Cajal, fotógrafo

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La primera noticia que conocemos de Cajal en relación con la fotografía o, al menos con su fundamento óptico, se produce cuando siendo un niño travieso —sus caricaturas corren de mano en mano y no abandona la cháchara con los camaradas— es castigado a quedarse encerrado en clase en su escuela de Ayerbe. En el aula en penumbra, Cajal hace un descubrimiento sorprendente: la luz que entra por una grieta de la contraventana proyecta sobre el techo, cabeza abajo y con sus naturales colores, las personas y caballerías que pasan por el exterior. En sus memorias Recuerdos de mi vida. Mi infancia y juventud escribe Ensanché el agujero y reparé que las figuras se hacían vagas y nebulosas; achiqué la brecha del ventano sirviéndome de papeles pegados con saliva y observé, lleno de satisfacción, que conforme aquélla menguaba, crecía el vigor y detalle de las figuras. Así, lo que el maestro consideraba un duro castigo se convirtió en una diversión, gracias a esta cámara oscura. Cajal, siempre con su lápiz, cuenta propúseme sacar partido de mi impensado descubrimiento. Y montado sobre una silla entreteníame en calcar sobre papel aquellas vivas y brillantes imágenes, que parecían consolar, como una caricia, las soledades de mi cárcel.

TEXTO POR JOSÉ RAMÓN ALONSO
ARTÍCULOS
FOTOGRAFÍA | NEUROCIENCIAS
9 de Noviembre de 2014

En torno a 1868, cuando tenía dieciséis años, Cajal queda fascinado por el descubrimiento de la fotografía. Antes había topado con daguerrotipistas ambulantes, de esos que provistos de tienda de campaña, cámara de cajón y un objetivo enorme iban por los pueblos y ferias viviendo de fotografiar a los paisanos. En Huesca, invitado por un amigo puede penetrar en el augusto misterio del cuarto obscuro situado en un improvisado laboratorio fotográfico que usa como galería las bóvedas de la derruida iglesia de Santa Teresa, cerca de la estación y queda cautivado por el proceso de revelado …la revelación de la imagen latente, mediante el ácido pirogálico, causome verdadera estupefacción. Esta imagen latente es la que existe impresionada por la luz en los cristales de sal de plata y es la base del fenómeno fotográfico tanto en el negativo como en el positivo. No me explicaba cómo pudo sospecharse que en la amarilla película del bromuro argéntico, recién impresionada en la cámara oscura, residiera el germen de maravilloso dibujo, capaz de aparecer bajo la acción de un reductor. Cajal sigue contando ese embeleso de todos los niños que han entrado por primera vez en un cuarto oscuro y han visto el proceso de revelado: Todas estas operaciones produjéronme indecible asombro aunque en su memoria cuenta que aquellos modestos fotógrafos estaban limpios de toda curiosidad intelectual y …lo importante consistía en retratar mucho y cobrar más. Casi cincuenta años después escribe que aquel momento despierta en él una pasión, apenas mitigada hoy, cumplidos los sesenta y cinco.

Este inicial hechizo se refuerza años más tarde en su convalecencia en el balneario de Panticosa, donde cura de la malaria y los problemas pulmonares contraídos en su estancia como capitán médico en Cuba y aumenta su interés por la fotografía como sustituto a sus frustradas ilusiones artísticas. Es muy probable que con los ahorros de las soldadas acumuladas en la isla caribeña se comprara, además de un microtomo y un microscopio, su primera cámara y allí en el balneario bajo los Pirineos … me entregué al dibujo, a la fotografía, a la conversación y al paseo… su cultivo vino a ser como una compensación feliz, destinada a satisfacer tendencias pictóricas definitivamente defraudadas por consecuencia de mi cambio de rumbo profesional.

