Dionisia Plaza: «Estudiar y trabajar» en los inicios de la logopedia española
Una memoria escrita a máquina, seis páginas y una hoja de dibujos. El 30 de julio de 1982 un expediente entró en el Registro de la Propiedad Industrial. Arriba, un escudo del Águila de San Juan, como símbolo pretransicional trasnochado. En la casilla Solicitante: Dª Dionisia Plaza Sánchez. En el Título de la invención se añadió el siguiente nombre: «DISPOSITIVO DE REHABILITACIÓN ORTOFÓNICA», como Inventor: El solicitante.
Qué es la rehabilitación ortofónica? ¿Por qué necesita espejos o recursos visuales alguien que intenta rehabilitar el habla? ¿Qué relación existe entre ver cómo producimos un sonido y aprender a producirlo? ¿Cómo llega una maestra leonesa nacida en 1901 a patentar, con 81 años, un aparato de rehabilitación del lenguaje?
Sí, Dionisia nace en 1901. En sus recuerdos dice que, de niña, quería «estudiar y trabajar». Dos metas complicadas para las mujeres de principios del siglo XX. Las puertas comenzaron a abrirse mientras ella crecía. Cuando nueve años, en 1910, España eliminó las restricciones administrativas que dificultaban el acceso de las mujeres a estudios superiores.
Más tarde aprovecharía esta oportunidad para estudiar Magisterio, porque, según sus propias palabras: «en León no había otra cosa». Es cierto que vivir en una ciudad te marca lo que estudias. Quería estudiar Ciencias, quería salir, y salió.
Ingresó muy joven en la Escuela Normal de León para formarse como maestra, con una autorización por edad y, en dos años, acabó unos estudios de cuatro con excelentes calificaciones,
Dionisia recordaría más de medio siglo después que pasó 72 horas ayudando en un hospital leonés. Sí, su vida profesional estaba abierta en varias direcciones. Así, la Dionisia maestra inició estudios de enfermería en la Cruz Roja. La historia fue atravesando León, donde se movilizaron para atender a pacientes afectados por la crisis provocada por la derrota de —derrota militar española en la guerra del Rif— en 1921 ante el desbordamiento de los hospitales en Melilla. Este interés por los cuidados se iría sumando a su formación interdisciplinar.
Para salir de León, las oposiciones a Maestra la llevan a Forcarei, Pontevedra, de donde vuelve, quizás porque no parece ser lo que estaba buscando, para instalarse en Madrid, ciudad de ritmo vertiginoso, en la que su historia se empieza a acelerar.
En la Residencia de Señoritas de Madrid, Dionisia aprende que una mujer podía desarrollar plenamente una profesión. En este espacio las mujeres jóvenes podían estudiar, relacionarse, escuchar conferencias, formarse y construir una identidad profesional. Abierto desde 1915, la Residencia fue creada por la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE), antecedente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); fundado en 1939 por iniciativa del régimen franquista usando los edificios, los laboratorios y el modelo organizativo de la propia JAE.
Pero, en relación a la Residencia de Señoritas, Dionisia pasó por uno de los lugares donde se estaba ensayando cómo podía ser la vida de una mujer que no quería definirse solo por su familia, sino también por sus estudios y su trabajo. Aunque no sabemos cuánto influyó esto ideológicamente en ella, su actividad profesional circulaba por algunos de los mismos espacios públicos que han construido las organizaciones feministas españolas, justo cuando está a punto de dar un giro y marcharse del país. Por ejemplo, está documentada una relación personal y profesional con Carmen Conde, escritora relevante de la época.
En 1935, Dionisia aparece publicada en Mundo Femenino, revista vinculada al feminismo organizado de entreguerras, como una «notable pedagoga» y allí se recoge una intervención relacionada con los efectos psicológicos de la música en los niños. Esto no demuestra que Dionisia perteneciera a la la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), fundada en 1918, entidad impulsora de los derechos civiles, educativos, laborales y políticos de las mujeres. Pero está claro que no era una revista cualquiera.
¿De dónde había surgido esta «notable pedagoga», antes solo «maestra» a secas? Una mujer que en Madrid aprende también a mirar a los niños de otra manera. Se aproxima a la psicología y la llamada psicotecnia, antecedente de la psicometría o evaluación psicológica.
¿Qué significaba estudiar a un niño científicamente en los años treinta? Hasta ese momento la clasificación era simple: aprende/no aprende, por no decir: tontos y listos, popularmente. En estos enfoques experimentales y de medición psicológica se lanzan además preguntas como: ¿por qué no aprende? ¿qué aptitudes tiene? ¿cómo las medimos? ¿qué relación hay entre lenguaje y desarrollo? ¿qué parte puede entrenarse?
Es probable que muchas de estas preguntas rondaran su cabeza. En estos años se la ve trabajando en el ámbito psicotécnico en el Orfanato Nacional del Pardo. El cambio ya está em marcha, en este momento Dionisia deja de ser únicamente una maestra.
Y su espacio se le queda pequeño. Una pensión de estudios —antecedente de las actuales becas— de la JAE la lleva a París a estudiar psicotecnia. ¿Qué podía aprender una maestra española en el París de 1935 que no podía aprender en España? La medición científica de las capacidades humanas: atención, percepción, memoria, inteligencia… En aquellos días, la psicología experimental, al servicio de la orientación profesional —similar a los recursos humanos actuales, cuando hablamos de test psicotécnicos—, la pedagogía y la filología, al servicio de la ciencia. La modernidad de poder observar, evaluar y orientar a una persona mediante procedimientos con aspiración científica.
