El último ciudadano soviético

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Este texto corresponde al primer premio del XIII concurso científico-literario dirigido a estudiantes de 3º y 4º de ESO y de Bachillerato, basado en basado en la novela Orbital, de Samantha Harvey, organizado por la Escuela de Máster y Doctorado de la Universidad de La Rioja.

Texto de Rubén Leal Labrador, alumno de 3º E.S.O, del IES Conde de Orgaz (Madrid)

TEXTO POR RUBÉN LEAL LABRADOR
ILUSTRADO POR GABRIELA VILCHEZ
ARTÍCULOS
CONCURSO LITERARIO
8 de Junio de 2026

Tiempo medio de lectura (minutos)

Hoy se cumple el día número ochenta y nueve de una misión de nueve meses. La primera en levantarse como de costumbre fue Chie. Después Nell, Shaun, Pietro y por último el módulo ruso, Roman y mucho más tarde Anton.
Todos estaban en la mesa del desayuno, menos Anton.

—¿Cómo pudo sobrevivir tanto tiempo en órbita? ¡Es increíble!, dijo Nell muy entusiasmada.

—Ahora entiendo la foto que tienes de él en la cocina, añadió Pietro.
Anton llegó, todavía un poco dormido, poco avispado, siempre era el último en levantarse. Ya estaban acostumbrados a recibirle más tarde de lo normal. Pero esta vez era diferente. Esta vez el resto no le recibió como siempre. Lo ignoraron, todos estaban atentos a Roman. Anton fue a la cocina y se preparó su desayuno. Siempre elegía algo ligero. Está vez se decantó por unos cereales. Volvió a la mesa donde estaban todos reunidos. El resto de sus compañeros todavía estaban mirando a Roman pendientes. A Anton le intrigaba saber porqué era tan interesante lo que estaba contando Roman.

—¿Qué es tan cautivador si se puede preguntar?, preguntó Anton con un tono no muy amable, más bien sarcástico.

—Por fin te despiertas Anton, ya iba siendo hora, comentó Shaun con el mismo tono.

—Llevo despierto ya un rato, pero no os habíais enterado, replicó.

—Estaba contándoles la historia de Sergéi Krikalev, respondió Roman a la pregunta original.

—¡Ah, ese famoso astronauta que tanto admiras!, exclamó Anton, siempre hablas sobre él, pero nunca me has contado por qué le idolatras tanto, ¿puedes contarme a mí también su historia?

—¡No! Todavía no nos has contado el final, interrumpió Shaun.

—Da igual Shaun, si lo cuenta de nuevo, tendremos más ganas de conocer el final ¿no?, dijo Chie.

—Sí, supongo que tienes razón.

—Bien, pues comenzaré de nuevo. Esta es la historia de Sergéi Krikalev, el famoso héroe de la Unión Soviética.

—Ya está otra vez con la Unión Soviética, ¿no estarás a favor de ella?, interrumpió Shaun.

—Ya te lo he dicho mil veces Shaun, los rusos de hoy en día no estamos a favor de la Unión Soviética, responde Roman.

—¿Héroe? ¿En qué sentido? ¿Salvó al país, evitó una guerra...?, preguntó Anton.

—La verdad es que no hizo nada de eso pero, ¿tu madre alguna vez ha salvado al país? ¿Ha evitado alguna catástrofe? ¿Terminó con alguna guerra? ¿Salvó al país de una crisis social o económica? Pues no, y aún así seguro que la admiras más que a nadie. Eso mismo es lo que me pasa a mí con Krikalev, nunca le he conocido en persona, pero aún así le considero un héroe. Él me inspiró para convertirme en astronauta y luego me apoyó siempre en el sueño que él mismo creó en mí. Supongo que así funcionan los ídolos. No sé si alguna vez habéis tenido a una persona así.

—Es interesante lo que dices, pero no lo acabo de comprender, ¿cómo es posible que te apoyase en tu sueño si ni siquiera sabía de tu existencia?, preguntó Pietro.

—Yo sí que lo entiendo, simplemente siente a Krikalev muy cercano, respondió Nell.

—A mí me parece bastante raro, no puedes amar a alguien que no conoces. Personalmente mi madre es la persona a la que más quiero y admiro, no me imagino poder admirar más a alguien que a mi madre, comentó Chie. Creo que no sabéis lo difícil que es perder a una madre, si lo supierais no dudaríais que la persona a la que más quieres es la persona con la que más tiempo pasas.

—Tienes razón, no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, añadió Pietro al discurso de Chie.