La fotografía canalizará su frustrada vena artística o, utilizando sus propias palabras, su anhelo de belleza. En ese sentido todo le interesaba, personas, grupos humanos, monumentos, paisajes... Hacia 1870 escribe una Historia de la fotografía, inédita hasta 1983, donde define este invento como una de las maravillas de los fenómenos de la materia, que eclipsa y deja muy atrás a las siete celebradas maravillas del mundo. Se conservan de él estereografías de Madrid y sus calles, del acueducto de Segovia, de la venus de Milo, de su viaje a los Estados Unidos, de su mujer y sus hermanas entre las palomas de la Plaza de San Marcos de Venecia... Llega a declarar Yo debo a la fotografía satisfacciones y consuelos inefables. Pero quizá lo más interesante de su producción fotográfica son sus autorretratos. Si nos fijamos en muchas de estas fotos, una de sus manos se cierra en un puño para ocultar el disparador y, en ocasiones, realiza varias tomas sobre la misma placa para ahorrar material. Aparece con traje, o con la toga y la medalla académica o con la ropa vieja que debe usar cualquiera que trabaje con sales de plata y haya visto sus manchas indelebles; solo, rodeado de su mujer y sus hijos, con sus discípulos, con sus hermanos; con aquellos objetos de los que está más orgulloso, su microscopio, ¡en alguna con tres microscopios!; en su despacho, en una mesa que parece del salón de su casa, en la cocina, en el laboratorio; en una excursión del gastronómico Gaster Club, amigos con los que compartía el gusto por el aire libre, la fotografía y los arroces; jugando al ajedrez con Olóriz, catedrático de Granada que se rasca la nuca como queriendo dejar constancia de la maestría de Cajal… Mucho de don Santiago está en sus fotografías.

Con su formación investigadora, Cajal experimentará y trabajará con diferentes técnicas, desde el primitivo daguerrotipo en cobre, pasando por el colodión húmedo hasta llegar al gelatino-bromuro. Esta nueva técnica que trabaja sobre placas secas permite realizar tomas con exposiciones inferiores a un segundo, que permitirán, por fin, hacer retratos sin tener que posar, captar con nitidez seres que se mueven, capturar la espontaneidad y naturalidad de un momento, las famosas instantáneas.

Gracias a tan bello invento [se refiere al gelatino-bromuro] los minutos se convirtieron en fracciones de segundo. Y fue posible abordar la instantánea del movimiento, fijar para siempre la veleidad incopiable del oleaje, reproducir la fisonomía humana en sus gestos más bellos y expresivos sorprenderla, en fin, durante los cortos instante en que, libre del filo de la infatuación o de la pose, la verdadera personalidad del modelo asoma por ojos y labios.

Cajal tenía, además, un gran habilitad técnica y así irá fabricando sus propias placas fotográficas y será un pionero del primer microfilm. Sus experimentos con la fotografía los afronta de manera similar al trabajo de laboratorio. Lleva un cuaderno donde anota sus ideas, las sugerencias para mejorar las técnicas, los resultados obtenidos. Es un avanzado a su tiempo y antes de que nadie se ponga a hablar de granularidad y granulación, de sensibilidad y definición, él ya ha llegado de una forma empírica a la mejora de estos aspectos técnicos. Cajal aconseja que durante la fabricación de placas, la disolución de plata en la solución de gelatina, no debe hacerse por encima de 40 ºC …porque corremos el riesgo de obtener emulsiones de grano demasiado grueso y por tanto, poco apropiadas a la reproducción del color.

Fruto de todo este trabajo Cajal publica en 1912 un libro titulado Fotografía de los colores. Bases científicas y reglas prácticas, una obra importante en la historia de la fotografía en España. En la introducción a este libro, Cajal cuenta como su propia vida ha seguido la vida de la fotografía:

En mi larga carrera de cultivador de la placa sensible, he sorprendido todas sus fases evolutivas. De niño, me entusiasmó la placa daguerriana, cuyos curioso espejismos y delicados detalles me llenaron de ingenua admiración. Durante mi adolescencia aspiré con delicia el aroma del colodión, proceder fotográfico que tiene los irresistibles atractivos de la dificultad vencida, porque obliga a fabricar por sí la capa sensible y a luchar heroicamente con la rebeldía de los baños de plata y la desesperante lentitud de la exposición. Alcancé después el espléndido período del gelatino-bromuro de Bennet y V. Monckhoven… Ya en plena madurez, saludé regocijado la aparición del autocromatismo de Vögel y la exquisita sensibilidad de las emulsiones argénticas… Faltaba todavía alcanzar el soñado ideal, es decir, descubrir medios prácticos para fotografiar los colores… Hétenos ya, gracias al maravilloso de invento de Lumière, emancipados de la intolerable esclavitud del blanco y negro.

