Amar, temer, partir: cuando la ciencia española tuvo que huir

Portada móvil

En el verano de 1936 no solo comenzaron los bombardeos, las detenciones y las fosas comunes. También empezó el desmantelamiento de uno de los momentos más brillantes de la ciencia española contemporánea. Investigadores, profesoras, médicas, químicas y físicas tuvieron que escoger entre el exilio, la cárcel o el silencio. Entre ellas estaba María Teresa Toral. Y su historia acaba de convertirse en novela gráfica.

TEXTO POR QUIQUE ROYUELA
ILUSTRADO POR MARINA VALENCIA
ARTÍCULOS
CÓMIC | GUERRA CIVIL | NOVELA GRÁFICA
11 de Mayo de 2026

Tiempo medio de lectura (minutos)

Un país que quiso modernizarse a través de la ciencia

Hay imágenes que hoy parecen improbables dentro del relato habitual sobre la historia española del siglo XX. Laboratorios llenos de mujeres investigando en Madrid. Jóvenes científicas viajando por Europa gracias a becas públicas. Centros de investigación conectados con universidades de Alemania, Francia o Reino Unido. Profesores convencidos de que el conocimiento científico podía transformar estructuralmente el país y situarlo dentro de la modernidad europea.

Sin embargo, todo eso ocurrió.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la Junta para Ampliación de Estudios impulsó una transformación científica sin precedentes en España. Inspirada en modelos internacionales y en una idea profundamente regeneracionista de la educación y la investigación, la JAE permitió la formación de una generación de científicos conectados con las corrientes más avanzadas de Europa. Becas, laboratorios, estancias internacionales y nuevas instituciones comenzaron a configurar un ecosistema científico que rompía con décadas de atraso estructural.

Uno de los símbolos de aquel impulso fue el Instituto Nacional de Física y Química, conocido popularmente como el Rockefeller por la financiación de la Fundación Rockefeller. Allí trabajaron algunas de las figuras más importantes de la ciencia española contemporánea, en un entorno que integraba investigación, docencia y colaboración internacional. La intensidad de aquel momento fue tal que muchos historiadores siguen refiriéndose a él como la «Edad de Plata» de la ciencia española.

La guerra contra el conocimiento

Todo aquello se quebró en 1936.

La Guerra Civil no supuso únicamente una fractura política y social. También implicó el colapso de buena parte de las estructuras científicas que se habían construido durante décadas. Laboratorios cerrados, proyectos interrumpidos, expedientes de depuración y universidades sometidas a vigilancia ideológica comenzaron a redefinir el panorama intelectual del país. El nuevo régimen no solo persiguió personas. También persiguió formas de pensar.

Muchos investigadores republicanos fueron expulsados de sus puestos, encarcelados o forzados al exilio. Otros permanecieron en España bajo condiciones de silencio y marginación profesional. La pérdida no fue únicamente individual, sino estructural, porque desaparecieron líneas enteras de investigación, redes internacionales de colaboración y generaciones completas de formación científica.

En ese derrumbe quedó atrapada María Teresa Toral.

María Teresa Toral: ciencia, cárcel y exilio

Química y farmacéutica, discípula de Enrique Moles y vinculada al entorno científico de la Segunda República, María Teresa Toral atravesó algunos de los episodios más violentos y silenciosos del siglo XX español. Su vida quedó marcada por la guerra, la represión franquista, la cárcel y el posterior exilio en México, pero también por una dimensión menos conocida: su transformación en artista y grabadora durante los años posteriores.

La historia de Toral resulta especialmente significativa porque conecta múltiples formas de pérdida y resistencia. La destrucción de una carrera científica. La violencia política ejercida sobre las mujeres republicanas. La necesidad de reconstruir una identidad lejos del país de origen. Y, al mismo tiempo, la persistencia de una voluntad creativa que sobrevivió incluso después de la persecución y el desarraigo.

Ahora, su trayectoria llega convertida en novela gráfica con Amar, temer, partir. María Teresa Toral: una vida combatiente, publicada por PRINCIPIA. El proyecto combina documentación histórica y ficción narrativa para reconstruir una existencia atravesada por el miedo, la dignidad y la supervivencia cultural.

La ficción como herramienta de memoria

El cómic no pretende funcionar como una biografía académica cerrada ni como un ensayo histórico convencional. Sus autores trabajan a partir de archivos, testimonios y documentación real, pero utilizan también la ficción para reconstruir aquello que la historia documental no siempre puede conservar: conversaciones perdidas, silencios familiares, dudas íntimas y gestos cotidianos que nunca quedaron registrados en expedientes oficiales.

Este uso de la ficción no busca sustituir la verdad histórica, sino acercarse a una dimensión humana que los documentos rara vez pueden contener por completo. La memoria no se construye únicamente con fechas y archivos, sino también con emociones, vacíos y experiencias que sobreviven fragmentariamente en quienes las vivieron.

En ese sentido, el cómic actúa como una herramienta narrativa para devolver corporeidad a vidas que durante décadas quedaron reducidas a notas marginales o directamente borradas del relato oficial.

El exilio científico español

La historia de María Teresa Toral forma parte de un fenómeno mucho más amplio: el exilio científico republicano tras la Guerra Civil. Decenas de investigadores españoles terminaron dispersos por Francia, Reino Unido, México, Argentina o Estados Unidos. Algunos consiguieron reconstruir parcialmente sus carreras en el extranjero. Otros desaparecieron progresivamente de la memoria científica española.

El impacto de aquella diáspora fue enorme. Diversos estudios sobre la evolución de la ciencia española coinciden en señalar que la Guerra Civil produjo una ruptura profunda en la continuidad de las escuelas de investigación y en la capacidad científica del país. No se perdió únicamente talento individual. Se perdió infraestructura intelectual, experiencia acumulada y una red de transmisión del conocimiento que tardaría décadas en recuperarse parcialmente.

La dimensión de esa fractura sigue siendo difícil de medir por completo, precisamente porque muchas de esas trayectorias quedaron interrumpidas o invisibilizadas durante años.

Recordar también es resistir

Quizá por eso Amar, temer, partir resulta especialmente pertinente en 2026, cuando se cumplen 90 años del inicio de la Guerra Civil española. Porque la memoria histórica no vive solo en los grandes acontecimientos políticos o en las fotografías icónicas de los libros escolares. También habita en quienes tuvieron que abandonar un laboratorio, esconder documentos científicos o cruzar un océano para poder seguir vivos.

La historia de María Teresa Toral habla precisamente de eso. De cómo el conocimiento también puede convertirse en objetivo de persecución política. De cómo una dictadura puede destruir no solo vidas individuales, sino futuros colectivos enteros. Y de cómo, incluso después del miedo, la cárcel y el exilio, algunas personas siguieron creando imágenes, ideas y formas de resistencia cultural.

Porque a veces la memoria no consiste únicamente en conservar el pasado.

Consiste en impedir que desaparezca.

Deja tu comentario!