—A mí nunca me ha apoyado tanto alguien como Krikalev. Aún así, entiendo que vuestros familiares sean vuestras personas más importantes, pero desde que oí la historia de Krikalev, no puedo pensar en alguien más increíble que él, dijo Roman.

—Y si él es tan increíble, ¿por qué no cuentas su historia de una vez?, dijo Anton culminando así con el debate.

—Pues seguiré, dijo Roman haciéndole caso a Anton. Krikalev nació en 1958 en Leningrado, lo que hoy en día es San Petersburgo. En 1981 se graduó como ingeniero mecánico también en Leningrado y cuatro meses después se convirtió en cosmonauta. En 1988 hizo su primer viaje a la estación espacial soviética MIR. En mayo de 1991 se subió a bordo de la nave Soyuz para otra misión en la MIR de cinco meses. El lanzamiento había sido en el famoso cosmódromo Baikonur en Kazajistán, desde ahí la Unión Soviética se había puesto en cabeza en la carrera espacial contra Estados Unidos, como con el primer hombre en el espacio y el primer animal, la famosa perra Laika. Volviendo a Krikalev, tenía una misión muy simple, reparar la nave, supervisarla para detectar errores y hacer algunas actualizaciones en ella. Lo que no sabía era que poco a poco su país se estaba resquebrajando sin él enterarse.

—¿Y por qué se estaba fracturando el país?, preguntó Nell.

—¡Esa historia me la sé yo!, respondió rápidamente Anton, la Unión Soviética se dividió por muchos factores, continuó, pero la principal razón fue por su debilidad política y económica frente a su mayor rival, Estados Unidos.

—Normal, nadie nos hace frente políticamente, dijo Shaun.

—Después de la caída del muro de Berlín, este estancamiento económico y esta debilidad política no hizo más que aumentar, la tasa de muerte infantil y adulta cada vez era más grande y la de natalidad cada vez más pequeña, causando la impresión a los ciudadanos de que el Partido Comunista no satisfacía a su pueblo llevando poco a poco una democratización del país y que las naciones dentro del territorio sintieran un mayor sentimiento del nacionalismo.

—Siempre es culpa de los comunistas, añadió Shaun.

—El presidente de ese momento, Mijaíl Gorbachov, desde 1985 había estado intentando hacer el país más capitalista implementando varias reformas, pero ante el decadente país que había dejado como legado el anterior presidente, Gorbachov poco pudo hacer, ya que el pueblo pedía más reformas, la caída de la nación era inevitable y Gorbachov acabó renunciando en 1991 causando la caída de la Unión Soviética. Entre los años 1990 y 1991 ya todas las repúblicas que formaban la unión, las trece, se habían independizado.

—Se podría decir que Krikalev tenía una vista tan fantástica e idílica desde el espacio que ni siquiera pudo ver el deterioro de su país. Podía ver toda la Tierra pero nada de lo que pasaba allí. Es curioso como se puede ver tanto y no ver nada a la vez. Mientras Gorbachov perdía el control del país, Krikalev flotaba en el espacio como si nada, añadió Roman para finalizar la clase sobre historia de Anton.

—En esa frase tienes toda la razón Roman, mientras las cosas siguen pasando ahí abajo nosotros no somos conscientes de nada, dijo Chie sabiendo de lo que habla, me pasó lo mismo con la muerte de mi madre, continuó.

—Sí, pero nosotros al menos estamos comunicados con la Tierra y así te pudiste enterar, ¿Krikalev tenía algún tipo de manera de comunicarse con alguien?, preguntó Pietro.

—Sí, solía comunicarse con su esposa por radio y también conversaba con personas del común que encontraban su frecuencia desde la Tierra, estableció muchas relaciones informales con personas alrededor de todo el mundo, respondió Roman.

—Sobre lo que has dicho Roman, lo de “es curioso como se puede ver tanto y no ver nada a la vez”. Eso pasa desde siempre, no es algo que sea raro, comentó Nell, cuando entrás en una red social puedes ver una infinidad de fotos y videos pero no tienes ni idea de quienes son esas personas, desde donde hacen esas publicaciones o por qué las hacen. Cuando estás en tu casa y miras por la ventana ves todos los edificios, los balcones y las calles que estén cerca, pero apuesto a que no te sabes ni la mitad de los nombres de las personas que viven allí, ni la mitad de los dueños de esos coche o por qué han puesto esa decoración en su balcón ni de dónde la han comprado. Ahora imaginémonos que no son las redes sociales o la calle, es la Tierra, y que no son publicaciones o decoraciones, sino las personas que la habitan. Quién sabe si Dios es un ser así, por eso no puede evitar guerras, ni el hambre o el mal en general. ¿Acaso es posible que pueda ver y saber todo?, terminó Nell.