En los Recuerdos de mi vida. Mi labor científica dice que escribió este libro por dos motivos, el primero … contribuir con mi modesta iniciativa a divulgar entre los aficionados a la heliocromía los principios físicos fundamentales de esta maravillosa aplicación de la ciencia. El segundo es sentimental y se debe a que su hijo Santiago enfermó seriamente del corazón y para estimular iniciativas editoriales escribí los primeros capítulos del libro.

Según va avanzando en su carrera científica, la fotografía y la Neurobiología se van imbricando. Habla del papel intacto de positivar fotografías y el cerebro en blanco del niño que va impresionando imagen tras imagen con el paso del tiempo. Cuenta en las memorias de su infancia que una pared lisa y blanca ejercía sobre mí (cuando todavía contaba 8 o 9 años) irresistible fascinación. Por otro lado, usa en el laboratorio técnicas de plata, con las que hace la parte fundamental de su investigación. Cajal, que valora lo que una nueva técnica abre para estudiar lo desconocido aprende los métodos de tinción que le enseña Simarro en uno de los cuáles el paso nº 4 dice Exposición de los cortes [histológicos] a la luz como si fueran papeles fotográficos. Aún en la actualidad se utiliza fijador fotográfico para estabilizar alguna de estas preparaciones argénticas.

Cajal, y es otra de las constantes de su vida, no se conforma con seguir una receta sino que mejora los protocolos. Analizó las placas fotográficas con un microscopio, lo que le permitió entender las imágenes obtenidas con las placas impresionadas por el método interferencial de Lippmann. Su análisis, probablemente nunca realizado con anterioridad, permitió resolver algún problema muy discutido, como el modo de obtención del blanco. También mejora sus preparados argénticos del encéfalo y a la vuelta de un viaje de verano a Italia decide modificar el método de Simarro y da lugar a lo que conocemos como los métodos de plata reducida Cajal, cuyos paralelismos con las técnicas fotográficas son innegables. Más aún, Simarro y Cajal incluyen las piezas de cerebro en celoidina, un buen medio de inclusión y corte pero la celoidina no es otra cosa que el colodión (mezcla de algodón pólvora, alcohol y éter) que es con lo que se fabrican las placas húmedas que tan bien conocía Cajal.

Al igual que en la Neurociencia, los estudios de Cajal sobre la fotografía se reflejan en una importante serie de publicaciones. Entre 1901 y 1926 publica dieciséis artículos y una monografía con temas diversos tales como la aplicación científica de la fotografía, morfología de las emulsiones, reproducciones del color, etc.

Cajal vive la fotografía como una prolongación de la existencia y al mismo tiempo también la reivindica como esparcimiento, como ocio. En su libro Fotografía de los colores hay al menos dos frases en ese sentido. Al comienzo escribe La fotografía común y, sobre todo, la fotografía cromática, constituyen distracción incomparable para el trabajador intelectual. En los prosaísmos y miserias de la lucha profesional o de la vida oficinesca, pone un poco de poesía y algo de emoción imprevista y más adelante añade es dicha grande para todos los que de vez en cuando necesitamos interrumpir con un poco de solaz el duro batallar del trabajo.

Ramón y Cajal también habla de la fotografía para dejar huella, como un elemento de perdurabilidad, de, en una palabra cargada de sentido, inmortalizar.

Privilegio de la fotografía, como del arte, es inmortalizar las fugitivas creaciones de la naturaleza. Gracia a aquélla, parecen revivir generaciones extinguidas, seres sin historia que no dejaron la menor huella de su existencia. Porque la vida pasa pero la imagen queda.

