Hola, soy un tripulante del Skylab. Estoy escribiendo este diario para ir anotando todos los hechos en el transcurso del viaje desde la última vez que pisé la tierra, más específicamente la tercera misión.
Para no tener que matarme a escribir todo en un día u olvidarme de lo que iba a decir, voy a dividir este diario en órbitas que se me hará más sencillo e igual me quedo sin papel en el caso de que fuese día a día.
Órbita menos 1
Aprovecho a escribir cuando ya estamos en los sacos de dormir. Es una sensación un tanto rara, estamos tendidos más o menos a un palmo de distancia del suelo. A través de la ventana veo nuestra casa, la residencia de miles de millones de personas, la Tierra.
Cuánto echo de menos a la tierra, a mi familia, a mis amigos, a mi vida. Ahora mismo nos encontramos sobre el hemisferio sur, es la primera vez que veo América desde estas alturas tan vertiginosas. Es precioso.
He de decir que no es una tarea fácil dormir en el espacio, el ronroneo de los ventiladores y la vibración de la propia nave hace que me sea imposible dormir. Pero supongo que es cuestión de acostumbrarse, eso espero. Y pensar que a todos nosotros nos han propulsado desde esa bola inmensa y tan importante para nosotros.
La tripulación cuenta con 6 personas (contándome a mí), somos 4 astronautas (americano, británica, japonesa, italiano) y dos cosmonautas rusos.
Cuando una persona escucha la palabra “Estación espacial” se le viene a la mente una nave inmensa como las de la saga Alien o Star Wars, pero no es así, ojalá. Los pasillos no son ni la mitad de grandes, hay que ir encogido como si fuésemos un embrión.
Nuestra estación espacial cuenta con diecisiete módulos interconectados a veintiocho mil kilómetros por hora. Aún no me creo que vaya a estar enlatado aquí 9 meses de mi vida.
Órbita 1, ascenso
Todos los días al levantarme me da curiosidad por saber sobre que punto de la tierra estamos orbitando, simplemente es una manía mía que tengo. Siempre se me olvida que aquí estamos a gravedad cero, no sabéis la gracia que me hace ir “nadando” por los pasillos de la estación mientras me voy agarrando por donde puedo.
Hoy se cumple el día cuatrocientos treinta en el espacio (contando las tres misiones anteriores), de esta cuarta misión es el día ochenta y ocho de 9 meses que dura. Soy el que suelo llevar las cuentas de la nave, contabilizo todas las auroras, cuantos jueves llevamos aquí metidos, las veces que me he tenido que tragar la pasta de dientes... Pero no lo hago por pasatiempo, lo hago porque necesito sujetarme a algo a lo que pueda contabilizar. De hecho, me dijeron en la formación que cada vez que me despierte dijese: esta es la mañana de un nuevo día.
Hay veces que me dan mis momentos de nostalgia y me paro a recordar cómo era mi vida 9 meses atrás, cuando era libre con mi familia, cuando mi hijo Shaun venía emocionado a casa contándome lo que les habían contado de las meninas, a mi mujer...
Ahora entiendo el porque la gente llama Madre Tierra a nuestro planeta. Viéndolo desde esta perspectiva veo a la tierra como el hogar que nos protege de todo; de la oscuridad del espacio, de la ingravidez, de las estrellas sin rumbo que impactan en nuestra atmosfera...
Hace poco Chie nos contó que su madre había fallecido, esa noticia nos dejó a todos con el alma por los suelos. Lo está pasando fatal, aunque no sabemos como consolarlo al enterarse de esta noticia cuando no está ni en mismo planeta que su madre ni podrá asistir a su funeral.
Órbita 1, en tránsito a órbita 2
Durante esta órbita nos han comunicado (entre mofas) desde el control en tierra que una tripulación de cuatro astronautas está volando a la luna, es la primera vez que nos sobrepasan. Esto nos molestó un poco puesto que nos lo dijeron con un tono un tanto burlón a lo que Pietro les devuelve la broma seguidamente.