—Puede que tengas razón, pero al estar aquí arriba no se trata de calles, se trata de la Tierra entera, se ve más claro desde esta perspectiva porque es un sentimiento más grande al ser una situación más grave. ¿Te parecería proporcional enfadarte lo mismo por perder en un videojuego que por la ruptura de una amistad de décadas?, contradijo Pietro a Nell, Dios no es esa forma de vida que dices, Dios sí lo sabe todo y sí que lo ve todo, precisamente por eso se diferencia de los seres humanos. Si Dios no permitiera la existencia del mal no podría haber bien, al igual que no hay oscuridad sin luz ni habría noche sin día, no habría bien sin mal, continuó Pietro.

—No estoy de acuerdo, eran solo ejemplos para explicar que esa sensación de ver pero no saber la hemos sentido desde siempre y no es nada nuevo, mirad a Krikalev, él se lo tomó con mucha calma, refutó Nell, y si Dios, al que tenemos como un ser divino que lo conoce todo, no puede ser lo suficientemente útil como para acabar con el mal, a lo mejor Dios es solo un constructo que hemos creado para satisfacer la pereza y la inutilidad humana y usarlo de excusa para no tener que esforzarnos en mejorar el mundo y realmente Dios no exis...

—Bueno, bueno, venga, no discutamos de religión, interrumpió Chie a Nell antes de que diga algo que pudiese desencadenar una discusión más grande, ahora que tenemos el contexto histórico puedes seguir, ¿verdad Roman?

—Sí, seguiré, empezó Roman, Gorbachov no tenía como prioridad traer del espacio a Krikalev y Krikalev aceptó mantenerse flotando en la estación hasta que fuese necesario. Obviamente no era el único cosmonauta en la nave, estuvo acompañado de otros grandes cosmonautas como Volkov y Aubakirov. Muchos cosmonautas iban y venían de la nave pero Krikalev es el que más tiempo se quedó.

—Si había cosmonautas que entraban y salían, ¿por qué Krikalev se quedó en vez de irse?, preguntó Chie.

—Krikalev era irremplazable, él era ingeniero de vuelo y no había un reemplazo en ese momento. Aún así podría haber bajado en cualquier momento ya que había cápsulas de sobra para volver a la Tierra, pero eso significaría abandonar la estación MIR al dejarla sin un ingeniero de vuelo. Krikalev era demasiado profesional y decidió quedarse más tiempo con tal de no abandonar la estación, respondió Roman y luego continuó, Kazajistán se independizó el 25 de octubre de 1991, exactamente dos meses después, el 25 de diciembre de 1991, la Unión Soviética cayó por completo y justo tres meses después, el 25 de marzo de 1992, Krikalev volvió a la Tierra. Durante los cinco meses entre la independencia de Kazajistán y la vuelta de Krikalev, Rusia prometió dar a Kazajistán un cosmonauta kazajo, aunque no tenía la experiencia de Krikalev ni estaba a su altura. Ese reemplazo era Aubakirov el cual fue lanzado a la estación que al final no podía reemplazarlo por lo que he mencionado antes.

—¿Y cómo tomó tan rápido Krikalev la decisión de quedarse un tiempo que ni siquiera él sabía cuánto era? Podrían haber sido más de medio año o uno entero, preguntó Pietro.

—Si bien no es una decisión fácil, Krikalev se lo tomó con calma, él tenía un sentido del deber que no le permitía tomar una decisión tan poco profesional. En la estación había raciones de sobra para emergencias así. Mientras siguiesen llegando cosmonautas a la estación para proporcionarle ayuda, se quedaría. Esa fue su decisión, ¿vosotros hubieseis tomado otra decisión?, preguntó Roman al resto cerrando la respuesta a la anterior pregunta.

—Yo, sin duda, tomaría la misma decisión, ya poco me queda ahí abajo, en la Tierra, prefiero estar rodeado de compañeros cosmonautas que comparten mi misma pasión, respondió sin dudarlo Chie.

—Me parece una decisión muy complicada como para tomarla tan rápido así como así, yo me negaría, tengo una pareja que me espera y estaría muy preocupado por mí, respondió Nell.

—Creo que estoy de acuerdo con Nell, la familia es muy importante y yo ya tengo una formada, también me negaría, dijo Shaun.

