Sueño + perseverancia = éxito

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Cuento finalista del tercer concurso de cuentos infantiles Ciéncia-me un cuento. Organizado por la Society of Spanish researchers in the United Kingdom (SRUK/CERU).

TEXTO POR CELIA RODRÍGUEZ BADÍA
ILUSTRADO POR ELVIRA GARCÍA
ARTÍCULOS | KIDS
MATEMÁTICAS
11 de Febrero de 2021

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Esta historia ocurrió hace muchos muchos años, siglos quizá. No sé ni cuándo ni dónde, pero eso poco importa. Lo realmente maravilloso es que todos tenemos sueños por cumplir y debemos perseguirlos.

X era una letra extraordinaria y extrovertida, aunque algo extravagante. No se conformaba con ser letra, aspiraba a ser un número. ¡Creía haber nacido para la ciencia! Anhelaba formar parte de «El club de los números divertidos», donde veía que tenían una infinidad de juegos y pasatiempos. Desde pequeña, siendo todavía minúscula, pertenecía a «El club palabras palabrejas». Allí también jugaban, pero X, al cabo de un rato, se acababa aburriendo. Cierto es que estaba en muchas palabras y algunas muy bellas como éxito, excelente, experiencia… pero X casi siempre ocupaba el mismo lugar. ¡El segundo! Formar palabras era para ella un juego muy repetitivo, carecía de suspense, de emoción. Cómo le hubiera gustado en esos momentos ser como la A, la E o incluso la N, que disfrutaban de más libertad. Tenían un destino mucho más emocionante y azaroso. Estaban en prácticamente todas las palabras y en los lugares más insospechados e, incluso, varias veces. ¡Y qué decir de los números! Los veía jugar y divertirse y sentía envidia de su existencia aventurera, de poder ir de acá para allá libremente con unos y con otros.

Un buen día, X decidió que para acabar con la monotonía y conseguir su sueño tenía que esforzarse, ponerse a investigar y estudiar todas las ciencias para lograr su objetivo. Cambiar su vida solo dependía de ella e iba a luchar para conseguirlo.

Empezó a leer todo lo que caía en sus manos, desde papiros egipcios hasta tratados griegos, pasando por los documentos sumerios. En Grecia hizo grandes descubrimientos y conoció letras que eran nuevas para ella como Beta (β), Psi (Ψ), Omega (ω)… pero quien más le impactó fue Pi (π). ¡π era a la vez letra y número! π era el 3,141592… que tantas veces vio en «El club de los números divertidos». π era singular, irracional, el alma de la geometría y la protagonista de un sinfín de investigaciones.

Este descubrimiento llenó a X de nuevas esperanzas y multiplicó sus fuerzas para seguir estudiando. Sabía que iba por el buen camino y que cada vez estaba más cerca de lograr su sueño.

Sus ansias de saber la llevaron hasta la antigua Roma y aquí se llevó una de las mayores alegrías de su vida. Ella, X, en la numeración romana, ¡representaba al número 10! En su investigación descubrió que aquí aún no existían los números tal y como ella los conocía, sino que siete letras I, V, X, L, D, C y M —combinadas unas con otras— ¡podían ser cualquier número! ¡Era alucinante!

Cuando creía que ya nada podía impresionarla, pues todos sus descubrimientos científicos superaban sus expectativas iniciales, cayó en sus manos un tratado de álgebra. En los teoremas y en las fórmulas algebraicas se combinaban letras y números. También ahí aparecía ella junto a las letras A, B e Y. X era la protagonista de todas las ecuaciones, el número desconocido, la solución. Aquí podía ser una infinidad de números, era una variable. ¡X estaba pletórica! Esto suponía aventura, búsqueda, investigación, todo lo contrario a la monotonía de la que había huido. ¡Hasta vértigo sentía por las incógnitas que le deparaba su nueva vida!

Tan ilusionada estaba por el excitante futuro que le esperaba y por compartir con todos sus amigos las investigaciones hechas, que, hasta ese momento, había pasado por alto el signo de multiplicar. ¡La cruz de San Andrés al fin y al cabo también era una X! Se imaginó participando con todos los números en juegos de aritmética y casi le dio un soponcio por la incalculable alegría que sentía.

Una vez repuesta de tantas emociones, X reunió a todos los números y todas las letras para explicarles todo lo que había aprendido. Les contó todos sus descubrimientos y les planteó lo interesante que sería formar un solo club en el que todos los miembros jugasen juntos a una infinidad de nuevos retos y pasatiempos. Su propuesta tuvo una gran acogida y crearon un nuevo club que llamaron «Aprendiendo y jugando».

Hasta el día de hoy, las letras y los números no han dejado de divertirse juntos.

Solo añadiré que esta historia, leyenda o no, nos deja un hecho que todos podemos comprobar y es que X es la única letra con tecla propia en las calculadoras. Cada cual es libre de pensar y de sacar sus propias conclusiones.

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