El Telekino, origen de los drones

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Si hay un invento que está de moda hoy en día (junto con el ordenador, la tableta y el móvil que nos han acompañado fielmente durante estos meses de confinamiento por la pandemia), este sería el del dron, nombre con el que nos referimos, para abreviar, a todo Vehículo Aéreo no Tripulado (VANT), adaptación al español de Unmaned Aerial Vehicle (UAV).

TEXTO POR FRANCISCO A. GONZÁLEZ REDONDO , JOSÉ LUIS BARRIOS ORDAZ
ILUSTRADO POR JOAQUÍN ALDEGUER LÓPEZ
ARTÍCULOS
LEONARDO TORRES QUEVEDO | TELEKINO
8 de Octubre de 2020

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Realmente, su nombre más técnico sería el de Remotely Piloted Aircraft System (RPAS), expresión que adelanta con precisión su naturaleza: una aeronave motorizada que no lleva piloto a bordo, es decir, cuyo vuelo está pilotado a distancia mediante un sistema de control remoto. Por otro lado, un dron, además de obedecer las órdenes enviadas a distancia por el piloto humano, puede incorporar también sistemas automáticos para su propio autocontrol del vuelo, añadiendo para su comportamiento, no solo esos mandatos que le llegan a través de las señales enviadas desde la distancia por el humano, sino también las decisiones que el propio aparato toma por sí solo atendiendo a la información que le llega acerca de las circunstancias que le rodean mediante diferentes sensores.

Todos tenderíamos a pensar que esta invención, con estas características tan sorprendentes, tan multidisciplinares y de tan suma actualidad, constituiría una creación muy reciente. Además, se la atribuiríamos sin dudar a algún sabio norteamericano, israelita o, quizá, chino. ¡Pues no, lectores, no! Los conceptos implicados en la definición del dron y la materialización efectiva de los primeros dispositivos que demostraban de manera efectiva el hasta entonces sueño del control remoto, no se deben a ningún extranjero, son obra de un español. Y no son aportaciones del siglo XXI: todas ellas las presentó el insigne sabio montañés, Leonardo Torres Quevedo, entre 1902 y 1903, y las demostró con el primer dispositivo de mando a distancia entre 1903 y 1906: el Telekino.

Telekino en Beti jai. Año 1905.
Telekino en Beti jai. Año 1905

Claro que, después de hacer una afirmación de este calibre, y antes de que hagamos una breve crónica sintética de esta apasionante historia que acabamos de anunciar, quizá convenga conocer un veredicto internacional actual que ha dejado establecida, de una vez por todas (y, pensamos, para siempre) la paternidad española de esta invención. En efecto, en 2007, el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) concedía un Milestone a Torres Quevedo por sus Early developments in remote control.

Telekino MIlestone

En concreto reconocía que «Entre 1902 y 1903 solicitó varias patentes del sistema. Con el Telekino, Torres Quevedo estableció los principios operacionales del moderno sistema de control remoto sin cables».

¿Sorprendidos? ¿Preparados para conocer esta historia? Pues vamos con ella.

En efecto, alcanzado el reconocimiento internacional en 1900 por sus máquinas algébricas, al comenzar el siglo XX, Leonardo Torres Quevedo se embarcaba en la solución del problema científico-tecnológico más importante que tenía la Humanidad en esos momentos: el problema de la navegación aérea, estudios que se concretan, en mayo de 1902, en la patente francesa por Perfectionneménts aux aérostats dirigeables que, acompañada de una nota complementaria, presenta ante las Academias de Ciencias de París y Madrid.

Reuniendo las ventajas de los sistemas de globos dirigibles rígidos (propuesto por Ferdinand von Zeppelin), flexibles (ensayado por Renard y Krebs, y continuado por Santos-Dumont) y semirrígidos (adelantado por los Lebaudy), Leonardo proponía un nuevo sistema de dirigibles que eliminaba los defectos de los anteriores. El proyecto presentado recibió un informe altamente laudatorio de la Académie des Sciences de París, pero las revistas británicas Nature y Aeronautical Journal desaconsejaron emprender cualquier tipo de ensayos tripulados de aeronaves con motores de combustión tras el fallecimiento de varios inventores probando sus dirigibles.

Motivado por estas críticas, el 10 de diciembre de ese mismo año, 1902, nuestro ilustre inventor presentó en Francia la solicitud de patente por Système dit Télékine pour commander à distance un mouvement mécanique, ni más ni menos que la propuesta del primer sistema efectivo para el control remoto de dirigibles sin arriesgar las vidas de pilotos humanos. Aprobada la patente francesa en marzo de 1903 (unos meses después lo sería en España, en el Reino Unido y los EE. UU.), podía iniciar la construcción de los primeros telekinos.

