¿Por qué los vampiros nos asustan cuando enseñan los colmillos? ¿Qué tienen en común los gremlins, los dinosaurios de Parque Jurásico y algunos animales capaces de intimidar a sus depredadores? La respuesta podría encontrarse en millones de años de evolución. Desde las dentaduras afiladas hasta las orejas puntiagudas, la estética de los monstruos utiliza señales de peligro profundamente arraigadas en nuestra historia evolutiva. Un viaje por la biología del miedo que conecta la naturaleza, los cuentos infantiles y el cine de terror.
De niño me preguntaba porqué los vampiros solo daban miedo cuando abrían la boca. El monstruo de Frankenstein no era un monstruo de verdad; pero el Hombre Lobo, con sus colmillos y garras era otra cuestión.
La primera vez que vi a los Gremlins me pasó lo mismo: no podía entender cómo unos monstruos tan horripilantes podían salir de una criaturita como el mogwai. El argumento del filme es sencillo: no se puede mojar ni dar de comer a un mogwai, sino se trasforma en un bicho verde con las orejas puntiagudas y los dientes afilados. El mogwai era lo más parecido a un osito de peluche, con ojos grandes infantiles y orejas redondeadas. Nadie se fija mucho en estos detalles estéticos, salvo los diseñadores de monstruos; pero no son fortuitos, son recursos que están profundamente arraigados en nuestra mente, como veremos a continuación.
Detengámonos en los dientes. Igual averiguamos por qué tenemos tanto miedo a los dentistas.
Edgard Alan Poe nos ofrece una pista del misterio. En su cuento Berenice nos presenta un personaje con una obsesión peculiar. Y es que Egaeus —así se llama— se siente atraído por una parte muy particular de la anatomía de su prima Berenice. Los dientes de Berenice fascinan a Egaeus hasta un punto inimaginable, dicha manía, mezcla de miedo y terror, tiene una explicación. Al fin y al cabo, los dientes no dejan de ser una parte de nuestro esqueleto. Parecen un parte de nuestra calavera. ¿Han visto alguna vez una dentadura castañeantes? Se trata de un juguete, pero a mi me daba algo de miedo. Mi abuela me regaló uno de niño a modo de broma, porque le tenía pavor a su dentadura postiza. En el relato de Poe, Egaeus conserva los dientes de Berenice en una caja, como mi abuela los suyos —aunque por motivos distintos; a mí, ambos, me provocaban cierto repelús—. Berenice nos habla de la dentadura como símbolo, pero algo mucho mas profundo subyace en el origen de este temor.
Seguramente muchos hemos visto la película Tiburón, cuyo título, en realidad, es Jaws, es decir Fauces, Mandíbulas o Dentelladas, ¿por qué? El tiburón de Spielberg, provisto de una prodigiosa dentadura afilada, representa un ancestral temor: el miedo a ser mordido. Por ejemplo, los wapare africanos, se afilan los dientes en un rito de paso a la edad adulta y como símbolo de identidad y pertenencia, pero también para imitar al animal al que consideran el depredador máximo, emulando la mandíbula del cocodrilo. Otros animales, para intimidar, enseñan los dientes, en especial los colmillos. Algunos los utilizaron con notable éxito, como el tigre dientes de sable, uno de los depredadores más temidos del mundo. Estos felinos mataban también a nuestros antepasados, y tenemos constancia de ello en al menos una ocasión, el cráneo de un homínido fue perforado por los colmillos de un Megantereon, hace un millón y medio de años en Dmanisi, Georgia. Debemos recordar que nosotros también fuimos hace mucho tiempo presas de temibles depredadores y albergamos miedos recónditos al respecto.
Si me preguntan si es posible que aún conservemos miedos ancestrales, mi respuesta es afirmativa, aunque están trasformados por diversos factores.
Uno de estos factores son las ficciones de terror. Todas ellas se nutren de monstruos que tienen rasgos deimáticos. El deimatismo es el arte de asustar o, dicho de otro modo, un recurso biológico que las especies utilizan para dar miedo. Esta estrategia es útil, entre otras cosas para evitar confrontaciones violentas o engañar a un depredador. Cuando una mantis religiosa se siente acorralada trata de asustar a sus depredadores. Levanta los brazos y extiende las alas para aparentar mayor tamaño y más ferocidad. Incluso, la mantis de hojas muertas de Malasia, simula de forma grotesca tener una boca con dientes afilados.