—Yo recuerdo a mi familia con nostalgia y cariño, pero me quedaría, tomaría la decisión por mí mismo y por profesionalidad, es mi decisión no la de mi familia y la de la gente que me rodea, respondió Anton.

—Me parece muy frío lo que acabas de decir Anton, la familia es lo más importante que existe y lo que más se quiere. Como has dicho la decisión la tomo por mí mismo pero pensando en mi familia, no es condicionar mi decisión, es compartirla. Mi respuesta sería un no rotundo, respondió Pietro, ¿cual sería la tuya, Roman?

—Yo diría que sí, por dos razones: la primera es obvia, inspirado por Krikalev, y la segunda es que siempre me he considerado una persona muy profesional y abandonar la Estación Espacial Internacional no lo sería , respondió Roman.

—Tienes razón abandonar la Estación Espacial Internacional sería una pérdida muy grande para la humanidad como para echarla a perder por un capricho de una persona, me has hecho cambiar de opinión Roman, dijo Nell.No somos objetos de la humanidad Nell, somos humanos con deseos y familia, mi opinión sigue siendo la misma, respondió Pietro decidido.

—Estoy de acuerdo con Pietro, añadió Shaun.

PERSONAS QUE SE QUEDARÍAN EN LA ESTACIÓN
Roman
Anton
Chie
Nell

PERSONAS QUE SE NEGARÍAN A QUEDARSE EN LA ESTACIÓN
Pietro
Shaun

—Ya nos queda poco de historia, dijo Roman, os contaré lo poco que queda, continuó.

—¡Bien! Aquí es donde te quedaste antes de que Anton llegase, comentó entusiasmado Shaun, aunque ya nos has dicho que volvió cinco meses después, nos has hecho spoiler en tu propia historia.

—Da igual, seguiré con la historia. Aunque Krikalev era de origen ruso, el cosmódromo de donde se había lanzado la nave Soyuz ahora pertenecía a Kazajistán, lo que dificultó aún más traerle de vuelta. El 25 de marzo de 1992 finalmente podían traerle de vuelta. Krikalev regresó con el cosmonauta alemán Klaus-Dietrich Flade y el ruso Volkov, el cual ya se encontraba con él en la estación MIR. Descendieron a la Tierra en la Cápsula Soyuz TM-13. La reentrada a la atmósfera fue exitosa ya que hicieron una reentrada balística, en la cual la cápsula gira y obtiene una trayectoria curva muy precisa, aunque eso al ser cosmonautas ya lo sabréis. La cápsula aterrizó en Kazajistán donde el equipo de ayuda estaba desplegado. Krikalev estuvo 311 días 20 horas y un minuto a bordo de la estación MIR, habiendo dado aproximadamente 5000 vueltas enteras al planeta. Obviamente fue recibido como el héroe que era.

—Seguro que después de eso no volvió a subirse a ninguna nave, comentó Shaun entre risas.

—Pues te equivocas, hoy ya ha hecho seis viajes al espacio y ha cumplido más de 800 días en el espacio en total, respondió Roman viendo la cara de sorpresa de Shaun, su siguiente viaje fue en el año 2000, en el cual fue parte de la primera tripulación que viajó a la Estación Espacial Internacional. Así es, donde ahora mismo estamos y a día de hoy Krikalev es el director de misiones tripuladas de Roscosmos, la famosa agencia espacial de Rusia. Pero vamos, que si eso es lo que más crees que le asustó a Krikalev estás equivocado. Lo peor fueron las secuelas físicas que le quedaron. Cuando bajó de la cápsula, no podía andar solo, sus músculos y huesos estaban atrofiados aunque hiciese ejercicio y sentía mareos constantes por los cambios de la presión arterial. Y eso fue solo al bajar, después de un tiempo tuvo que ir a terapia de rehabilitación para recuperar el equilibrio y acostumbrarse a la gravedad. Aparte sufrió de fatiga mental por la enorme sobrecarga de trabajo que hacía en la nave y la tensión política que sucedía mientras él estaba en órbita.

—No sé qué es más increíble, que tuviese la determinación de quedarse a bordo de la MIR sabiendo las consecuencias o que después de sufrir las consecuencias quisiera seguir viajando al espacio y persiguiendo su pasión, dijo Anton, creo que hablo en el nombre de todos cuando te doy las gracias por habernos contado esta historia que no se debe olvidar. Nos has inspirado a todos, tanto tú por contárnosla como Krikalev por vivirla. ¡Muchas gracias!

 

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