Constarían de dos unidades, un emisor y un receptor, sin que ningún cable los uniese. Desde el emisor de ondas hertzianas el piloto humano enviaría una colección de señales en código Morse. El receptor, situado en la aeronave a teledirigir, iría almacenando esas señales hasta que pasasen cinco segundos sin recibirlas (el equivalente al intro); entonces, retomaría de su memoria artificial esa colección de señales y las interpretaría, decidiendo el Telekino, por sí solo, qué acción estaba implícita en esas señales, y dando las órdenes a los servomotores correspondientes para ejecutarla (encendido o apagado del motor, giro a babor o a estribor, aumento o reducción de la velocidad, etc.).

En agosto de 1903, presentaba Torres Quevedo ante la Académie des Sciences de París la comunicación Sur le télékine, acompañada de un pequeño modelo del Telekino con el que demostró ante los académicos la posibilidad de teledirigir, a voluntad, los movimientos de torpedos, barcos o dirigibles. El éxito de las pruebas, destacado por toda la prensa nacional e internacional, animó al Gobierno español a la creación del Centro de Ensayos de Aeronáutica, que se instalaría, en enero de 1904, en el frontón Beti-jai de Madrid, en desuso desde el fracaso de los juegos de pelota en 1897.

A lo largo de ese año 1904 construiría en el Beti-jai sendos telekinos diseñados para teledirigir coches y embarcaciones con baterías y motores eléctricos. En febrero de 1905 se realizaron las pruebas privadas del primer Telekino, teledirigiendo el coche eléctrico en el Beti-jai en presencia del alcalde de Bilbao, ensayos que se repetirían con gran éxito, en marzo, ante los profesores y los alumnos de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid.

En noviembre de ese año 1905 tenían lugar las pruebas ante la prensa, con el segundo Telekino teledirigiendo el bote Vizcaya en el Abra de Bilbao.

1906 Septiembre. Pruebas Telekino en Bilbao con el Rey
1906 Septiembre. Pruebas Telekino en Bilbao con el Rey

En junio de 1906, y ante miembros de la Academia de Ciencias y del Ateneo de Madrid, se efectuaban nuevos ensayos privados con el primer Telekino readaptado y emplazado en una lancha teledirigida en el estanque de la Casa de Campo de Madrid.

El 6 de septiembre de 1906, de vuelta en el Abra de Bilbao, se repitieron las pruebas con el Telekino instalado en el bote Vizcaya y en presencia de S. M el Rey Alfonso XIII, a modo de prólogo de los últimos y definitivos ensayos públicos, que se efectuaron el 25 de septiembre.

Testigo del éxito de las pruebas realizadas, José Echegaray destacaba cómo «nadie mueve» al Telekino, «se mueve automáticamente». Para nuestro ingeniero Premio Nobel de Literatura, era un autómata de «cierta inteligencia, no consciente, pero sí disciplinada»; «un aparato material, sin inteligencia, interpretando, como si fuera inteligente, las instrucciones que se le comunican en una sucesión de ondas hertzianas».

Torres Quevedo no llegaría a teledirigir sus dirigibles con el Telekino, pero sí fue capaz de ver las impresionantes potencialidades implícitas en su invención; por ejemplo, cuando en el dirigible se situaran barómetros, brújulas, etc., además del receptor del Telekino. Con todos esos dispositivos los dirigibles, «sensibles a la presión barométrica, a la orientación magnética y a las ondas hertzianas, lo mismo que a otros muchos aparatos que pudieran inventarse» se convertirían en «autómatas que se guían obedeciendo a las impresiones recibidas». Tendrían, así «una vida de relación mucho más complicada que las máquinas industriales», porque «no se limitarían a ejecutar un trabajo mecánico», sino que «sustituirían al trabajo inteligente en operaciones que parecían reservadas a las personas».

Ante el reconocimiento de la opinión pública, encauzado desde el Ateneo de Madrid, el Ministerio de Fomento creaba, en febrero de 1907, el Laboratorio de Mecánica Aplicada para que Torres Quevedo pudiera completar la construcción de su máquina algébrica y desarrollase el potencial implícito en el Telekino redimensionado como el primer autómata electromecánico de la historia.

En efecto, convencido de que «es posible construir un autómata que ejecute una serie determinada de cálculos por complicados que sean, sin auxilio de operador alguno», Torres Quevedo diseñó en 1910 una máquina en la que «basta inscribir los datos para que el autómata calcule —e imprima si se quiere— los resultados», un autómata que «regule la marcha de las operaciones, sobre todo cuando esta marcha depende de los resultados que va obteniendo en sus cálculos». En síntesis, el inventor español presentaba el proyecto de la primera computadora digital electromecánica de la historia.

Queridos lectores, si la crónica del Telekino como origen de los drones actuales os ha sorprendido, ¿podréis esperar unos días para que os contemos la verdadera historia del primer ordenador en el sentido actual del termino?

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