Nuestras mañanas consisten en matarnos a hacer ejercicio en la nave. En este momento del día nuestro “hogar” se divide en dos partes: la pare rusa y la parte no rusa. En la parte rusa nos encontramos a Anton en su bici, a Roman corriendo en su cinta y a Pietro atado a una cinta de correré mientras escucha a Duke Ellington. Mientras en la parte no rusa está Chie también en la bici. Yo les digo que no tiene sentido entrenar unos músculos que en las condiciones que estamos (microgravedad) no nos sirven de mucho puesto que no andamos tanto como para usar tanto las piernas.
Al final de nuestra órbita vimos algo: una tierra despoblada, sin habitantes, triste, desolada... Inmediatamente el capitán nos ordenó que preparásemos los propulsores que vamos a aterrizar. Que ganas tengo de ver que hay.
Órbita 3, ascenso
Hoy hemos amanecido con una idea en mente, convertir la nave en una casa estilo italiana, japonesa o inglesa con el fin de traer un pedacito de la tierra al espacio. Pero esta fantasía no nos duró mucho, la realidad nos pegó fuerte, nuestro día a día en el espacio es un sin parar de haceres; tareas domésticas en la nave, monitoreo de fenómenos...
Esta mañana Nell ha recibido un email de su hermano, le contaba que estaba enfermo. A partir de este mensaje Nell ha estado reflexionando interiormente sobre todo lo que ha sentido y lo que ha dicho su hermano. Por lo visto han conectado en lo de reflexionar porque le contaba que ha estado pensando sobre nosotros (sus compañeros de nave), dice que somos su familia de “no sangre”, es decir, que al estar en esta situación tan independiente las personas con las que estás rodeado se convierten en tu familia puesto que solo sois tu y ellos.
A raíz de esto, hemos sacado una conclusión grupal, es que cada miembro de la tripulación formamos un órgano del cuerpo humano que al juntarse forman una unidad viva, un mini país con nuestras reglas (dentro de lo posible), una sociedad, una familia.
Órbita 3, descenso
Ahora quiero que pienses en una isla japonesa, en ella vive una familia de un padre, una madre y la hija. Tras el paso del tiempo y el deterioro del cuerpo, el padre fallece dejando sola a la mujer. Mientras espera el regreso de su hija astronauta, la mujer muere. Desde el espacio la hija está viendo el mundo, pero sin poder intervenir ni poder pasar los últimos momentos de sus padres con ellos.
Tras la estancia de la hija en el espacio, ve venir un enorme tifón hacia las islas Marshall, su hogar. Ella, sin poder intervenir ni poder ayudar le ordenan a fotografiar todo lo ocurrido, pero le llega un pensamiento, al fin y al cabo, su órbita descenderá hasta no poder evitar el enorme tifón y ser engullida por él.
¿Por qué te he contado esta historia así por que sí? Esto viene de una conversación que tuvimos ayer. Nos paramos a pensar y llegamos a la conclusión de que cuando volvamos a la tierra seremos unos extraterrestres, estaremos débiles, más vulnerables, desconectados de la caótica libertad... pero al fin y al cabo no lograremos escapar del regreso a nuestro planeta.
Órbita 4, ascenso
Hoy nos hemos levantado con festones kilométricos de polvo sahariano asomando por la ventana. Al fondo veíamos el mar en su máxima belleza. Era verde cristalino, casi podíamos ver los bancos de peces habitando las profundidades del mar. Shaun se encontraba en la ventana reflexionando sobre las fronteras invisibles y su deseo profundo de conocer cada rincón del planeta.
En estado de microgravedad, las venas se vuelven más rígidas, los huesos se erosionan. La vista se deteriora. Mientras nosotros estamos aquí observando células cultivadas en el laboratorio nos estamos enfrentando a esa fragilidad de la vida a la que nos oponemos. Pero bueno a pesar de todo seguimos aquí fuertes como el vinagre, pero no porque sea fácil, si no por un deseo de acumular conocimiento y humildad aunque sepamos que nuestros cuerpos se estén sometiendo a un desgaste brutal.
Aunque no nos parezca, la tierra es un planeta cualquiera entre miles de millones de galaxias. Lanzamos ondas como la Voyager, vemos señales viniendo de otro planeta que desaparecen a los años... pero nunca hay respuestas. Igual estamos solos, igual somos unos monos atrapados en un planeta perdidos en la galaxia, eso es lo que nos queda.
