#EfeméridesPrincipia

10 Julio

El juicio del mono

Por Quique Royuela

El 10 de julio de 1925 comenzaba el conocido como Juicio de Scopes o Juicio del mono.

John Scopes era un profesor de ciencias en una escuela secundaria de Dayton, Tennessee, que en una de sus clases enseñó a los alumnos la teoría de la evolución, utilizando el contenido de la obra magna de Charles Darwin, El origen de las especies. Por ello fue denunciado, ya que estas enseñanzas iban en contra de la Ley Butler, la cual establecía que era ilegal en los centros educativos del estado de Tennessee cualquier tipo de enseñanza que promulgase ideas contrarias a la creación divina del hombre, tal y como enseñaban las sagradas escrituras. Y mucho menos si aquellas ideas incluian que el hombre, hecho a imagen y semejanda de Él, aseguraban que un ser tan perfecto procedía de un animal inferior como el mono.

John Scopes
John Scopes

Sin embargo, la historia es más compleja de lo que parece a simple vista. Parece ser que todo fue una estrategia orquestada por el empresario George Rappleyea, gerente local de Cumberland Coal and Iron Company, cuyo objetivo era llamar la atención con un sonado juicio que aportara publicidad a la ciudad de Dayton. Se reunió con el superintendente de escuelas del condado, Walter White, y la abogada local Sue K. Hicks en la farmacia Robinson, convenciéndolos de que un juicio de esas características les daría la publicidad que necesitaban en la ciudad. El planteamiento de Rappleyea era el siguiente: si bien la Ley Butler prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución en los centros de enseñanza, el estado requería que los maestros usaran un libro de texto que describiera y respaldara explícitamente la teoría de la evolución. Por lo tanto, los maestros debían, efectivamente, violar la ley. Dada esta incongruencia, estaban convencidos de que un juicio por este motivo daría a la ciudad mucha publicidad, y convencieron a Scopes para que admitiera haber enseñado la teoría de la evolución, e incluso instó a los estudiantes a testificar en su contra, llegando incluso a entrenarles en sus respuestas. 

Por su relación con las enseñanzas darwinianas del origen del hombre se le denominó al caso el Juicio del Mono, y este no solo enfrentó a dos de los abogados más célebres de la época (Williams Jennings Bryan por la parte denunciante y Clarence Darrow por parte de la defensa), resultando en un juicio de película (tal es así que incluso se crearon varias películas inspiradas en el juicio así como una archiconocida obra de teatro: Inherit the Wind), sino que supuso el caso legal más importante de la historia entre creacionismo (ideología) y evolucionismo (ciencia).

Scopes fue declarado culpable y multado con $100, aunque el veredicto fue revocado por un tecnicismo.

Por supuesto, el juicio atrajo a la prensa de todo el país y conseiguieron la publicidad añorada, pero también sirvió para poner sobre la mesa la controversia fundamentalista-modernista, evolución frente a creacionismo, en la enseñanza. El caso fue visto como un concurso teológico y un juicio sobre si la ciencia moderna debería enseñarse en las escuelas. Tal es así que el juicio intensificó el conflicto político y legal entre creacionistas y científicos para influir en la medida en que la evolución se enseñaría como ciencia en las escuelas. Antes del juicio en Dayton, solo las legislaturas de Carolina del Sur, Oklahoma y Kentucky habían tratado leyes contra la evolución, pero después de que Scopes fuera declarado culpable, los creacionistas de todo Estados Unidos buscaron leyes contra la evolución similares para sus estados y en 1927 ya había trece estados que consideraban alguna forma de ley contra la evolución. Casi todas las propuestas fueron rechazadas, pero Mississippi y Arkansas pusieron leyes contra la evolución en los libros después del juicio de Scopes. 

El Juicio del Mono también tuvo efectos en la enseñanza de la ciencia en las escuelas de los Estados Unidos. Aunque a menudo se retrató como un duro golpe a los fundamentalistas, la victoria no fue completa. Aunque la ACLU (American Civil Liberties Union) tomó el juicio como una causa, a raíz de la convicción de Scopes, no pudieron encontrar voluntarios para asumir la ley de Butler, y en 1932, la ACLU se rindió. La legislación antievolutiva no fue cuestionada nuevamente hasta 1965, y mientras tanto, la causa creacionista en los centros educativos fue tomada por varias organizaciones, incluyendo la Liga Bíblica de Bryan y los Defensores de la Fe Cristiana. 

No obstante, en 1958 se aprobó la Ley de Educación de la Defensa Nacional alentada por muchos legisladores que temían que el sistema educativo de los Estados Unidos se estuviera quedando obsoleto (sobre todo respecto al plan educativo soviético). La ley produjo libros de texto en cooperación con el Instituto Americano de Ciencias Biológicas, que destacó la importancia de la evolución como el principio unificador de la biología. El nuevo régimen educativo no fue desafiado aunque hubo reacciones, principalmente en Texas, donde se lanzaron ataques en forma de sermones y en la prensa. Las quejas se presentaron ante la Comisión Estatal de Libros de Texto. Sin embargo, además del apoyo federal, una serie de tendencias sociales han convertido la discusión pública a favor de la evolución en base a la mejora de la educación pública, separando la religión y la educación. Esto llevó a un debilitamiento de la reacción en Texas, así como a la derogación de la Ley de Butler en Tennessee en 1967.