Katia Krafft, la científica que desafiaba a los volcanes

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¿Habéis soñado alguna vez con ser intrépidos científicos que van donde hay una catástrofe natural para tomar datos o filmar? —No me digáis ahora que no, que voy a quedar como la única loca y sé que no estoy sola—. Pues esta historia va de una mujer que hizo de esa idea su trabajo y ayudó al mundo a ver con otros ojos las erupciones de los volcanes: Katia Krafft.

TEXTO POR RAQUEL MARTÍNEZ CANTÓ
ILUSTRADO POR AÍDA VALUGO
MUJERES DE CIENCIA
GEOLOGÍA
29 de Julio de 2019

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Katia fue una mujer aventurera y amante de la geología durante toda su vida. Además, tuvo la suerte de compartir esa pasión con su marido, Maurice. Juntos hicieron investigación al pie de la noticia, como dirían los periodistas, y estuvieron por todo el mundo grabando y recogiendo datos de volcanes en activo.

Nació en Guebwiller, una ciudad francesa del alto Rin, el 17 de abril de 1942. De niña le encantaban los volcanes y viajó con sus padres a ver algunos de ellos, como el Etna y el Estrómboli. Cuando ya tuvo edad suficiente, decidió estudiar en la Universidad de Estrasburgo, especializándose en física y geoquímica, pero lo que más feliz le hizo fue conseguir su primer trabajo como vulcanóloga de sitios activos. Además, este trabajo tuvo un gran reconocimiento, siendo premiado por la Fondation Marcel Bleustein-Blanchet pour la vocation en 1969. Fue en la universidad donde conoció a Maurice, compañero de promoción, con el que trabajó y se casó.

Ambos son considerados hoy en día grandes vulcanólogos por su importante difusión del conocimiento de aquella época y de los efectos de una erupción en vivo. Realizaron conferencias, publicaron libros, estuvieron participando en programas de televisión y entrevistas… ¡Y todo ello seguimos teniéndolo disponible! Además, destacan sus vídeos grabados en plenas erupciones, como en Italia, Islandia, América, isla Reunión y Nueva Zelanda. Por algunos de sus vídeos ganaron el Premio de la Sociedad Geográfica de París y el Premio de la Exploración en 1975.

Una curiosidad que, por desgracia, suele pasar muy desapercibida es que Katia creó el cromógrafo, un analizador de gases portátil y de pequeño tamaño. Eso, junto a la espectacular erupción del monte Santa Helena en 1980, hizo que se especializase en los volcanes de nubes ardientes. Sin embargo, tras la erupción de Nevado del Ruiz, en 1985, y la catástrofe asociada, creó junto a su marido un documental para prevenir los riesgos volcánicos. El vídeo, basado en este último episodio, fue presentado a las autoridades filipinas al inicio de la explosión del Pinatubo, cuyas autoridades se convencieron de la necesidad de evacuar la zona – decisión que salvaría miles de vidas.

Ambos tuvieron dos proyectos ambiciosos (digo ambos porque aunque era Katia la que más activa estaba en este sentido, como en todos, Maurice siempre la apoyó e hizo suyos también los proyectos): la llamada Casa del Volcán en isla Reunión y Vulcania en Francia. El primero se abrió al público en 1991, cerca del Pitón de Fourniase (uno de los volcanes favoritos de Katia), siendo un centro de información e interpretación local. El otro proyecto, Vulcania, es ahora un parque de atracciones en el Parque Natural de los Volcanes de Auvernia, y se abrió en 1986. En él se pueden conocer muchas curiosidades sobre geología en general y sobre volcanes en particular, muy recomendado por todos los que lo han visitado.

El 3 de junio de 1991 ambos murieron. Después de estar en la explosión del Pinatubo se marcharon a Japón a filmar una erupción del monte Unzen, uno de los volcanes más peligrosos de la zona, ubicado en la isla Kyushu. Fue a consecuencia del flujo piroclástico —una densa nube de gases volcánicos pegada al suelo y material rocoso— que les alcanzó, a ellos y a varias decenas de periodistas. Quizá un vuelo en helicóptero les hubiese podido avisar: el sendero por el que iban y donde se habían detenido a hacer fotografías estaba siendo invadido por esta nube de una rapidez inmensa. Fijaos la gran pérdida que supuso su muerte que la revista Bulletin of Volcanology se hizo eco de la noticia en el volumen 54, páginas 613-614.

Mucho les debemos a estos dos vulcanólogos de campo, que nos dejaron importantes contribuciones a la ciencia y a la divulgación de la misma, como las más de 450 000 fotografías que obtuvo Katia con su cámara.

Gracias por todo, Katia.

Puedes ver aquí una parte de su trabajo: 

 

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