Órbita 4, descenso
Esto no se parece a nada que haya vivido antes. Mis manos están metidas hasta el fondo de unas cajas selladas donde hay ratones, cultivos, circuitos... todo flotando como en un sueño. Mis pies, atados a la mesa de trabajo, y alrededor de mi cabeza orbitan tijeras, lápices, destornilladores. Como si yo fuese el sol de este pequeño universo caótico.
Entonces pasamos por Shanghái. Abajo, los colores se desbordan en el borde de Asia. Y aunque giramos hacia el este, la Tierra gira bajo nosotros en sentido contrario. Y de repente todos soltamos lo que estamos haciendo. Flotamos hacia las ventanas con las cámaras. Un tifón entero, visible de golpe, como un ojo gigantesco que se traga el mundo. Me quedo sin aire.
En tierra, les dicen que huyan. Que corran. Que se refugien. Pero pienso en una familia concreta, en un pescador que conocí en Filipinas. Un amigo de verdad, aunque solo nos vimos una vez. Me ayudó cuando yo estaba de luna de miel. Se le cayó su cuchillo al fondo del mar y no sé por qué, me empeñé en buscarlo. Quince minutos nadando entre corales hasta dar con él. Y esa noche cenamos en su casa. Una casa hecha de palos, cartones y mucho amor.
Desde ese entonces, le mando dinero cada mes. Para la escuela de sus hijos. Y ahora, en esta estación espacial, flotando sobre su isla. Y mientras pienso en ellos, la estación sigue girando, estamos aquí encerrados sin poder ayudar a la gente en el exterior.
Y ahí estamos los seis, embobados, con los ojos tan abiertos como los niños. Diciendo wow en diferentes idiomas. Sintiendo que, al menos por un momento, somos parte de algo sagrado.
Y sí, lo recordaré. Hasta el fin de mis días.
Órbita 5, ascenso
Anton revive un su memoria una imagen que le obsesiona: la fotografía de la misión Apolo 11. Para él, esta foto representa una herida nacional y personal. Recuerda como su padre le contaba cuentos falsos sobre cosmonautas rusos que habían llegado primero a la Luna.
Mientras escribo esto, Nell y Shaun están charlando mientras comen. Shaun habla como de niño notó la incomodidad de su padre y su tío, los cuales habían dedicado sus vidas a la NASA pero nunca salieron al espacio. Para Nell todo cambió cuando presenció en directo la explosión del challenger. Cosa que hizo que se apasionase por el cosmos.
Cada uno representa una forma diferente de ver el espacio la admiración, la culpa y la inspiración.
Órbita 5, descenso
La tierra es como un organismo: respira, late, fluye... Todo se mueve, claro, pero no como si fuese una máquina, si no como un cuerpo bailando.
Nell, que fue meteoróloga lo sabe bien. Es como si tuviese un sexto sentido para el tiempo. Nota como el calor se acumula en el ecuador y se libera en forma de nubes. A través de la ventana observa con cautela un tifón.
—¿Es un tifón impresionante verdad? —dice Pietro. Ambos observan a través de la ventana ese inmenso ojo de viento que se avalancha contra Filipinas.
Mientras Nell y Pietro hablan de tifones, he visto como a Chie se le borraba la sonrisa de un segundo a otro. —Mi madre acaba de morir— dice Chie con los ojos llorosos y la voz cortada. Nada más recibir la noticia va directa a recoger una foto. En ella su m adre mira al cielo el mismo día del alunizaje de 1969. Chie solo siente una punzada de pérdida, un nudo en el estómago.
Órbita 6
Hoy me he levantado a ir al baño como de costumbre y al pasar por el pasillo he visto un cartel que decía; solo para cosmonautas rusos. Esto me ha chocado un poco, puesto que al no estar físicamente en la tierra y estar pasando a miles de kilómetros por hora sobre varios países no sentimos que pertenezcamos a ningún país, pertenecemos al espacio.
Supongo que esto es debido a las tensiones políticas. Pero no veo normal que esto haya llego a un punto en el que estamos dividiendo la comida, las bicicletas y los lavabos por nacionalidades. No le queremos hacer mucho caso, aquí nos sentimos como unos gatos: libres, independientes y no obedientes a jerarquías sin sentido.