Aquí entró en contacto con Henri Wallon y Théodore Simon, vinculados a la psicología y la medicina en el curso de Langage et Phonation. No obstante, no podemos reconstruir la profundidad de su relación, aunque sí los intentos de Dionisia por aproximarse científicamente al desarrollo infantil, la inteligencia y el lenguaje.
En 1936, perdemos a Dionisia en París. ¿Dónde estuvo? No sabemos si se ocultó, si se reinventó, si seguía en Francia, qué hizo durante la guerra, cuándo regresó. Agujero.
En la época actual es como si su huella digital hubiera sido borrada. Quizás en algún archivo de memoria histórica o algún cajón de su familia, hay alguien que pudiera desempolvar esta respuesta.
Para alimentar el misterio, se encuentra una ficha en el fichero político-social en Salamanca, pero no sabemos por qué existe. ¿Militaba?, ¿fue represaliada? ¿fue depurada como muchos de los intelectuales o científicos de la época? ¿O simplemente se la dejó estar como una señora y se trataba solo de una solicitud de antecedentes o cualquier otra cosa?
¿Cómo reconstruye su carrera después de 1939? Porque nuestra Dionisia acabará desarrollando un potente proyecto profesional principalmente durante el franquismo.
Su formación surgió en una gran medida del ecosistema renovador anterior a la Guerra Civil, pero su creación de una institución muy relevante se desarrolla en la posguerra tardía. Tenemos como fecha clave 1954, pero lo anterior se difumina, no sabemos si por su dedicación a la familia o a otros asuntos.
En este momento ya no viaja para aprender, ya no estudia, ahora funda y dirige. Está creando en Madrid, Aravaca, una institución especializada.
¿Qué hacían allí de especial con los niños y las niñas que no hablaban, no aprendían a leer o no conseguían comunicarse como se esperaba? Atención individual, ejercicios, lenguaje, lectura, cálculo, habilidades manuales, rehabilitación y, sobre todo, según palabras de la propia Dionisia: «No vale solo el amor». El cariño a los niños «se da por supuesto, pero no basta». Alejándose de la idea protectora y caritativa hacia los llamados «subnormales» en aquellos años, Dionisia, consideraba que los profesionales necesitaban «formación especializada».
Entonces su profesión, que es tan interdisciplinar como lo fue Dionisia, aún no se llamaba logopedia, por lo que Dionisia se hizo logopeda sin saberlo. ¿Cómo lo hizo? Estudiando educación, psicología, medición, fisiología, foniatría, rehabilitación del lenguaje, filosofía… Esta futura profesión estaba inventando su vocabulario. De ahí que su propio invento, el «dispositivo ortofónico», fuera tan francés como ortophonie, que es como en Francia se llama a la logopedia. Dionisia estuvo vinculada desde sus primeros años a AELFA, la Asociación Española de Logopedia, Foniatría y Audiología, que se inició en los años 60 y que ha sido la sociedad científica más influyente en la formación de científicos y profesionales de la disciplina a través de su revista científica y de sus congresos y que ahora se extiende a Iberoamérica. El premio Dionisia Plaza se incorporó a esta asociación como reconocimiento.
En los años 60 fue especialmente productiva. Escribió métodos de escribir y leer, de iniciación al cálculo, publicó escalas de habilidad manual, que facilitaron cómo observar, medir o entrenar habilidades complejas. También se atrevió con publicaciones científicas sobre afasia infantil y disfonías.
Su evolución fue profesional, pero también conceptual, como podemos inferir por sus valores. A pesar de que, como ya hemos dicho, no sabemos su grado de militancia feminista ni social, podemos acercarnos a las preguntas que le rondaron por la cabeza, aunque no sean literales. Por ejemplo, tuvo que plantearse algo como: ¿por qué no cambiar la forma de hablar de una persona para que la traten de forma diferente? Sobre este asunto, Dionisia pidió públicamente abandonar el término «subnormal».
Sustituir una palabra no elimina automáticamente la discriminación, pero las palabras revelan qué se cree que es una persona, qué se espera de ella y qué posibilidades o expectativas tiene. Recientemente se acaba de incluir la palabra discapacidad en la Constitución Española y empezamos a hablar de «personas con discapacidad» no de «discapacitados». Personas como Dionisia levantaron la voz sobre la necesidad de este cambio terminológico. Ahora se espera que se les llame «personas con diversidad funcional», una visión menos centrada en la patología, por lo que se sigue avanzando.
Por otro lado, también vemos a Dionisia, con la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en la mano, con 74 años, definiéndose a sí misma como «pionera del feminismo», por su creencia en la igualdad mental entre hombres y mujeres. Si las mujeres tienen la misma capacidad intelectual, deben poder estudiar, y si pueden estudiar, deben poder ejercer. Aunque también confesó no haberse sentido discriminada laboralmente por ser mujer.
Ahora no es tan es difícil imaginar a Dionisia, inventora con 81 años, creando, cuestionando, tras el espejo de su despacho en el que miraba como hablan los niños para darles un lenguaje con el que pensar. Así pasó su vida intentando comprender cómo aprendemos, estudiando y trabajando, como su niña quería.
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