Arde el norte

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El pasado 20 de diciembre, mientras todo el país estaba pendiente de escaños, recuentos y posibles pactos postelectorales, el norte de España ardía. El alto número de incendios simultáneos —más de cien— y la coincidencia con las elecciones hizo que más de uno imaginara oscuros intereses y conspiraciones con fines un tanto turbios. Pero ¿hasta qué punto es raro lo que está pasando estos días en el norte de España? ¿Hay indicios para sospechar de un complot?

TEXTO POR AITOR AMEZTEGUI
ARTÍCULOS
ECOSISTEMAS | INCENDIOS
31 de Diciembre de 2015

Para responder a estas preguntas contamos con una herramienta impagable, las estadísticas sobre incendios forestales que recoge anualmente el MAGRAMA, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Un rápido vistazo a los datos nos permite ver que lo que se está viviendo estos días en Asturias, Cantabria y País Vasco no es ni mucho menos un hecho sin precedentes, sino que ocurre con cierta frecuencia. De hecho, en estas tres comunidades la mayor parte de los incendios (hasta un 70%) se producen en invierno, a diferencia del resto de España, donde se dan entre julio y septiembre.

Número de incendios al año por término municipal entre 2001 y 2010
Número de incendios al año por término municipal entre 2001 y 2010 Fuente: MAGRAMA

En Asturias, Cantabria y País Vasco la mayor parte de los incendios (hasta un 70%) se producen en invierno.

Esta diferencia tiene que ver con la importancia de la actividad ganadera en el norte, donde el fuego se ha usado desde siempre para despejar las zonas por las que tiene que pasar el ganado y para evitar que los pastos se «matorralicen», es decir, que sean invadidos por matorrales y arbustos. De hecho, aproximadamente el 80% de los incendios que se producen en el norte son provocados, normalmente, por agricultores y ganaderos que entienden el fuego como una herramienta más para gestionar el territorio.  Y este año, a falta de que concluyan las investigaciones sobre las causas por parte de los agentes forestales, no parece ser la excepción. Estas quemas se suelen realizar en invierno, cuando el ganado está estabulado y las condiciones meteorológicas permiten quemar rastrojos, matas y arbustos con cierta seguridad de que el fuego se podrá controlar. Y por eso suelen afectar sobre todo a zonas de matorral y monte bajo.

Cuando sopla el viento sur…

Pero la naturaleza es caprichosa, y cuando se juntan una serie de condiciones (vegetación seca por llevar mucho tiempo sin llover, temperaturas altas, viento sur…) los fuegos se vuelven fácilmente incontrolables y tenemos una oleada de incendios como la de estos días. Aunque puedan parecer una barbaridad, prácticamente todos los años se dan días con más de cien incendios a la vez en Asturias y  más de cincuenta en Cantabria. Normalmente, eso sí, suelen darse en marzo, cuando esas condiciones concretas son más habituales. Este año, un mes de noviembre y diciembre excepcionalmente secos y cálidos han disparado el gatillo antes de tiempo. Aunque lo cierto es que cada vez es más frecuente que episodios como estos se den en diciembre, como lo ocurrido en  2012, cuando en tan solo dos días se quemaron 1200 hectáreas de monte, lo cual algunos atribuyen al cambio climático. Tampoco ayuda el progresivo abandono del medio rural, que hace que muchas zonas de pastos se vean invadidas por matorral y que muchos montes presenten una estructura de vegetación que favorece la propagación de los incendios y dificulta la extinción. De esta manera, cuando se produce el fuego, afecta a mucha mayor superficie y se extiende con facilidad a bosques que normalmente no suelen arder.

El 80% de los incendios que se producen en el norte son provocados, normalmente, por agricultores y ganaderos que entienden el fuego como una herramienta más para gestionar el territorio.

Día con mayor número de incendios activos por comunidad autónoma y año (2001-2010)
Día con mayor número de incendios activos por comunidad autónoma y año (2001-2010) Fuente: MAGRAMA

Pero el hecho de que estas oleadas de incendios sean habituales no debe hacernos caer en el error de considerarlas «normales» o «inevitables». Porque como hemos dicho antes, el 80% o más de estos incendios son provocados. En este sentido, y aunque los medios se empeñen en hablar de pirómanos, es importante dejar claro que los incendios provocados por perturbados  —que es lo que son los pirómanos— no llega al 10% de los intencionados, mientras que las quemas agrícolas y de regeneración de pastos suponen más de dos tercios, y en el norte aún más. Y aunque es cierto que la última modificación de la Ley de Montes incluye una polémica cláusula que permite cambiar el uso del suelo tras un incendio en casos en que haya interés general, sugerir que esta ley es la causa de los incendios del norte de España parece, cuanto menos, cogido con pinzas; la ley sigue sin permitir cambios de uso para proyectos de desarrollo privado, por lo que los propietarios de los montes no obtendrían ningún beneficio en dejar quemar su monte. Aun así, hay quien se ha lanzado a establecer relaciones causa-efecto simplistas, sin tener en cuenta las complejidades del asunto.

Causas de los incendios forestales intencionados (2001-2010)
Causas de los incendios forestales intencionados (2001-2010) Fuente: MAGRAMA

Tampoco ayuda el progresivo abandono del medio rural que favorece la propagación de los incendios y dificulta la extinción

¿Los incendios se apagan en invierno?

Pero al margen de teorías de la conspiración, está claro que el problema es serio, y que es necesario tomar medidas. Pero la solución no pasa por endurecer las penas (ya son duras, aunque raramente se puede atrapar al incendiario) ni por prohibir los fuegos de mejora de pastos unilateralmente. Estamos hablando de sociedades rurales donde gran parte de la población aún vive de actividades agropecuarias y donde los usos tradicionales, el hacer las cosas «como siempre se han hecho», están muy arraigados. El fuego es parte de su forma de trabajar, una herramienta más, y si nos limitamos a prohibir las quemas, quemarán a escondidas, como ya están haciendo, con las consecuencias que estamos viendo. Cualquier medida que se tome unilateralmente, sin dialogar y consensuar con las poblaciones locales, está destinada al fracaso. Es mucho más eficiente apostar por una combinación de medidas coercitivas, de prevención y de formación y divulgación. Aunque para ello hay que reconocer la complejidad del problema y no caer en simplificaciones alarmistas. 

Para saber más:

 MAGRAMA, 2010 Incendios Forestales en España, decenio 2001-2010.

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