Loquita por sus huesos

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Tercer premio del certamen «Ciéncia-me un cuento» 2021. Organizado por SRUK/CERUK (Society of Spanish Researchers in the United Kingdom).

TEXTO POR DANIEL GONZÁLEZ ESCUDERO
ILUSTRADO POR PEDRO DUNCAN
ARTÍCULOS | MUJERES DE CIENCIA
GEOLOGÍA | MARY ANNING | MUJERES DE CIENCIA | PALEONTOLOGÍA
16 de Diciembre de 2021

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Déjame amor que te cuente
antes de irte a dormir
una historia diferente
de las que sueles oír.

Aquí no hay lobos ni hadas,
no hay piratas con cuchillos,
no hay fantasmas en castillos,
ni mansiones encantadas.

No hay princesas en balcones
ni duendes en la campiña,
es la historia de una niña
que rescataba dragones.

Sucedió al sur de Inglaterra,
de esto hará doscientos años,
donde luchan sin apaños
desde siempre mar y tierra.

Y en esos acantilados
desde que era muy pequeña,
Mary iba de peña en peña
buscando por todos lados.

Buscaba conchas y huesos
encerrados en la roca
su venta le daba ingresos
y algo que echarse a la boca.

Nunca fue mucho a la escuela
pues su familia era pobre
y les hacía falta el cobre
para llenar la cazuela.

Era difícil tarea,
era muy duro el trabajo
que Mary hacía sin relajo
contra el viento y la marea.

Y cuando cumplió los doce
halló un enorme esqueleto,
que pudo sacar completo
y al que nadie reconoce.

Así esa extraña criatura
mitad delfín mitad pez,
cinco metros de largura,
se vio por primera vez.

Y siguió en esas labores
cogiendo experiencia y fama,
negociando nuestra dama
con respetables señores.

Que luego esos caballeros
de las familias mejores
solo por poner dinero
se llevaban los honores.

Y siguió encontrando huesos
y se hizo toda una experta
pero a todos los congresos
se le cerraba la puerta.

A esos círculos de ciencia
Mary no podía acceder
pues se da la coincidencia
de que es pobre y que es mujer.

Aquello no la frenaba
ni le hacía perder el sueño
y ponía todo su empeño
en lo que más le gustaba.

Descubrió otra nueva especie
y lagartos voladores
y aunque no siempre se aprecie,
siempre fue de las mejores.

Cuando en su vida anochece,
enferma y sin energía,
le presta la geología
la atención que se merece.

Los científicos señores
la ayudan con unos fajos
y enmendando sus errores
reconocen sus trabajos.

La ciencia era para el hombre,
ellos llevaban la gloria
pero escrito en la memoria
Mary Anning dejó su nombre.

Así que aplícate el cuento
sin excusa ni matiz
y empeña todo el talento
en lo que te haga feliz.

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