al aire libre, la aventura. Estamos muy acostumbrados a verlo en la tele con los documentales de National Geographic en la selva de Costa Rica, la Antártida. Pero quería mostrar que en España, en la puerta de casa, podemos encontrarnos con situaciones de riesgo y de aventura de las que se puede sacar información muy útil para la ciencia, tanto o más interesantes como las de los grandes documentales.

Quería mostrar el trabajo de campo, el trabajo al aire libre, la aventura

FG: ¿Os costó mucho tiempo rodar el documental? ¿Y tenerlo listo para su proyección?

AP: Lo rodamos en tan solo un día. Dimos un breve guión a los investigadores, aunque realmente tenían libertad para contarnos la historia con sus propias palabras. Lo que más nos costó (aunque también es la parte más agradecida) fue la edición. Editar me gusta, pero soy un poco obsesivo y hasta sueño con el montaje, con las partes que dejo, con las que quito. Pero editando es cuando la obra toma forma; añades la música, las voces en off, etc., y en seguida te das cuenta de que todo tiene sentido (cosa que con el vídeo en bruto no pasa). La postproducción fue larga (aproximadamente un mes) pero creo que el esfuerzo mereció la pena. 

Siempre hago una prueba: veo el documental meses después de editarlo y si todavía tiene sentido, es que estaba bien hecho. “Montañas de agua” sigue gustándome cuando lo veo ahora.

FG: “Montañas de agua” es un documental multidisciplinar en el que colaboran investigadores de varias ramas de la ciencia: química, física, geología, geografía, medio ambiente, etc. ¿Qué tal se lleva?

AP: No es tan importante el hecho de trabajar con gente de distintas disciplinas (aunque, en efecto, es muy enriquecedor y siempre surgen buenas ideas y soluciones a problemas) sino trabajar con buena gente. Yo siempre he luchado porque todo el mundo tenga voz y voto, seas catedrático, profesor o becario. Todos tienen la misma capacidad de expresar ideas y tomar decisiones. Esto a veces nos ha creado problemas porque no todos están siempre de acuerdo con esta idea. 

Desde el punto de vista de las especialidades, en ocasiones ocurre que parece que hablamos lenguajes distintos. Yo por ejemplo, me he especializado bastante en el tema del trabajo de campo. Como los protocolos de muestreo subacuático tienen una serie de problemas inherentes al medio hiperbárico (e hiperfrío), hemos tenido que diseñar nuevos elementos de muestreo, como la preparación de una botella para coger muestras que funcione bajo presión y que sea manejable con los guantes gordos (de 5 mm) que llevamos en los trajes.

FG: El documental ha sido premiado con una mención honorífica en los Prismas 2014. El ganador ha sido “Wildmet”, un corto con casi 800 000€ de presupuesto. Estaréis orgullosos del premio, ¿no? 

AP: Es una mención de honor de la que estoy orgullosísimo. En la entrega de premios me senté al lado del director de “Wildme” y hablamos un rato. Yo acababa de ver un trozo del documental y me había parecido espectacular. Le pregunté sobre su presupuesto y me quedé alucinado cuando me dijo que contaron con 800 000€. Claro, el nuestro habían sido 35 €, lo que pagamos de gasolina para subir al ibón a grabar. El material era prestado y la gente lo hizo todo gratis. Yo considero que jugaba en una liga distinta. De hecho, ¡”Wildmet” está nominado a ocho premios Goya! Es una mención, pero yo la considero un premio. Estoy muy contento y le da mucho prestigio al documental. 

Además, en 2011 fuimos finalistas en el Festival de Cine de Doñana y seleccionados por ECOCINE en Zaragoza para ser exhibidos en el festival. Vamos, que a “Montañas de agua” le está yendo bastante bien.

Es una mención, pero yo la considero un premio. Estoy muy contento y le da mucho prestigio al documental

FG: Spoiler alert. ¿Habéis encontrado el ibón “perfecto”, de referencia, sin rastro de la acción humana? 

AP: Lamento chafar “Montañas de agua” y quitarte la ilusión. Eso no lo vamos a encontrar nunca. Utilizamos ese cierre en el documental para dejar un poquito de hueco a la esperanza, pero es mentira. Estamos en un sistema global, los contaminantes circulan por todo el mundo (por vía atmosférica, subterránea…). Puedes encontrarte trazas de un componente equis que viene de una industria petroquímica de Japón. El ibón prístino, sin rastro de actividad humana no existe. Pero ni ningún ibón, ni ningún ecosistema terrestre; ya no hay nada que no tenga una pequeña impronta humana.

 A continuación, podéis ver el documental:

Para saber más sobre el lindano.

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