Los secretos del otoño y el biodiseño

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En un laboratorio de Asturias, un grupo de niños y niñas está explorando la naturaleza y aplicando sus descubrimientos al diseño. Este otoño, en la Escuela de Biodiseño han trabajado sobre uno de los secretos mejor guardados del bosque: las micorrizas, redes subterráneas que conectan los árboles.

TEXTO POR BEATRIZ SÁNCHEZ
ILUSTRADO POR ELISA JAÉN
ARTÍCULOS | KIDS
BIOLOGÍA | BOTÁNICA
25 de Febrero de 2026

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Todos los martes, niños y niñas de entre siete y diez años se juntan en un laboratorio en Asturias. Si les preguntas qué han aprendido este otoño, empiezan desde el principio. «En otoño se caen las hojas de los árboles», explica Valentina, de seis años.

Parece sencillo, pero esa frase esconde horas de trabajo en un concepto complejo: la senescencia foliar. Es la forma que tienen los árboles de hoja caduca de ahorrar recursos durante el invierno. ¿Qué sentido tendría mantener las hojas cuando hay tan poca luz, y las lluvias y la nieve las romperían?

Esto no es lo único que saben sobre el otoño. Paseando por entre los árboles del campus universitario, los niños han descubierto los hongos. No son ni plantas ni animales, y tienen una función muy importante en los bosques. «Cuando las hojas caen al suelo, los hongos las descomponen», explica Nel, también de siete años. «Es como si se las comieran».

Pero, ¿qué hacen estos niños en un laboratorio de la universidad?

Valentina y Nel son alumnos de la Escuela de Biodiseño. La creadora del proyecto es Marlén López, doctora en arquitectura inspirada en la naturaleza. Los talleres tienen lugar en MediaLab, el laboratorio de tecnología y diseño de la Universidad de Oviedo. En este ambiente interdisciplinar, los niños aprenden sobre biología y diseño, y pueden incluso experimentar con electrónica básica. «Lo que queremos es que aprendan a integrar distintas formas de conocimiento», explica Marlén. «Que busquen en la naturaleza mecanismos biológicos y piensen cómo aplicarlos al diseño».

El objetivo es que aprendan, pero sin dejar de divertirse. Por eso los talleres incluyen paseos, recogida de hojas, dibujos, collage, plastilina, e incluso cuentos. Se busca que los niños descubran las cosas por sí mismos, que haya espacio para el asombro y la imaginación. Y todas estas actividades giran en torno a la estación del año en que se encuentren, para que jueguen y crezcan más conectados a la naturaleza.

Este otoño, el tema estrella han sido las micorrizas, las conexiones formadas por los hongos y las raíces de los árboles. Los niños de biodiseño lo explican de forma que todos lo entendamos. «Conectan unos árboles con otros», dicen León y Roi, de siete años. «Son como cuerdas subterráneas que se conectan entre sí», añaden Roberto y Stan, de ocho.

Las micorrizas permiten a los árboles y los hongos intercambiar agua y nutrientes. Pueden incluso comunicarse, enviando distintos componentes si están en una situación de peligro. «Son como tuberías», resume Rafa, que a sus diez años es el mayor de la Escuela de Biodiseño.

Después de aprender todo esto, niños y niñas se ponen manos a la obra. Durante el otoño, diseñaron sus propias ciudades inspiradas en las micorrizas. Sus ciudades-bosque eran todas distintas, pero compartían esa inspiración en la naturaleza que Marlén quiere enseñarles. Edificios integrados en los árboles, conexiones subterráneas… En la ciudad de Valentina, una tubería conecta los arbustos de arándanos con las casas, para que, al abrir el grifo, todos tengamos zumo de arándano.

Al final de la estación, los pequeños inventores ya habían construido varias maquetas de la ciudad-bosque, con materiales naturales y reciclados. Y sabían contar muchas cosas sobre hojas caídas, hongos y micorrizas.

Ahora el otoño ha terminado, y los niños se preparan para el invierno. Los temas de los que hablaban han cambiado, y se empieza hablar de la nieve, los refugios para el frío, la supervivencia de los animales… Se preparan para una nueva estación, con nuevos secretos por descubrir, nuevos juegos y nuevas creaciones.

Esperamos que sigan explorando la naturaleza con el mismo asombro, jugando y divirtiéndose. Y mientras tanto, nosotros aprendemos con ellos. Con su ayuda, nos fijamos en cosas que nunca habríamos visto, e inventamos cosas que nunca habríamos pensado. Poco a poco, van naciendo las ideas que darán forma al futuro. Porque, ¿hay una manera mejor de descubrir los secretos de la naturaleza que mirarla con los ojos de los niños?

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