Existen pues ciertas coordenadas visuales, que tienen la finalidad de asustar incluso a los más temibles depredadores. Suelen ser manifestaciones de ciertos atributos peligrosos como colmillos, aguijones, pinzas o tentáculos, la naturaleza está llena de estos mecanismos. La estética de los monstruos trata de imitar estos códigos, no solo por divertimento, sino para imitar los efectos que provoca.
Mantis de hojas muertas simulando una boca. Créditos.
Volvamos a las orejas puntiagudas de los Gremlins, en contraste con las redondeadas del mogwai. El redondeamiento de las orejas es un rasgo infantil, los animales domésticos la han adoptado porque son rasgos infantiles que no representan, ni son percibidos como una amenaza por los seres humanos. Sin embargo, las orejas puntiagudas, característica de multitud de monstruos, son propias de animales salvajes. Eso pone fin a mis terrores infantiles, o eso creía yo, hasta el momento.
El hecho ocurrió hace trece días exactamente. Estaba viendo la última película de Avatar cuando me percaté de la extraordinaria indumentaria de la villana del Pueblo de las Cenizas. Lleva un tocado rojo y negro parecido al de algunos pueblos amazónicos, pero había algo más. No era un simple penacho de plumas, era también una especie de volante como el que tiene el Cladimosaurio cuando se enfada o el monstruo de Jeepers Creepers. También en Parque Jurásico aparece un dinosaurio con un collar inspirado en el cladimosaurio; pero no hay evidencia alguna de que los volantes para asustar existieran en el Cretácico, así que debemos pensar que se trata de una recreación cinematográfica potenciar el miedo que produce la criatura en cuestión. Sin embargo, las placas dorsales, presentes en monstruos como Godzila, sí tienen un referente real e incluso puede ser uno de los atributos deimáticos mas antiguos que se conocen. Las placas a las que nos referimos son las del Stegosaurus, utilizadas para diversas funciones, una de las cuales pudo ser intimidar a sus adversarios.
La fuerza que tienen este tipo de imágenes solo tiene una explicación, son herencias que remiten a nuestra trayectoria evolutiva, a un pasado prehistórico, a las frecuentes interacciones entre depredadores y presas. Gran parte de la historia evolución parece una exploración del recurso del miedo. Encontrar nuevos modos de asustar a los demás parece haber sido una estrategia evolutiva. El deimatismo es la clave para entender la evolución de la estética y es el antepasado común de los cuentos de miedo.
La mayoría de los monstruos provienen de los cuentos infantiles. Los llamados cuentos de hadas están siempre poblados de brujas y ogros caníbales que secuestran y comen niños. Nada tienen de encantadores, son auténticas imágenes de miedo que se han endulzado con el paso del tiempo. No se asusta a los niños por capricho, pero en la naturaleza hay lugares peligrosos a dónde los niños nunca deberían aproximarse solos. Todo parece indicar que el cuento de terror era un buen método de aprendizaje infantil e incluso juvenil. Casi todos los monstruos tienen una función pedagógica, se aprende lo que hay que temer para sobrevivir.
En las tierras del sureste de Australia, en las inmediaciones del río Yarra, los aborígenes cuentan la historia del monstruo anfibio Bunyip para que los niños no se acerquen solos a los pantanos. En nuestras ciudades se pueden encontrar señales de peligro, tienen colores llamativos, algunas incluso dibujan rayos o calaveras y son claramente intimidantes. Atrás quedaron los depredadores, pero el código lingüístico de las aceras usa elementos aversivos presentes en la naturaleza.
Me he quedado de piedra. No solo los sapiens asustamos para divertirnos: los chimpancés, los delfines o los cuervos también practican el típico susto de broma, pero sin truco o trato. Cada Halloween salen a la calle niños disfrazados de esqueletos, brujas y vampiros. Me he enterado de que uno de los disfraces más vendidos son las dentaduras terroríficas o los colmillos ensangrentados y he recordado entonces el miedo que me daban los vampiros cuando abrían la boca.
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