Órbita 7
Con el tiempo hemos ido perdiendo el interés a las noticias. La tierra vista desde el espacio no muestra naciones en guerra ni conflictos, solo una hermosa bola llena de verde y azul.
A esto me pregunto, ¿Cómo podemos seguir destruyendo lo único que nos sostiene? Me parece una idea sin sentido interrumpir la paz en la que estábamos solo por querer ampliar el perímetro de un país engullendo a otro haciendo que se debilite y llegue a desaparecer haciendo que millones de personas pierdan la vida sin razón alguna. En fin, ojalá la política solo fuera un pasatiempo para aquellas personas que desean dominar ese juego del poder, ese juego en el que más chillón o más fanfarrón más puntos obtienes. De verdad que no lo entiendo.
Órbita 8, ascenso
Desde lo alto vemos lo cráteres del Arizona, donde se entrenaron los astronautas del Apolo, sse desvaneces con el tiempo.
En la otra cara de la tierra, un tifón de categoría 5 se está comiendo varias islas, pero aquí arriba todo está en calma. Recién llegados a la estación, Roman, Nell y Shaun recuerdan el acoplamiento perfecto. La bienvenida siempre es cálida y familiar.
La adaptación no es tan fácil como parece. Las emociones están a flor de piel y el mareo y la nostalgia son parte del día a día. Aún recuerdo esa primera videollamada con mi familia y esas zapatillas que, del desgaste, ya han perdido el poder de ajustar.
Pietro después de casi seis meses siente que su cuerpo se va apagando lentamente. Come si gusto, no termina de descansar al dormir y le cuesta moverse cada vez más. Una noche sueña con Nell, esos deseos que le sacuden, pero ese fuego tan inminente no tarda en extinguirse.
Órbita 8, descenso
Mientas Nell realiza tareas rutinarias, recuerda cuando buceaba a pulmón, era como si flotase en el espacio. Mientras Nell hace su rutina, reflexiona sobre la belleza de la tierra vista desde el espacio. Esos paisajes tan completos desde el norte de Europa hasta África. Su marido le manda a menudo fotos de su rebaño de ovejas en irlanda, fotos de u mundo tan simple y terrestre comparado con el del espacio. Sus vidas son super destinar, pero en el fondo son dos personas que aunque se conozcan poco se quieren mucho, cada uno habitando en su propio universo: ella en el espacio y él trabajando con ovejas.
Órbita 9
Roman ha conseguido conversar con Tony a través de la radio. Tony es otro ser humano que está en el espacio. Aunque la conexión sea débil, este intercambio sirve como introducción a una reflexión sobre las ondas Voyager 1 y 2. Dentro de ellas hay un disco de oro con sonidos de nuestro planeta: música, voces, risas, pasos, besos... incluso las ondas cerebrales de una mujer enamorada.
Me pregunto si alguna vez dentro de miles de años alguien o algo encontrará ese disco. ¿Podrán comprenderlo?
Anoche vimos partir un cohete lunar. Me imaginé el despertar tranquilo de los astronautas que estén ahí dentro, el último desayuno, la última mirada al mar antes de subir a una torre de fuego.
Órbita 10
Estoy flotando a ciento treinta millones de kilómetros del Sol. Sé que, si los escudos fallan, nos freímos, pero irónicamente, su mayor actividad también nos protege de cosas peores. Me parece increíble cómo algo tan fuerte puede ser, al mismo tiempo, nuestro escudo.
Mientras orbito, veo el mundo pasar. África desvaneciéndose en la noche. Relámpagos en el mar. Me acuerdo de mi madre, de cuando fui niña en Ciudad del Cabo con un mono en el hombro.
Uno de nosotros tiene un bulto en el cuello. No dice nada. Tiene miedo de tener que bajar, de fallarle a la misión, de enfrentarse a la vida. Piensa en su matrimonio muerto, en lo mucho que ama la Tierra y en lo poco que ama ya a su mujer.
Otro de nosotros hace fotos. Le obsesiona un tifón, piensa en los niños filipinos que conoció en su luna de miel. ¿Estarán bien? ¿Vivos? No lo sabemos. Nadie lo sabe.
Yo también tengo cosas que me sacan de quicio: poder abrir una ventana. ¿Qué es vivir si no puedes abrir una ventana?
