Michael Collins, el tercer hombre del Apolo 11

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El 20 de julio de 1969 el ser humano aterrizó por primera vez en la Luna. Los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin hicieron historia al posarse en la superficie lunar a bordo del módulo Eagle. Horas después dejaron las primeras huellas en el satélite terrestre y pronunciaron frases que pasarían a la posteridad.

TEXTO POR LAURA DEL RÍO LEOPOLDO
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ASTRONAUTA | ASTRONOMÍA | LUNA | VIAJE A LA LUNA
20 de Enero de 2019

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Pero hubo un tercer hombre a bordo del Apolo 11 en esa misión crucial. Se trata de Michael Collins, quizás el menos conocido de la tripulación por no haber tocado el suelo lunar. 

Collins pilotaba el módulo de mando del Apolo 11, el Columbia, donde se alojaron los tres astronautas durante la mayor parte del viaje y que se encargó de devolverlos al planeta Tierra. 

Así que mientras Armstrong y Aldrin se dedicaban a hacer fotos y recoger muestras, Collins daba vueltas a la Luna en el Columbia él solito, a la espera de que sus compañeros volviesen al módulo de mando para regresar a la Tierra.

Collins formaba parte del tercer grupo de astronautas seleccionado por la NASA en 1963. Había sido piloto militar en las Fuerzas Aéreas estadounidenses y vivió su primera experiencia en el espacio en 1966 con la misión Gemini 10, en la que realizó dos caminatas espaciales. 

La llegada de Collins a la misión Apolo 11 fue un tanto rocambolesca. Para ello hay que remontarse a  diciembre de1968 y a otro viaje histórico, el del Apolo 8, que por primera vez sacó a seres humanos de la órbita de la Tierra para situarlos en la de la Luna.

Modulo Columbia. Fuente

Originalmente esa misión no había sido diseñada para dirigirse al satélite, sino para probar por primera vez el módulo que se utilizaría más adelante para alunizar.  Sin embargo, en 1968 ese módulo no estaba a punto y la NASA tenía prisa porque sus astronautas llegasen a la órbita lunar antes que los rusos (recordemos que los programas espaciales de EEUU y la URSS fueron en gran parte fruto del enfrentamiento de ambas potencias en la Guerra Fría). 

Así las cosas, tras el éxito de la misión tripulada Apolo 7 se decidió que la siguiente llegaría a la órbita de la Luna sí o sí. La NASA ofreció ese privilegio a la tripulación comandada por James McDivtt, que era a la que le correspondía volar según el orden establecido. Pero ese equipo había dedicado muchas horas a entrenarse con el módulo lunar y su comandante prefirió esperar hasta poder volar con ese aparatito.

¿Y qué tiene que ver toda esta historia con Collins y el Apolo 11?, os estaréis preguntando. Tranquilos, que ya nos vamos acercando. Cuando el equipo de McDivtt renunció a la misión Apolo 8, el turno pasó a la siguiente tripulación titular, que inicialmente estaba compuesta por Frank Borman, Michael Collins y William Anders.

Pero, ¡oh, fatalidad! (o no). Unos meses antes del despegue del Apolo 8, Collins tuvo que ser operado de una hernia cervical. Ese contratiempo lo dejó fuera de la tripulación titular, en la que fue sustituido por James Lovell. Collins pasó entonces al equipo suplente del Apolo 8, en el que estaban… (redoble de tambores…) ¡Armstrong y Aldrin!.

Según la política de la NASA, los suplentes de una misión se convertían en titulares de la tercera misión siguiente, en este caso la famosa Apolo 11. Y así fue como por una doble carambola del destino Collins acabó formando parte de un momento épico. O como diría el refrán, «no hay mal que por bien no venga».

Durante el vuelo del Apolo 8, Collins trabajó desde tierra en el puesto de control de la misión. Allí sirvió varios turnos como Capcom, la persona encargada de comunicarse por voz con la tripulación. Y a él le correspondió precisamente transmitir una de las órdenes más relevantes de la historia espacial: iniciar la propulsión para que por primera vez varios seres humanos salieran de la órbita terrestre. O como el lo llamó: el «corte del cordón umbilical» con el planeta Tierra.

Ahora vayamos de nuevo hasta el Apolo 11, a ese momento en el que Armstrong y Aldrin se meten en el Eagle y dejan atrás a Collins para preparar su aterrizaje. En cada órbita alrededor de la Luna el Columbia perdía el contacto con la Tierra durante 48 minutos, cuando pasaba por la cara oculta de la Luna. En esos momentos Collins quedaba totalmente desconectado, por lo que algunos llegaron a comparar su soledad con la de Adán en el bíblico principio de los tiempos. Sin embargo, él mismo contó después que para nada se sintió así.

Cuando Armstrong y Aldrin volvieron al Columbia una de las primeras cosas que hicieron fue enseñarle a Collins una de las muestras que habían tomado, con lo que se convirtió en el tercer ser humano en tocar un pedacito de Luna.

Foto de La Luna tomada por el Apolo 11. Fuente

A Collins también hay que agradecerle el emblema del Apolo 11, un águila agarrando una rama de olivo con las patas y a punto de posarse en la Luna. Fue él quien calcó el ave de un libro de National Geographic, aunque en un primer momento puso la rama de olivo en el pico. Pero a la administración no le gustó que el águila volase con las garras extendidas, ya que le parecía agresivo, y colocó entre ellas las hojas de olivo. «Espero que recuerde soltar la rama antes de aterrizar», fue el comentario de Collins cuando lo vio. 

Collins dejó la NASA en enero de 1970. Pasó brevemente por el Gobierno estadounidense en un puesto en el Departamento de Estado y después se convirtió en director del Museo Nacional del Aire y del Espacio.

Además de haber recibido unos cuantos premios, Collins ha tenido una pequeña incursión en el cine y grupos como Jethro Tull han dedicado canciones a su papel fundamental y a la vez discreto en la llegada del hombre a la Luna.

Foto de portada: Michael Collins. Fuente.

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