Lorna Toselli

A mis cuatro años soñaba con aprender a leer y escribir. Copiaba las letras de la agenda de mi mamá. A los ocho quería ser escritora. Inventaba cuentos, una compañera de colegio los ilustraba y los dábamos en arriendo “por lectura” al resto del curso.

Leer, escribir, investigar y que otros pudieran maravillarse con lo que yo iba descubriendo, me fascinaba. También conversar con distintas personas con las que me cruzaba en la vida o por las calles. Para luego escribir sus historias en mis cuadernos eternos de escritura diaria que llevo desde los siete años. Entonces, me titulé de periodista y magíster en comunicación.

Junto al pensamiento, reflexión, creación y abstracción de ideas, siempre tuve un mundo paralelo; un cable a tierra que anclaba mis pies a piso para que no se soltara el volantín al espacio. Un mundo más corpóreo: la danza (sobre todo contemporánea). Una pasión que me acompaña desde hace más de veinte años. Por lo que si no escribo bailo. Bailo lo más que puedo. Y bueno, a veces se requiere foco con tanta dispersión y me formé como profesora de yoga.

Me maravillo con todo; con el conocimiento y la explicación de cada cosa del mundo. Con las historias. No sólo las que nos inventamos, sino también las que sostenemos a través de las ciencias. Me oxigena el arte y su expresión.

Los últimos años he estado estudiando neurociencias, con lecturas personales y  diplomados. Porque me maravilla el ser humano, desde sus huesos hasta la célula misma con sus funciones. Pero el misterio del cerebro y la conducta, me sorprenden como las letras que yo buscaba en esa agenda con apenas cuatro años de edad.

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