Aquí todo envejece: el módulo ruso cruje, se agrieta. Ya no es una joya del futuro, sino un fósil de la ingeniería soviética. Y, aun así, tiene algo de hogar.
Órbita 11
Shaun está reflexionando sobre la humanidad y su lugar en el universo, cree que el futuro nos escribe a nosotros en vez de nosotros escribir el futuro. La exploración espacial, para él no es mas que una extensión humana enviada al espacio.
Mientras tanto, Chie cuida de los ratones que aprenden a moverse en microgravedad. Ella los libera de sus módulos, pero de repente una pena inmensa le invade. Recuerda la muerte de su madre.
Hacemos lo que podemos para poder seguir vivos: unos juegan póker, otros escribimos en un diario, y otros ven películas. Todos estamos cayendo en caída libre alrededor de la tierra, pero sin estrellarnos. Lo único que podemos hacer en esta caída que se nos hace eterna es dar volteretas en el aire e intentar que el tiempo se pase rápido.
Órbita 12
Justo hemos terminado una película rusa sobre cosmonautas poseídos por alienígenas, muy motivador ya lo sé. Los astronautas de la película están acostumbrado s al zumbido y al estruendo. Es básicamente lo que estamos viviendo nosotros aquí pero en un formato mp4 y en los cines.
Órbita 13
Si la vida del universo estuviese representada en un calendario todo empezaría el 1 de enero. Las galaxias nacerían a finales de enero y la vida láctea aparecería en marzo. El sol y la tierra llegarían a finales de agosto. La vida en ella llegaría en septiembre con microbios, para que más tarde lleguen los dinosaurios el día de navidad. ¿Y los humanos cuando aparecen? El 31 de diciembre.
Desde nuestro punto de vista pensamos que lo somos todo para la tierra, pero no. No somos ni una doceava parte de la vida de la tierra, no somos ni un mes en esta representación.
Órbita 14, ascenso
¿Te acuerdas del tifon que observábamos hace unas cuantas orbitas? Pues ha tocado tierra. Ha sido tan sigiloso que parece que no nos quería molestar. Desde aquí se veía como una gran masa brillante, iluminada por la luna. Un caos se estaba formando en la tierra.
De momento soy el único que esta despierto aquí en la estación, nadie lo está viendo pero se que si lo estuvieran viendo se habrían quedado sin aliento.
Mientras el desastre ocurre, la tierra sigue girando como si no estuviese pasando nada, como si esto fuese parte de la rutina diaria. El cielo se tiñe de verde y naranja.
Órbita 14, descenso
Cuando Chie era pequeña. Hacia listas. Era su forma de ponerle orden al caos. Hubo una época rara que escribía nombres de gente que quería fuera de su vida, como si deseara su muerte.
En cambio, Anton hacía naves con botellas y astronautas con pinzas de tender ropa. Su padre le enseño a mirar las motas de polvo con una linterna, como si fueran estrellas.
Nell sueña que está buceando con Shaun, buscando a los astronautas del challenger. Encuentran una llama ardiendo en el fondo del mar- Una fogata ardiente y redonda. Shaun también sueña con esa llama, que raro.
Roman directamente no sueña, Pietro tampoco.
Órbita 15
Penúltima órbita y seguimos viendo el espectáculo de amaneceres, esas ciudades que se convierten en puntos de luz, relámpagos, la oscuridad de la Antártida...
La tierra no parece un conjunto de países divididos, sino un mismo país, como pangea en sus tiempos.
Mis compañeros siguen flotando allá arriba, medio despiertos, medio soñando. La perspectiva de la tierra cambia muchísimo desde aquí arriba.
Órbita 16
Finalmente estamos viajando hacia la luna, conversando sobre rayos. Mientras nos dirigimos al polo sur lunar nos encontramos con restos de satélites y herramientas perdidas.
Mientras tanto, en la tierra un tifón ha arrasado las islas del sudeste asiático. A pesar de todo este desastre hay una sensación de fe, vemos la luz al final del túnel.
Unos cuantos miles de kilómetros mas arriba, en el espacio, todo sigue igual, seguimos haciendo nuestras tareas mientras nos dirigimos hacia a luna, no sabemos a donde vamos. Buscamos otro hogar.
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