De forma especial lo liga al recuerdo de los que ya no están. Cajal ha vivido ese cambio de época en la que de la generación anterior no queda una imagen, solo los reyes y los ricos dignatarios podían permitirse pagarse un retrato y ahora un avance tecnológico que lo ha hecho posible para todas las clases medias.

Solo las fotografías contemporáneas de nuestra juventud o de nuestra madurez saben hacer el milagro de resucitar a los muertos. Esta nostalgia conecta con un lamento incluido en los Recuerdos de mi vida No poseo por desgracia retratos de la época juvenil ni siquiera de la madurez de mis progenitores.

Cajal busca perdurar y en ese deseo de perdurar está también en su fotografías, en sus múltiples autorretratos, en las fotos de su mujer y sus hijos, en aferrar y cristalizar los momentos, los recuerdos, los viajes.

¡Qué pena se siente al pensar en la muchedumbre de seres ignotos, descendidos a la tumba, y que viven y palpitan sin embargo en nuestras viejas fotocopias! Saludemos de pasada a estos muertos transeúntes, ignorantes de que, gracias a nuestro objetivo fotográfico, alcanzaron una sombra de vida y un momento de actualidad.

Al igual que en el laboratorio y en contra de esa imagen del sabio trabajando en la penuria y con escasez de medios, Cajal intentó tener el mejor microscopio y contaba con un muy buen equipo de máquinas fotográficas y accesorios. Poseía una Steinheil estereoscópica construida en Múnich, una “Verascope”, una «E. Krauss» con objetivo Zeiss y otra más moderna, una «L. Gaumont & Cía.» modelo «Stereo Spido». Algunos de esos instrumentos, cámaras, visores, etc. se conservan en el museo del Instituto Cajal.

Hay una pregunta última cuya repuesta es difícil de saber. Siendo Cajal un experto en fotografía, ¿por qué sus artículos, sus libros solo contienen, salvo algún caso excepcional y prácticamente anecdótico, dibujos y ninguna foto? Cada dibujo detallado —un aspecto clave de la “marca Cajal”, reconocibles universalmente todavía al día de hoy— implica un trabajo ingente y además, arriesgado. A pesar del uso de la cámara clara, un aparato que permite seguir con el lápiz o el pincel los contornos de lo que estás viendo en el microscopio, siempre hay mayor riesgo de subjetividad en un dibujo que en una foto. Por otro lado, Cajal disponía de aparatos microfotográficos y además, la calidad de sus preparaciones histológicas era excelente, no se trataba por tanto de recurrir al dibujo para ocultar las imperfecciones que una fotografía desvelaría. Entonces ¿por qué?

Hay varias respuestas posibles:

En el ámbito del microscopio nos perdimos al Cajal fotógrafo pero disfrutamos del Cajal artista, además del esforzado trabajador pues en cinco años, los que tardó en preparar La Histología del sistema nervioso del hombre y los vertebrados escribió 1800 páginas de texto y 887 grabados originales, un ejemplo más de la tenacidad y la capacidad de trabajo de este aragonés universal. Para terminar su reflexión sobre la fotografía realizada cuando ya había cumplido los sesenta años:

La fotografía no es deporte vulgar, sino ejercicio científico y artístico de primer orden y una dichosa ampliación de nuestro sentido visual. Por ella vivimos más, porque miramos más y mejor. Gracias a ella, el registro fugitivo de nuestros recuerdos conviértese en copiosa biblioteca de imágenes, donde cada hoja representa una página de nuestra existencia y un placer estético redivivo. Y es algo más. Constituye también medicina eficacísima para las decadencias del cuerpo y las desilusiones del espíritu; seguro refugio contra los golpes de la adversidad y el egoísmo de los hombres. De mí sé decir que olvidé muchas mortificaciones gracias a un buen cliché, y que no pocas pesadumbres crónicas fueron conllevadas y casi agradecidas al dar cima a una feliz excursión fotográfica.

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Este artículo participa en la I Edición del Carnaval de Neurociencias

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